martes, 27 de noviembre de 2018

HACE MUCHO TIEMPO QUE EL FUTBOL DEJO DE SER UN JUEGO

El presidente de la Conmebol, Alejandro Domínguez, manifestó en declaraciones hacia los medios de comunicación que "esto pasa por culpa de unos inadaptados", que no comprenden que el fútbol es "un juego; es alegría y felicidad; no esto". Tomando los dichos del titular de la incompetente organización que engloba al fútbol sudamericano, sus palabras son apropiadas para el contexto y agradables en lo discursivo, pero totalmente falsas en la realidad efectiva de los hechos. ¿Si el fútbol es un juego, porqué la Conmebol y la FIFA no resolvieron rápidamente la suspensión y postergación del encuentro a sabiendas de que había futbolistas de Boca lastimados, en vez de forzar a Boca a jugar el partido priorizando el negocio y la ganancia que implican un espectáculo de tal magnitud a nivel mundial por sobre la salud de un grupo de seres humanos? 
 En su libro llamado "El fútbol a sol y sombra", Eduardo Galeano habla sobre un fútbol que dejó de ser un juego, donde ya no se juega por el hecho de jugar y ganar, sino que la victoria o la derrota están condicionadas por un sinfín de negocios que, en palabras de futbolistas reconocidos a nivel internacional, hacen que su trabajo no se disfrute tanto. Pero el fútbol no sufrió una única metamorfosis (de juego a negocio), sino que influído por la idiosincrasia de cada país, tiene la cara multifacética de ser un negocio violento. El fútbol es plata, y también violencia. También es política, y también es una pasión, sin lugar a dudas. Pero la pasión, que hace que este deporte sea único en el mundo, es muy diminuta al lado de la mafia y la violencia que hacen que la pelota se vea manchada con sangre. 
 Gallardo declaró luego de la primer suspensión (el día sábado) que esto "nos deja expuestos como sociedad". Lo cual es cierto, pero a su vez injusto, porque si bien el fútbol argentino se encuentra contaminado por la incivilización de los barrabravas (y que no solo quedó en evidencia ante los ojos del mundo por esta final continental, sino que también había sucedido en la deportación de varios argentinos durante el mundial de Rusia), también en los estadios de fútbol y en grandes rincones del país pueden encontrarse personas civilizadas, con respeto hacia el prójimo y que no vive la vida con una lógica de guerra, donde el que piensa distinto o se siente identificado de otra manera es un enemigo. Pero por supuesto que las noticias son noticias por ser algo fuera de lo normal: una noticia es un auto que pasa con el semáforo rojo y choca produciendo heridos o muertos, y no la gran cantidad de autos que manejan correctamente y pasan desapercibidos a la vista de todos. Pero como una cantidad (que no necesariamente debe ser la mayoría) genera anormalidades que impactan por sobre todo lo normal y refleja una imagen (en este caso, la violencia en el fútbol) haciendo que ya nada sea normal, debe atacarse esa parte de la estadística que se sale de lo norma, que mejor dicho, carece de normas básicas, si se quiere hacer justicia por todo el resto que no se merece el destino que provocan unos "inadaptados", la única palabra bien utilizada por el presidente de la Conmebol. 
 Si fue una venganza del barrabrava cuya casa fue allanada, si hubo zona liberada, si eran barras o no; todo está por verse. Pero lo que no necesita demasiado raciocinio para ser evidente es que los cientos de personas que agredieron al micro de Boca deben su identificación con River a disfrutar del mal provocado a los hinchas o jugadores del eterno rival. En los partidos se establece una ritualización muy importante, ya que alentar con cánticos al club propio e identificándose con la propia parcialidad con la camiseta genera un sentido de pertenencia que diferencia un "nosotros" de un "ellos" (lo mismo puede ocurrir con la religión o temática de cualquier índole). Pero cuando la ritualización incluye considerar al "ellos" como un enemigo y es parte de la identidad atacarlo, estamos ante un comportamiento enfermizo, que no contempla que el otro tiene derecho a tener otra identidad, y que no por eso no merece respeto. 
 El video viralizado de una madre ocultando bengalas en la pansa de su hijo; el video que también circuló de hinchas de River revoleando y maltratando a un perro (o el cadáver de un perro); la entrevista a D'onofrio que termina en corridas; los disturbios y arrebatos en las inmediaciones del Monumental; todos estos acontecimientos, entronados por las agresiones a la delegación de Boca, encuadran lo que en verdad es esta final: es locura, violencia, inhumanidad. El fútbol dejó de ser un juego, y está muy lejos de serlo. 
 Ahora el partido es lo que menos importa. Fue tan brusca la imagen real del fútbol argentino en esta final que degenera al fútbol en lo que en verdad es: ahora el ganador se definirá de forma totalmente desvirtuada y desnaturalizada. Si se juega, sin importar en donde se juegue ya no va a ser lo mismo, y sino va a definirse fuera de la cancha, donde el fútbol se encuentra más simbolizado, porque ya no es únicamente lo que pasa en el campo de juego, y cada vez más está dejando de ser un deporte para convertirse en sentimientos desalmados. Tomando como referencia lo ocurrido en el 2015, el campeón debería ser Boca, ya que lo ocurrido sobrepasa a lo acontecido en aquel entonces: por cuestión de fortuna no hubo heridas irreparables y no hubo muertos. ¿Pero qué hincha puede festejar una copa que no se ganó la cancha? Y si la gana alguien en la cancha, sinceramente es lo que menos importa, ahora lo más importante es que no muera nadie, porque esto no es un juego.

lunes, 12 de noviembre de 2018

BOCA 2 RIVER 2: EL PODER DE FUEGO QUE NO QUEMO

Esta final de Libertadores única en la historia es, a su vez, una posibilidad histórica para que Boca le haga saber al mundo su supremacía como el más grande de la Argentina y de los más gigantes del mundo: afianzar su paternidad con River ganándole el superclásico más importante, y también llegar a la séptima copa, igualando a Independiente como el más campeón de América. Un superclásico es distinto a todos los clásicos del mundo: el ganador no solo está feliz por la victoria, sino que puede gozar del sufrimiento del otro. Por ese motivo Boca puede gozar durante toda la eternidad del descenso de su archi-rival, y el que conquiste esta Libertadores va a poseer la licencia para festejar durante toda la posteridad.
 La estrategia de Gallardo fue efectivamente superadora en gran parte del primer tiempo, entrenador que, vale destacar, fue justamente suspendido luego de una actitud reveladora y soberbia contra las reglas, obteniendo el disciplinamiento debido (en palabras de Focault, la vigilancia y las reglas se imponen con el objetivo de crear subjetividades útiles para el sistema, y en un tercer mundo como Sudamérica destacado por el fracaso de los aparatos de normalización a la hora de evitar la inseguridad y la transgresión a la norma, la Conmebol debía dar una muestra de carácter a la hora de imponer un orden infaltable de acuerdo a los ojos del mundo y al prestigio de la competencia). La estrategia fue superadora porque hizo que River merezca el gol antes que Boca. Haber jugado con cinco defensores no implicó que el visitante haya salido a defenderse, sino todo lo contrario: los tres zagueros le permitieron a River salir desde el fondo ejerciendo superioridad numérica ante la fría presión en soledad de Abila, para luego jugar con Palacios y Martínez flotando en la zona de los interiores de Boca y abriendo a Montiel y Casco, posibilitando la utilización de todo el campo de juego y ganando los duelos individuales. En el campo de juego se interioriza la exterioridad y se exterioriza la interioridad (aludiendo a la teoría de Bourdieu sobre cómo influye el Hábitus en el comportamiento de las personas dentro de cualquier campo de la vida), es decir que lo colectivo influye para potenciar o empeorar lo individual y una individualidad aporta al juego colectivo. River supo hacer figura a Rossi porque además de su disposición táctica, ganó los duelos individuales a partir de un apoyo colectivo que se retroalimentó de las decisiones individuales: Perez, Barrios y Nandez no supieron como tomar a los futbolistas rivales, que los superaron en el medio campo, y Montiel y Casco recibieron llegando al vacío en más de una oportunidad, sumado a que Pratto, cuando se inclinó por el sector izquierdo, generó un desierto por la posición de Jara (un desierto por la incapacidad del lateral de Boca para controlar su sector). 
 Aunque Palacios no tuvo el despliegue que suele tener, Martínez volvió a ser un dolor de cabeza para el xeneize: tal vez ese sea el factor que le haya faltado a los de Guillermo: un futbolista que vea la camiseta de River y huela sangre. Mientras el ex enganche de Huracán se hace protagonista en los superclásicos, Pablo Pérez no puede sostener su garra y claridad durante estos partidos tan trascendentes. 
 La esperanza de Boca está en su poder de fuego: no necesita elaborar demasiado para llegar al gol, porque tiene jugadores con una capacidad formidable para convertir. Así lo demostraron Abila y Benedetto, que pusieron a Boca dos veces en ventaja. Pero mientras Boca no esté sólido defensivamente (tanto por errores individuales como por el advenimiento rival en la mitad de la cancha, la zona vital en donde se explican muchas variables de un partido) y seguro desde lo mental (porque el hecho de que Pratto haya empatado el partido después de que River saque del medio es un síntoma de la distracción y la fuerza psicológica que se vislumbran en Boca y River, respectivamente), ese poder de fuego no va a quemar. Es una llama que se mantiene prendida por unos instantes y después se apaga. Cuando Boca tenía el resultado a favor en un segundo tiempo controlado, ya que, paradójicamente, la lesión de Pavón le permitió jugar con más firmeza y conteniendo en mayor medida las iniciativas rivales (pasó a jugar con un 4-4-2 con Villa por izquierda y dos centro-delanteros), era hora de enfriar el partido y jugar con la desesperación de River, pero el equipo local cometió una infracción que le permitió a Martínez sacar a relucir su pegada y ocurrió la desgracia del gol en contra. 
 River, que ya no adoctrinaba la mitad de la cancha como antes, resignó un defensor para poblar más el medio con Fernández, y Boca descartó la posibilidad de desbordar por las bandas sacando a un Villa exhausto por Tevez, una modificación razonable porque si había algo que le faltaba a Boca era conexión con los dos delanteros, y Carlitos podía cumplir ese rol en la transición de defensa a ataque. Casi le sale perfecto a Guillermo, pero Benedetto no pudo con Armani. 
 Puede decirse que ahora el problema lo tiene Boca, ya que no pudo sacar una ventaja como local, y que luego de haber ganado todos sus partidos en la Bombonera sin que le conviertan goles desde octavos de final, no le encontró la vuelta a River. Pero es una final, es fútbol, es un superclásico, y la serie está totalmente abierta. 
 El fútbol es tan poco lineal que, algunos recordaran la final que Boca no pudo con Palmeiras en la Bombonera (empate 2-2) y que lo terminó consagrando por penales en Brasil; mientras que más cercano en el tiempo, otros se acordarán que en los goles que erraron Cvitanich y Viatri sobre el final en el partido de ida de la final en el 2012 estuvo la suerte de campeón del Corinthians. Esto es fútbol y el futuro es indescifrable. En definitiva, eso es lo que hace lindo a este deporte. 

jueves, 1 de noviembre de 2018

PALMEIRAS 2 BOCA 2: LA CUSPIDE DEL FUTBOL

Decir que Boca se preocupa por Boca y que le es indiferente el rival que le toque en la próxima fase es una frase correcta para enfatizar en la concentración y objetividad (que no existe) que debe encalzar un profesional de tal magnitud, pero es incuestionable que a los integrantes del plantel nunca les va a dar lo mismo jugar una final de Copa Libertadores con River o con cualquier otro rival. Boca jugaba sabiendo que River lo esperaba en la final. Y por el hecho de acceder a la cúspide del fútbol, por más de que ganen o pierdan, este técnico y estos jugadores ya quedaron en la historia. Quedar en la historia negra o gloriosa del club va a depender del resultado, pero desde que se creó este deporte en 1863, nunca se jugó un partido semejante: eso los hace entrar de por vida en la historia imborrable no solo del fútbol, sino del deporte en general. Si el Boca-River en la Bombonera es considerado el quinto espectáculo deportivo que uno no puede no ver antes de morir, esta final va a ser el espectáculo que requiere que todos los muertos resuciten para poder verla. 
 Si el VAR se inventó para que no ocurran injusticias y que los ganadores sean los que merecen serlo por hechos fácticos (si una jugada fue penal, que se cobre; y si un gol no debe haber sido convalidado, que se retrotraiga la acción), llegó a buen tiempo a esta edición de la Copa: River terminó clasificando por un penal que de no haberse implementado esta herramienta tal vez nunca se hubiese visto, y en el duelo entre Palmeiras y Boca se le impugnó un gol tempranero a los brasileños que los hubiera dejado a tiro para empatar la serie, aunque nunca se sabe qué hubiese pasado. 
 Dejando claros estos componentes indispensables para el análisis, es primordial resaltar la avidez de Boca para llegar a la final: con Villa en lugar de Zárate, Guillermo jugó permanentemente al mano a mano ante la desesperación del Palmeiras por ir al frente, que fue contraproducente al dejar a los volantes centrales muy aislados al amparo de la velocidad de Villa y Pavón. En un esquema o formación como el que presentó Scolari, los dos medio-centros son lo que le dan forma a la estructura de su alineación: si no están bien ubicados y si no se ocupan bien los espacios en su zona, el equipo queda partido. Que Villa sea una variante más por los costados y que para desbordar no se dependa únicamente de Pavón es un alivio para el xeneize, que enfoca a sus tres volantes en la tarea del despliegue sin la necesidad imperiosa de desgastarse llegando al área rival. 
 Luego de la inspiración de Benedetto en el partido de ida, la dupla técnica de Boca optó por mantener a Abila como centro-delantero. Fue una decisión acertada porque en un partido en el que el contexto podía ser similar al jugado en Belo Horizonte frente a Cruzeiro, el ex Huracán es clave para darle aire a Boca aguantando de espaldas entre los centrales, ejerciendo una tarea desgastante desde lo físico en un partido en el que se podía liquidar la serie convirtiendo un gol pero que también era necesario soportar, donde el tiempo debe ser el mejor aliado. 
 Los goles de Palmeiras fueron parte de su ímpetu por lograr la hazaña y por ciertas impericias de Boca que lo sometieron a cometer errores dentro del área. Pero lo positivo es que el conjunto auriazul siempre tuvo la serie bajo su control y que desde octavos de final siempre ganó todas las series de principio a fin, comprendiendo y aprovechando a la perfección los componentes que conforman una serie mano a mano: la localía y la condición de visitante. El equipo de la ribera llega a la finalísima teniendo siempre las series bajo buen examen los 180 minutos y haciéndose fuerte en ambas circunstancias: marcando por duplicado de local, donde todavía no le hicieron goles; y siempre convirtiendo de visitante, aunque en la final no se aplica la regla del gol de visitante que tanto vale en las rondas anteriores. 
 De cara a la primer final, tal vez sea momento de contar con la calidad de Benedetto desde el primer minuto, ya que el ex Arsenal puede ser fundamental para hacer la diferencia y comenzar con ventaja en el partido de ida. Ya volvió a ser el Benedetto de selección antes de que se lesionara: es tal su ambición por convertir que desde el momento en que Pablo Pérez le pasó la pelota, ya tenía pensado acomodarse para rematar. Una de las cosas que hace a un futbolista mejor que otro es la forma de parar la pelota: alguien que acomoda el balón ganando un tiempo o de tal forma que le impide al rival su intercepción es un futbolista que entiende e implementa a la perfección el juego. Benedetto es uno de ellos. En palabras de Riquelme, la forma de parar la pelota puede hacer ganar o perder un partido. 
 En tiempos en donde el fútbol argentino se normalizó luego del período de crisis de los grandes (entre el 2008 y 2013 descendieron River e Independiente; Racing y San Lorenzo jugaron la promoción; y Boca, luego de salir de mitad de tabla hacia abajo en los años 2009 y 2010 fue salvado por Falcioni de seguir el mismo destino), estamos viviendo momentos apasionantes, que es lo que hace hermoso a este deporte: que no es solo un deporte, es también una pasión, un espectáculo que lo hace parte de la cultura y la idiosincrasia argentinas, que genera un sentido de pertenencia y una identidad. No es lo mismo que lleguen a la final Boca y River que Lanús y Banfield por la magnitud y revuelo que se genera. Esta sensación indescriptible es lo que hace del fútbol uno de los componentes que como bien marcó el presidente de la Nación hace poco, puede deprimir a gran parte de la población por un tiempo considerable. Es correcto decir que el fútbol argentino se normalizó porque de acuerdo a la convocatoria que se traduce en recursos económicos que tienen los cinco grandes, lo normal es que estos sean el atractivo de las competiciones. Desde que River volvió de la B Nacional, ambos jugaron una final (Boca en el 2012, y River en el 2015, con la diferencia de que los de Gallardo fueron campeones) y una semifinal cada uno (Boca en el 2016 y River en el 2017). Esta final puede marcar quien es el galardonado por la hegemonía. 

jueves, 25 de octubre de 2018

BOCA 2 PALMEIRAS 0: UNA LOCURA

Desde que se implementó la regla del gol de visitante que, vale aclarar, no vale doble sino que sirve para definir la clasificación según el que marcó más goles fuera de su casa, los equipos visitantes no atacaron más, sino que siguieron cuidándose a la hora de jugar en la condición de visitante, mientras que los locales tienen la tendencia de ir por el gol pero con mucho cuidado, sabiendo que un contragolpe del rival puede ser fatal debido a la regla vigente. Esta reglamentación evita en muchos casos los penales pero no hace que los partidos tengan más situaciones de gol: así fue en el caso de Palmeiras, que al igual que Cruzeiro salió a empatar a la Bombonera totalmente enfocado en el orden táctico.
 Guillermo tiene tanta abundancia que tiene un gran problema: en esta ocasión, sin tener lesionados, tuvo que dejar afuera de los concentrados a Cardona. Cualquier equipo del continente desearía tener en su plantilla al talentoso colombiano, pero en la cancha solo entran 11, y en el banco siete. Siempre ante la ausencia del que se quede afuera van a intentar explicarse las falencias, porque es una práctica muy tentadora: tal vez Cardona hubiese influido para que Boca sea más lúcido con la pelota (y si se hubiese quedado afuera Tevez, se diría que a Boca le hubiese venido bien el carácter de Carlitos).
 Guillermo decidió jugar con un 4-3-3 con un mediocampo combativo para no dejar huecos, que sumado al oficio de Felipe Melo en el rival, convirtió esa zona vital de la cancha en una batalla de trincheras de la Primera Guerra Mundial: cada uno estuvo en su refugio debajo de la tierra, pero cuando Barrios o Melo debían emerger lo hacían con decisión. Zárate se posicionó agazapado por la izquierda, y por momentos jugó decididamente de enganche, pero muy retrasado: el ex Vélez es un futbolista que en esas regiones del campo es inofensivo, y también se pierde en la neblina si está muy metido en el área: su ubicación ideal es detrás del nueve, para encarar de frente al arco o tirar una pared. Los compañeros nunca lo encontraron. Con los volantes concentrados en raspar y correr, con Pavón muy desdibujado por la derecha y los laterales sin oportunidades para escalar posiciones en ataque (Jara estuvo muy errático, aunque en el primer tiempo lo más peligroso fueron tiros al arco del ex Estudiantes y de Olaza), la herramienta más utilizada por el xeneize fue saltar líneas para encontrar a Abila. Wanchope no desentonó, no se las arregló solo, ni tampoco lo acompañaron. El panorama era de un clima árido, ninguno de los dos equipos estaba cerca del gol. Lo único que podía ilusionar a ambos era un tiro de esquina bien ejecutado para encontrar a Izquierdoz de parte de Boca o para oscurecer la noche a favor de Palmeiras, como ocurrió con Gremio y River el día anterior. Solo las pinceladas de Pablo Pérez podían anunciar algo distinto, pero sin olfatear peligro.
 Guillermo esta vez tuvo un gran peso en la victoria acertando con los cambios, que definitivamente cambiaron la cara de Boca. Con Villa en lugar de Zárate quedó más claro lo que podía hacer Boca: abrir la cancha con dos extremos rápidos, mandando a Pavón a la izquierda con la posibilidad de que pueda rematar a pierna cambiada, y con Villa haciendo su labor por la derecha. La amplitud que a partir del ingreso del colombiano tuvo el frente de ataque otorgó la chance de llegar más al área, aunque con centros que interceptó Gustavo Gómez y en otras oportunidades contuvo el arquero sin peligro. Para ganar faltaba una cuota de distinción, algún loco que haga una locura. Izquierdos había declarado en su momento que la Copa no se gana con nombres sino con hombres. Aunque los medios hicieron de esa simple declaración una bomba de tiempo, esta no deja de faltar a la veracidad: se necesitan personalidades que aparezcan en el momento justo. Así apareció Riquelme en su momento, como tantos otros que supieron darle la gloria a Boca.
 Cualquier espectador del fútbol sensato hubiese coincidido con que Benedetto debía entrar: no porque venga con un buen rendimiento, sino justamente por lo contrario. Desde que volvió de su interminable lesión no se había reencontrado con el arco, andaba cruzado, y un goleador de raza como él entraba con hambre. Primero se cumplió la premisa del tiro de esquina: si había una forma de destrabar el pleito era con un centro preciso y un cabezazo letal (todo gracias al tiro libre magistral de Olaza que atajó el golero brasileño y que permitió realizar el córner). Y después volvió el Benedetto que todos conocemos, hizo una de futsal y la clavó con uno de sus famosos tiros venenosos. Abila en ningún momento pudo dejar desairado a su marcador y llegar al arco. Hacía falta un loco que juegue como si estaría jugando al papi fútbol con sus amigos. Si no se está un poco loco, no se puede hacer historia. Boca tiene la suerte de tener a Benedetto, que está completamente loco.

viernes, 5 de octubre de 2018

CRUZEIRO 1 BOCA 1: LA SELECCION NATURAL

La teoría de Darwin marcó a fuego el siglo XX desarrollando el concepto de la Selección Natural, haciendo referencia a que las especies que no se adaptan al medio-ambiente y no mutan en función de la supervivencia, no sobreviven. Por eso la ballena, llegó a ser tal como la conocemos luego de millones de años que implicaron una serie de cambios en su organismo y adaptación a la vida acuática, ya que hace precisamente 55 millones de años, el ancestro de los cetáceos de la actualidad era, nada más ni nada menos que un animal de cuatro patas parecido a un canino. Puede tomarse esta teoría de la naturaleza como moraleja para cualquier aspecto de la vida: si uno no se adapta y se maneja con la idea de pervivir al contexto, se corre el peligro de que los resultados sean malos. La Copa Libertadores es un mundo en el que hay que sobrevivir, y si no se está preparado para jugar en las duras canchas brasileñas donde, cabe resaltar, es un país en donde no le dejan al equipo visitante dormir durante la noche, es imposible persistir en la competencia.
 Boca tuvo muy en claro lo que es una llave de ida y vuelta: es un partido de 180 minutos. Puede decirse que Boca empezó el partido de Belo Horizonte ganando 2-0. En la ida se vio la fisonomía natural del equipo de los mellizos, y lo sometió al Cruzeiro hasta que consiguió un colchón de goles para ir tranquilo a jugar el partido de vuelta (tener una diferencia de dos tantos vale oro: si el xeneize hubiese ganado por un solo gol, la historia tal vez hubiese sido otra). Pero en el partido de vuelta debió adaptarse a las circunstancias, soportar.
 Cuando un equipo termina los primeros 45 minutos de un partido arriba en el marcador, por lo general sale a especular en el segundo tiempo ante el advenimiento del equipo que desea empatar, y a partir de allí contraatacar. Los primeros 45 minutos de este partido se jugaron en la Bombonera, y los segundos en Belo Horizonte. La Libertadores aplicó la Selección Natural para elegir al último semifinalista: Boca se adaptó al medio-ambiente como los camaleones que cambian de color para pasar desapercibidos ante sus presas: si no hubieran adquirido esa característica, se hubiesen extinto. Siempre el ideal es jugar como uno quiere en todas las canchas como lo hacía el Barcelona de Guardiola, pero si no se puede, hay que sobrevivir.
 El planteo de Guillermo puede interpretarse de diversas formas: como un 4-1-4-1, como un 4-3-3, como un 4-5-1 (podría decirse que el equipo pasó por todas esas formaciones cada vez que los futbolistas se movían), pero el punto neurálgico del empate de Boca fue que no tuvo la idea latente de hacer un gol para obligarlo al Cruzeiro a hacer cuatro, sino que dejó esa posibilidad como un factor secundario que podría generarse con una maniobra de los tres jugadores más ofensivos (Villa, Zárate y Pavón, muy aptos para desequilibrar), enfocándose mayoritariamente en dejar correr los minutos y que Cruzeiro no se sienta cómodo. Boca fue el mejor de la serie porque el partido que debía ganar, que siempre es el de la localía, lo superó a Cruzeiro, y cuando el elenco brasileño debió hacer lo suyo en Brasil no lo logró, empujó constantemente con ataques centrados poco profundos, donde Rossi no estuvo del todo seguro en sus intervenciones, y ese fue el mayor peligro para el conjunto auriazul, no porque la defensa no haya estado sólida ni porque los ataques hayan sido punzantes. Como siempre, a partir de lo colectivo puede expandirse el análisis a lo individual: los extremos fueron importantes para el retroceso; Nandez fue el motor de Boca a la hora de dinamizar al equipo en el medio; y tanto Olaza como Buffarini se destacaron marcando por sus respectivas bandas en un partido que no les pedía pasar al ataque.
 Para poder vivir la final más apasionante y única en toda la historia del fútbol como podría ser en el que caso de que lleguen Boca y River a la final (nunca se dio que dos archi-rivales lleguen a la final de un torneo tan prestigioso como la Champions o la Libertadores, y en el caso de que dicho acontecimiento ocurra, tendría condimentos que no tienen ni siquiera la final de un Mundial), se deben dar dos condiciones obvias: que clasifiquen ambos. Pensar no únicamente en la final contra el rival de toda la vida, sino en el hecho de pensar en la final, sería un error grosero para Boca que lo desconcentraría con respecto a su compromiso con Palmeiras.

lunes, 24 de septiembre de 2018

BOCA 0 RIVER 2: UN DEJA VU

El fútbol es un deporte que se caracteriza porque nunca es lineal, es decir, un día puede ganarse de una manera, otro día de otra, jugar contra un rival de una forma, y volver a jugar contra el mismo rival y que pase todo lo contrario. Pero cuando hay factores que persisten, las variables pueden volver a presentarse de igual manera. 
 En la recordada final de la Supercopa River venció a Boca por 2-0 con goles de Martínez y Scocco, quien ingresó en el segundo tiempo. River no necesitó llegar demasiado al arco para marcar, convirtiendo en las únicas ocasiones que tuvo frente al arco de Rossi, que empezaría a ser cada vez más cuestionado no por la abundancia de errores, sino por la precariedad de aciertos. Ese día Gallardo planteó un partido táctico que neutralizó a Boca en la mitad de la cancha para que no llegue cómodo al arco de Armani, que respondió bien las veces que fue exigido. Boca dejó todo yendo al frente para empatar pero tuvo a un Tévez apático, poca claridad en el juego y pocas respuestas en general. Increíblemente, ahora por la sexta fecha de la Superliga 2017/2018 en la Bombonera, se dio un partido similar (no idéntico, obviamente), con River ejerciendo superioridad en el medio, ganando con goles de Martínez y Scocco, que ingresó en el segundo tiempo; con Rossi cada vez más resistido al no poder atajar las veces que le patearon, aunque no haya sido el mayor responsable; y Tévez haciendo todo lo posible para no volver a ser titular. Muchas de las características mencionadas son iguales a las de la Supercopa. Quiere decir que Guillermo no logra enderezar el rumbo en los duelos contra River porque no acierta en los planteos para desactivar la fórmula de Gallardo, que le resulta efectiva contra Boca (en este 2018). 
 Que los partidos se ganan en la mitad de la cancha es una frase afirmada a lo largo de la historia del fútbol y reafirmada por la doctrina de Pep Guardiola: "mientras más volantes tenga mi equipo, más chances voy a tener de jugar mejor al fútbol". Esto no quiere decir que haya que jugar con 11 futbolistas cuyo puesto sea el de mediocampista, sino que los 11 deben estar involucrados con la tarea que realizan los volantes. Antes los zagueros y el centro-atacante eran piezas aparte: los primeros estaban rodeando el área propia mientras que el nueve lo hacía en el área rival. En el fútbol de hoy se pide participación en el circuito: que los centrales salgan jugando con la misma técnica que debe tener un volante central, y el nueve debe saber asociarse como si fuera un número diez (a raíz de esto surge la moda del falso nueve). Guillermo tiene muy arraigados esos conceptos del fútbol moderno, pero no logró que sus futbolistas los apliquen bien: su equipo se vio absorbido por la presión de River cuando quiso salir desde el fondo: en el primer gol Magallán se equivoca dándole la pelota a Almendra, que estando de espaldas la pierde. La única forma de superar la presión alta del rival es, o salteando líneas con un envío aéreo, o ejerciendo superioridad numérica. Si la única opción de pase es un volante que está de espaldas y no se forma un rombo o triángulo con más futbolistas es porque hay errores conceptuales y tácticos. Además, para no fundamentar el primer gol únicamente en la buena pegada de Martínez, cabe resaltar que cada integrante de la defensa de Boca comete un error: después de la mala salida de Magallán, a Izquierdoz le queda corto el rechazo, luego Mas tiene una intervención defectuosa que mete la pelota en las cercanías del área, y Jara no llega a amortiguar la posición del atacante de River. Es menester observar dichos detalles porque si bien Boca es el bicampeón del fútbol argentino, lo cual significa que Guillermo tuvo más aciertos que errores, tampoco hay que dejar de lado que Boca nunca terminó de ser del todo sólido en defensa (recordemos el primer campeonato obtenido por Guillermo, donde se terminaron cambiando hacia el final del torneo los cuatro integrantes de la defensa, y aunque en la Superliga obtenida estaba claro quienes eran los titulares, se debió ir en busca de Andrada e Izquierdoz para tener más seguridad). 
 A Boca no le sirve que Nandez esté demasiado abierto por la derecha y no apoye a Barrios cuando no está Pablo Pérez para construir juego, y tampoco le sirve que Cardona entre para hacer la banda por la izquierda cuando el problema no está en los carriles sino que está en que no había un sostén en el medio, lo cual hizo que hasta Barrios tenga un mal partido, de los que no suele tener. 
 Otro deja vu es el contraste de Guillermo con el ciclo de Arruabarrena: si tuvo un defecto al comenzar su ciclo como DT de Boca fue que el Vasco administró mal la riqueza: hizo tantas rotaciones durante todos los partidos a tal punto de que ya no se sabía quién era titular y quién no, y sin sostener aunque sea una columna vertebral es muy complicado construir sociedades dentro del campo. Boca había encontrado ante Cruzeiro una sociedad entre Pérez y Zárate, además de que estos habían sido figuras en el triunfo, e inexplicablemente quedaron fuera del equipo titular en un partido que significa tanto para Boca como es el superclásico, y el que terminó jugando fue Almendra, un chico de 18 años que por lo menos por el momento no está al nivel de Pérez, que además es el capitán. Para armar un equipo sólido lo primero que tendrían que hacer los mellizos es saber cuales son sus titulares y no rotar demasiado, y a partir de allí se podrán corregir errores y preparar especialmente los duelos contra River, que puede tener "pseudo-titulares" como Scocco o Quintero, pero que sabe perfectamente con qué jugadores va a salir a la cancha y qué partido debe plantear según el rival. 

jueves, 20 de septiembre de 2018

BOCA 2 CRUZEIRO 0: PENSAR EN UN INSTANTE EN DONDE NO HAY TIEMPO PARA PENSAR

Era momento de ver a Boca frente a un rival de mayor estampa: un grande de Brasil como Cruzeiro, dos veces campeón de América (lo cual no implica que sea un rival más poderoso que Libertad), que cuenta con figuras como Barcos, Thiago Neves, Fabio, entre otros. Pero a la hora de la verdad terminó siendo un equipo normal, cómplice del agrandamiento de Boca, cuya imagen de candidato a ganar su séptima copa es cada vez más desmesurada. 
 El plantel con el que cuenta Guillermo hace que el DT deba plantearse ciertos dilemas a la hora de elegir la formación: dejar afuera a Cardona, futbolista talentoso si los hay; a Gago, un sub-campeón del mundo; a Tevez, con todo lo que significa su nombre; y sin mencionar que Abila, que aporta siempre una considerable cuota goleadora, no puede formar parte de los concentrados por lesión (Guillermo tiene la suerte de que primero estuvo Benedetto lesionado, y ahora que este se encuentra en óptimas condiciones, se lesiona Abila, para no tener que dejar sentado en el banco a ninguno de los dos). 
 Las dudas para formar el equipo debido a la abundancia siempre van a dejar disconforme a varios, ya que el fútbol nunca es blanco o negro y depende en gran medida de la subjetividad (para algunos lo mejor hubiese sido jugar con Pavón por derecha y Cardona por izquierda, mientras que para otros tal vez el colombiano le tenga que dejar su lugar a Nandez tal como lo decidió Guillermo). Pero la representación subjetiva de la realidad para Guillermo fue que lo mejor para este tipo de encuentros era priorizar el despliegue de Nandez y no la pegada y lectura de Cardona, tratando de encontrar un equilibrio entre defensa y ataque. La experiencia material para Guillermo fue que encontró al equipo algo desbalanceado ante Libertad, así como para el proletariado (según la teoría marxista) su experiencia material los encuentra con una enajenación en donde no son dueños de su fuerza de trabajo y no les es remunerado todo el valor que producen. 
 Guillermo presentó un equipo equilibrado, pero no por eso alteró su representación subjetiva de la realidad, es decir, su ideología: Boca nunca dejó de ir al golpe por golpe, pero corrigiendo varios aspectos que tuvieron en Izquierdoz a un estandarte de la defensa.
 Boca empezó el encuentro de forma dubitativa, con una cierta ansiedad que le impedía calmarse y elaborar mejor las decisiones. Los simples pases errados por Pablo Pérez eran el síntoma de que Boca no hacía pie, y en el momento en el que el xeneize pudo calmarse para tomar la mejor decisión vino el gol que terminó de estancar y transformar a Cruzeiro en un rehén indefenso de un delincuente armado hasta los dientes. Claro que cuando hablamos de serenarse y pensar para colocar un pase que desmorona la línea defensiva del adversario, estamos hablando de milésimas de segundos. En el documental "Boca Confidencial" estrenado en la plataforma Netflix, puede verse como Boca incorporó tecnología a su gimnasio para realizar un ejercicio en donde el futbolista debe pisar la baldosa que se ilumina, lo cual aumenta el nivel de reacción y toma de decisiones en el cerebro. Por eso actividades como el ajedrez, donde no se realiza una actividad física, es considerado un deporte, ya que este no es solo trabajo físico sino también un trabajo cognitivo bastante importante. Por eso cuando un futbolista tiene grandes cualidades físicas pero no hace buenas lecturas del juego se está en presencia de un deportista mediocre. 
 Todo lo trabajado tiene sus resultados en el campo de juego, pero nunca sería posible si no se contara con futbolistas capaces de interpretar el juego, ya que Pérez no es un jugador talentoso comparado con los rivales con los que compite en el fútbol profesional, pero no por eso deja de ser una pieza fundamental por la visión y respuestas certeras que aporta en cuestión de segundos, demostrado en el primer gol y corrigiendo los errores que estaba teniendo anteriormente. 
 A partir del momento del tanto de Zárate se acomodaron las cosas para el local y el ex Vélez, que estaba teniendo un gran rendimiento, fue sacrificado a merced del esquema (¿o pensando en River?), para tener más recorrido por las bandas con el ingreso de Villa. Es interesante preguntarse qué es más importante, si el esquema o el jugador. En este caso para Guillermo fue el esquema, porque era impensado que Zárate saliera con el satisfactorio partido que estaba realizando y con Boca dominando la situación. Tal vez la salvada de Barrios haya sido una alarma para el DT (jugada aislada que marca un antes y un después, y que agiganta aún más la figura del colombiano, jugadores insignia que no pueden faltar si se piensa en conquistar un torneo como la Libertadores). 
 La mala noticia para Boca es la fractura mandibular de Andrada, que será una baja muy sensible. Observando la jugada puede decirse que no hay intención de lastimar al arquero de parte del brasilero, que tiene el objetivo de cabecear la pelota, por lo que la expulsión es difícil de entender. Ya que vivimos tiempos en donde son normales los cambios en el fútbol (la introducción del VAR, permitir pasar la pelota hacia atrás cuando se saca del medio, entre otros) sería válido plantearse si en vez de la intención habría que sancionar según la acción (es decir, por más de que no sea la idea, si se golpea a un rival sancionar por el golpe y no por la intención), ya que siempre será polémico adentrarse en la compleja mente de un ser humano para interpretar si tuvo una intención violenta o si realmente lo suyo fue una torpeza.