miércoles, 21 de mayo de 2025

Opinión: Cambio de época

Cada vez que hay un temporal, los bonaerenses sufren inundaciones. En la Ciudad de Buenos Aires, hace mucho tiempo que esas tragedias han dejado de ocurrir. Tan solo la Avenida General Paz separa ambas realidades.

En 1995, Mauricio Macri ganaba su primera elección para ser Presidente de Boca. Lo que vendría después sería la época dorada del club: el xeneize ganó cuatro Copas Libertadores, dos Copas Intercontinentales, además de ganar campeonatos locales y profundizar la paternidad con River. Ningún hincha ni socio de Boca olvidó ni olvidará esos años de gloria, pero más allá de historias pasadas, lo que manda en el presente es la coyuntura: Riquelme, quien como jugador le dio tantas alegrías al club presidido por Macri, un día se convirtió en el verdugo de este último. Después de muchos años, en 2019 la comisión directiva dejaría de estar comandada por el macrismo luego de que Boca perdiera varias series mano a mano frente a River. 
 Algo similar parece suceder en la Ciudad de Buenos Aires. Desde el arribo del PRO al poder en 2007, muchas transformaciones han beneficiado a los porteños en la Ciudad. Tan solo basta mirar un poco más allá de la General Paz y ver cómo en La Matanza y Avellaneda la gente sufre inundaciones que no ocurren en la capital. El metrobus, la línea H de subtes, la bicisenda, dieron un giro cualitativo en lo que respecta a la movilidad. Desde la creación de la Policía de la Ciudad en 2016, la seguridad en sus dimensiones objetiva y subjetiva han mejorado de forma superlativa, alcanzando mínimos históricos en la tasa de homicidios. Más allá de estos y otros cambios que impulsaron al PRO como una fuerza política ligada al cambio y a la esperanza, nada es para siempre. 
 Así como en su momento había un electorado que se mostró cautivado por el partido comandado por Macri después de las malas experiencias con los partidos políticos tradicionales, algo similar ocurre en tiempos actuales con LLA: después de gobernar 18 años la Ciudad y no haber podido evitar que a nivel nacional volviera el kirchnerismo, el PRO ha dejado de ser algo nuevo, cuyas ideas representan un ideario novedoso, y hoy los libertarios enarbolan la bandera del cambio y el futuro. 
 Fue tan importante la elección legislativa de la Ciudad, que muchos cuadros importantes han "bajado" del Congreso Nacional para pelear por un lugar en la Legislatura porteña. Esto se debe a dos motivos. Por un lado, la Ciudad es, a pesar de tener dimensiones más pequeñas, una de las provincias más importantes de acuerdo a su población y tamaño de su economía. Y, además, es una vidriera interesante para proyectar carreras políticas hacia el gobierno nacional: dos Jefes de Gobierno porteños, De La Rúa y Macri, luego fueron Presidentes de la Nación. Por esto último es que era inevitable que la elección se planteara en términos nacionales. 
 El desgaste del PRO y el decantamiento del electorado no peronista y del centro a la derecha por LLA se vincula con una doble coyuntura. En un primer contexto, hace años tiene lugar un leve retroceso en cuanto a los logros conseguidos por el partido amarillo en la Ciudad: hubo complicaciones de una sobre-gestión en el segundo mandato de Rodríguez Larreta, primero queriendo controlarlo todo durante el fascismo sanitario de la cuarentena y la pandemia y luego, por ejemplo, construyendo bicisendas donde no correspondía, transformando un logro en un problema; mientras que hay una crisis de falta de gestión en el gobierno de Jorge Macri, con un aumento de la inseguridad, deficiencias en los servicios de limpieza, y un desorden de tránsito caótico que por momentos transforma las calles en una selva. Sin demasiadas propuestas, y con tan solo la idea de replicar la "motosierra" y baja de impuestos en la Ciudad de Buenos Aires, a Adorni le alcanzó para ganar la capital y destronar a PRO. La sensación de necesitar achicar el Estado y aliviar la carga impositiva también en la Ciudad de Buenos Aires entonó a LLA como el partido del cambio, desplazando de ese lugar a un PRO que tampoco parece tener figuras que hereden el liderazgo de Macri: la disolución de Juntos por el Cambio dejó a su partido sin figuras como Rodríguez Larreta y Patricia Bullrich, y sin el apoyo del radicalismo y la CC-ARI, a tal punto que hoy en la Legislatura porteña el partido de los Macri tiene tan solo unos pocos diputados. Teniendo una representación política atomizada en la Legislatura, los consensos necesarios para impulsar leyes serán más arduos.
 El cataclismo de JxC es la segunda coyuntura que explica el resultado histórico de estas elecciones de medio término: como se dijo anteriormente, la Ciudad es un buen "trampolín" para ser gobierno nacional, y la experiencia del gobierno de Cambiemos decepcionó ideológicamente a su electorado. Hay muchas banderas que definen hoy por hoy al pensamiento de la derecha, pero podemos a simple vista encontrar dos elementos principales como lo son el orden macroeconómico y el orden público. Un poco por presión de los otros miembros de aquella coalición, y un poco por impericia, Macri no supo como presidente alzarse con esas banderas que hoy tan bien portan Milei y su gobierno. 
 Como bien remarca el politólogo Agustín Laje, mientras la derecha hacía cuentas, la izquierda contaba cuentos, y a la gente le divierten más los cuentos que hacer cuentas. El gobierno de Cambiemos dejó pasar el tren que no suele pasar más de una vez, no supo enquistar una narrativa, y las buenas épocas de una gran gestión en la Ciudad han concluido como parte de un tiempo lejano. Hoy el tren pasa para que suban otros pasajeros. Ya ni Macri ni Cristina (que ni apareció en la campaña de Santoro) ocupan la centralidad que antes conservaban. Hay un cambio de época.

Tomás Racki. Politólogo. Diplomado en Seguridad Ciudadana.

miércoles, 9 de abril de 2025

Opinión: La personalidad al poder

Karina Milei y el águila de La Libertad Avanza. "El Jefe" maneja a su disposición al partido gobernante, a tal punto de expulsar a referentes valiosos como Ramiro Marra.

Los partidos políticos son instituciones claves del andamiaje democrático, casi como la moneda lo es a la economía: son las estructuras institucionales mediante las cuales los candidatos se postulan a los cargos públicos. Como toda institución, tienen normas que hacen a su funcionamiento: existen partidos institucionalmente débiles, otros que presentan una institucionalización más sólida. Si bien se tiende a que los partidos competitivos busquen capturar todo tipo de votantes, se supone que un partido político representa un tipo de ideas existentes en sectores de la sociedad. Los partidos no suelen competir solos, sino que buscan aliarse con otros portadores de ideas afines para incrementar las chances de llegar al poder y sostenerse en él. La estabilidad en la competencia partidaria es importante para consolidar políticas a largo plazo y cohesionar a las fuerzas políticas que integran las alianzas. 
 Teóricamente, mientras más institucionalizado está un sistema de partidos, con patrones de competencia partidaria claramente estructurados, prevalecen los partidos políticos en desmedro de los personalismos. No obstante, en uno de los sistemas partidarios más estructurados del mundo, como el estadounidense, emergió la figura de Donald Trump. No es que las figuras políticas no existan cuando el funcionamiento partidario se encuentra firmemente consolidado. Los liderazgos dentro de cualquier tipo de partido son fundamentales para la raigambre social del mismo. Pero una cosa es un liderazgo fuerte, que impulsa a la institución dentro de las masas (como Churchill, Bush, Merkel), y otra es el personalismo, donde este se vuelve más importante que el partido en sí mismo. En este último caso, todo pasa por la figura del líder, volviéndose este último una institución en sí misma. A la hora de establecer alianzas, es imprescindible sacrificar algo de protagonismo para coexistir junto a otras figuras partidarias que compartan ciertos valores y creencias.
 En la Argentina tenemos una gran tradición personalista: luego de la sanción de la ley Sáenz Peña, en la UCR, el primer gran partido de masas argentino había dos corrientes: la personalista y la antipersonalista, siendo la primera la que tomaría el protagonismo a partir de la figura de Hipólito Irigoyen. Luego vendría el peronismo, donde la persona de Perón sería quien dirija el movimiento, y este estaría por encima del partido. El PJ siempre fue un rejunte de partidos provinciales (el PJ en cada una de las provincias junto con intendentes y gobernadores) con un liderazgo nacional. Este liderazgo seguiría teniendo en la cúspide al apellido Perón aún después de la muerte de su fundador, ya que, sin la presencia del difunto general, su apellido siguió presidiendo el partido a nivel nacional a través de su viuda, María Estela Martínez de Perón. Hoy ese rol lo ocupa Cristina Fernández de Kirchner, a pesar de estar condenada por la justicia.
 El polo no peronista ha virado entre el radicalismo, el macrismo (tal vez republicanismo sería una mejor caracterización para el PRO, pero se impone la tradición personalista argentina) y ahora el libertarismo. La Libertad Avanza es un partido que fue fundado en el seno del poder: cuando Milei se impone en las urnas, LLA era un frente compuesto por varias fuerzas políticas, pero no existía LLA como partido político propiamente dicho. ¿Y cómo urge el proceso de institucionalización del partido fundado por los hermanos Milei? A partir del férreo personalismo de Karina Milei.
 Cuando un partido se institucionaliza mediante un liderazgo omnipresente, las normas de funcionamiento son sólidas, porque estas se encarnan en el liderazgo de la persona que comanda el espacio. El problema es que el personalismo deja una incógnita sobre qué será de la institución una vez que ese liderazgo deje de prevalecer, y que tampoco deja demasiado lugar a que surjan más liderazgos útiles dentro de la estructura partidaria. Ramiro Marra, uno de los fundadores del espacio de LLA en la Ciudad de Buenos Aires, era un referente importante, y fue echado del partido por Karina a causa de diferencias entre ambos. El verticalismo no es únicamente peronista.
 Hoy la figura de Marra decantó en otra alianza que competirá por separado en la Ciudad, y probablemente le quitará votos a LLA. La decisión de Karina Milei de impedir la coexistencia de distintas figuras con ciertas diferencias puede terminar en una muy mala jugada electoral. 
 El PRO, que debe cuidar su bastión electoral (la Ciudad), estalló en pedazos, y si bien Macri preside el partido, los halcones de Bullrich migraron a LLA, y Rodríguez Larreta, quien era tal vez la figura más importante del PRO después de Macri, hoy compite en otro espacio alejado de la convicción de su partido de apoyar a LLA en las reformas que el gobierno cambiemita dejó pendientes. En estas atípicas elecciones de legisladores capitalinos, el protagonismo de ciertas figuras pesa más que su afinidad ideológica para concordar en un mismo espacio: el polo no peronista/no kirchnerista porteño encontrará más de cinco listas distintas frente a un Leandro Santoro con la posibilidad aritmética de triunfar en un distrito históricamente adverso para el kirchnerismo. Incluso el MID de Oscar Zago, de ideas afines a LLA (de donde fue expulsado) y a PRO, terminó yendo por separado.
 Cuando María Eugenia Vidal sostiene que "el candidato es el proyecto", le da una tónica menos personalista a la competencia, por lo menos dentro de su lista. Sin embargo, la atomización partidaria en las elecciones porteñas plasma que por momentos parece haber tantos proyectos como candidatos, y que en estos impera resguardar un liderazgo autónomo antes que sacrificarlo por un proyecto común donde convivan distintos referentes. Finalmente, el único personalismo que logra no balcanizar su oferta una vez suspendidas las PASO en la Ciudad es el kirchnerismo, con la lista de Santoro como principal beneficiaria de este río revuelto. Dato importante a tener en cuenta: mientras CFK logra mediante la jefatura del PJ retener en Unión por la Patria a sus distintos sectores aún en el peor momento de la alianza, la autoridad de Karina Milei expulsa referentes de su espacio en vez de sumarlos. A la hora de contar los votos, no ganará el espacio con más pureza ideológica ni con más lealtad al líder, sino quien más votos recibe. 

Tomás Racki. Politólogo. Diplomado en Seguridad Ciudadana.

domingo, 9 de febrero de 2025

Opinión: Por qué hay que construir más cárceles

Mientras Kicillof vive en una realidad paralela, en las descuidadas calles del conurbano bonaerense los balazos hacen recordar al Far West.

Diferentes exponentes del kirchnerismo nos han acostumbrado a escuchar que se debe tener un "Estado presente". Así es como se ha vivido muchos años soportando cómo agentes estatales se entrometían en asuntos entre privados. Ya sea para controlar precios, expropiar empresas, y, entre otras cuestiones, cómo olvidar cuando durante la pandemia los agentes gubernamentales creyeron que tenían autoridad para decirle a la ciudadanía qué, cómo y cuándo realizar diferentes actividades de la vida diaria. Teniendo en cuenta este tipo de espantos, el "Estado presente" resulta invasivo, violento y autoritario. 
 Sin embargo, cabe preguntarse: ¿Qué es el Estado propiamente dicho? Una de las definiciones de la estatidad por excelencia la da el sociólogo Max Weber, quien define al Estado como el monopolio legítimo de la fuerza. Esto quiere decir que la fuerza coercitiva es lo que hace a que una nación sea un Estado Nacional, ya que sin militares y policías que custodien las fronteras y el orden interior, los estados no tendrían capacidad para hacer cumplir la ley, integrar a su población y mantener su territorio, elementos que dan sentido al sentimiento de pertenencia a una nación. Pero que el monopolio de la fuerza sea legítimo implica que la sociedad lo acepta como tal: la violencia legalizada pertenece al Estado porque este debe repeler amenazas y usar aquella en nombre de la ley, y no para otros motivos. 
 En otras palabras, el Estado como monopolio de la violencia legítima existe para garantizar el orden, y este último comprende a la asociación voluntaria y armoniosa entre los individuos. Sin orden, no hay progreso: en un territorio donde afloran los robos y se hace justicia por mano propia, el progreso se vuelve utópico. Curiosamente, la ideología kirchnerista concibe la utilidad del Estado en asfixiar de impuestos al contribuyente, regalar jubilaciones, transmitir partidos de fútbol por la televisión abierta, perseguir al que compra dólares o piensa distinto a partir de las diferentes estructuras burocráticas estatales, pero no utiliza la fuerza del Estado para los motivos por los cuales este fue concebido: controlar las fronteras, y prevenir y reprimir los delitos acontecidos en zonas donde la policía parece estar ausente. En esto último pisa fuerte el rol de los estados subnacionales, los cuales poseen fuerzas policiales y sistemas de justicia propios. 
 El sistema penitenciario es una herramienta primordial para el principio bien entendido de la estatidad: aquellos infractores del orden que cometen delitos tipificados en el código penal deben ser detenidos en un establecimiento para delincuentes a través de sus respectivas condenas, para así poder garantizar el cumplimiento de la ley en el territorio.
 Una política de Estado seria para la seguridad debe contemplar ambas aristas con símil importancia: la prevención para evitar el delito, y la represión para restablecer el orden una vez que el delito ya fue consumado. El área social es vital a la hora de lograr la prevención a través de una correcta socialización: es menester trabajar para luchar contra subculturas violentas y marginales para que recuperen centralidad símbolos como la familia, la escuela, la religión. Reparar el tejido social destruido probablemente costará mucho tiempo y trabajo. La socialización de muchos jóvenes que salen a delinquir armados (y probablemente bajo los efectos de sustancias prohibidas) ha fracasado, y mientras debe efectuarse empeño para que futuros jóvenes no caigan en ese mismo abismo, las fuerzas coercitivas del Estado tienen el deber legal y moral de detener a los delincuentes que se encuentran libres mientras la gente honesta vive encerrada. Para estos ya no cabe la intención de socializarlos, porque como se ha dicho anteriormente, su socialización ha fracasado. Para los que han caído en la criminalidad se debe trabajar en su re-socialización, también llamada prevención a nivel terciario, y esta tiene lugar en el sistema penitenciario: mientras cumplen su debida condena en la cárcel, el trabajo social debería apuntar a que estas personas que ya han delinquido no vuelvan a hacerlo el día que hayan cumplido con su condena. Para lograrlo, no alcanza con utilizar más tecnología para la prevención y la interceptación del delincuente y que este sea detenido, sino que se precisa tener un sistema penitenciario en condiciones. Actualmente, en la Provincia de Buenos Aires las cárceles presentan sobreocupación, con estimaciones que indican que los reclusos duplican a la capacidad de alojamiento de los penales. A su vez, no puede cumplirse una condena si esta no existe: se calcula que cerca de la mitad de los presos bonaerenses no tiene condena firme. 
 El país, y especialmente la provincia gobernada por Kicillof, cuenta con cárceles en mal estado y que no dan abasto para detener a todos los delincuentes. Muchos jueces liberan rápidamente a los malandras por profesar una ideología abolicionista, pero también es cierto que las comisarías y los penales tienen mayor cantidad de detenidos que capacidad para alojarlos. Esto provoca que, en primer lugar, los jueces con ánimos de liberar reos tengan herramientas para justificar su dañina decisión, y, en segundo lugar, que los presos no logren re-socializarse durante su condena o prisión preventiva.
 El tratamiento de las leyes de reiterancia (impide al juez liberar al detenido que ya ha delinquido más de una vez), de ley anti-mafia (colectiviza la pena para todos los integrantes de una asociación ilícita sin importar su rol), y de baja de la edad de imputabilidad (el deterioro del tejido social lleva a que se delinca a una edad cada vez más temprana) son una excelente noticia. El problema es que seguiremos ante el mismo inconveniente: ¿Dónde se detendrán a todos los nuevos detenidos cuando no hay más espacio en un sistema penitenciario que ha quedado vetusto?
 Con el fin de que el Estado cumpla su función de monopolio de la fuerza, debe prevenir y reprimir el delito. En áreas calientes como el conurbano bonaerense, la descentralización de la seguridad de la Provincia para que cada municipio tenga sus propios centros de monitoreo y recursos policiales y tecnológicos óptimos como en la CABA es de imperiosa necesidad. Pero sin construir más cárceles, los delincuentes seguirán circulando, y aquellos en los que se ha fracasado en su socialización no podrán re-socializarse. Sin nuevas cárceles, el Estado seguirá ausente. 

Tomás Racki. Politólogo. Diplomado en Seguridad Ciudadana. 

miércoles, 11 de diciembre de 2024

Opinión: En busca de una síntesis virtuosa

Milei y Macri, ¿harán la "fusión"?

Habiéndose cumplido un año del mandato de Javier Milei, el gobierno tiene muchos logros en su haber, hecho que lo catapulta como un gobierno aceptable para la mayoría del pueblo argentino, que cada vez se convence más acerca de que votar cuadros nuevos y que vienen de afuera de la política fue una fórmula efectiva. Los asuntos más urgentes de la ciudadanía caminan por un sendero de esperanza. En materia económica, los argentinos hemos pasado de tener un sufriente 25% de inflación mensual a un 2,5%, que de seguir a la baja como todo parece indicar, pasaríamos a tener dígitos de inflación normales como en el resto del mundo. El riesgo país también ha experimentado una baja sustancial, pasando de los 2000 puntos a 750. En materia de relaciones internacionales, el gobierno de Milei puso a la Argentina del lado correcto de la historia junto a las democracias occidentales como Estados Unidos e Israel, tal como supo hacerlo en su momento el gobierno de Cambiemos. En el Ministerio de Capital Humano se les ha quitado el poder a los gerentes de la pobreza, terminando con los piquetes y también con la extorsión hacia los beneficiarios. Una vez más, de la mano de la gestión de Patricia Bullrich en Seguridad, se ha aplicado un cambio de paradigma, donde las víctimas dejaron de ser los delincuentes, y estos últimos pasaron a ser tratados como tal, estando a la vista los resultados: el 2023 cerró con una cifra de 4,4 homicidios cada 100.000 habitantes, mientras que en este 2024 se proyecta terminar con 4,0 puntos de este delito por el mismo número de habitantes. El polvorín de Rosario está lejos de solucionarse, pero la mayor presencia de fuerzas federales ha reducido la incidencia de la criminalidad organizada.
 La buena imagen que ostenta el Presidente Milei en las encuestas es un indicador del despertar y maduración de la sociedad argentina: ya dejó de ser "piantavotos" prometer ajuste y austeridad. Gran parte del electorado valora el esfuerzo por ordenar las cuentas públicas y comprende que no es cierto que con la macroeconomía no se come: el orden fiscal representa las bases para el progreso futuro. 
 Al igual que como ocurrió en Estados Unidos con el triunfo de Trump, la agenda woke ha sido derrotada: a la mayoría de los argentinos ya no les interesa que exista el INADI o que el Banco Central lance comunicados con lenguaje inclusivo, sino que les importa poder prosperar y cuidar a sus familias. 
 A pesar de esto, hay alarmas en la democracia republicana que deben seguir alertas: es importante vencer a la agenda de la nueva izquierda, pero el hecho de estar a la derecha no necesariamente hace correcto todo el contenido que emana de ella. ¿Hay algún punto en común entre Javier Milei y Cristina Kirchner? Más allá de sus abismales diferencias, los azotes verbales al periodismo, la candidatura de Lijo como ministro de la Corte Suprema y la lamentable falta de quorum en el proyecto de ficha limpia entablan puntos de conexión entre ambos. De allí surge la necesidad de complementar lo que está siendo este buen gobierno de La Libertad Avanza con lo positivo a rescatar del paso de Macri por la Casa Rosada. Una "síntesis", en términos hegelianos. 
 El gobierno de Mauricio Macri fue ideológicamente cobarde. No dio la batalla por las ideas, como por ejemplo borrar los símbolos partidarios peronistas de los espacios y edificios públicos tal como lo está haciendo la administración libertaria. Lo que resulta intachable del actual presidente de PRO es su compromiso por los valores republicanos, con su consecuente respeto hacia las instituciones. El liberalismo no encarna solamente un plan económico, sino una filosofía de vida donde la república es su principal garante. Claramente Javier Milei no es un líder antidemocrático, pero la confianza en las instituciones, aspecto clave para el futuro del país, pasa también por el modo en que el Presidente se relaciona con ellas y las expectativas generadas en torno al respeto por las reglas del juego, siendo una justicia con funcionarios eficientes y provos una cuestión central. Es muy acertado reivindicar las figuras de próceres como Roca, Alberdi y Sarmiento, pero no así la de Menem, uno de los más grandes corruptos de la historia argentina.
 Urge la necesidad de una alianza entre LLA y PRO no solamente por la competencia electoral, sino porque en clave de la dialéctica de Hegel, la síntesis entre ambas fuerzas fortalecerá al gobierno: en la fase de tesis, el gobierno propone soluciones para los argentinos; en la antítesis, estas son efectivas, pero hay ciertos aspectos que provocan reticencias, como la posibilidad de nombras jueces supremos por decreto; en la síntesis, los cuadros de Macri pueden darle a Milei esa faceta institucional de la que a veces carece. Hoy la oposición no tiene un plan que anteponer al del oficialismo, sino que tan solo ofrece oponerse por cuestiones dogmáticas e infundadas. Todo parece indicar que proyectos centristas como el de Rodríguez Larreta van a naufragar en el intento. El gobierno tendría que hacer las cosas demasiado mal para perder las próximas elecciones. A veces para no tropezar hay que dejarse ayudar: las suspicacias de Karina Milei y Santiago Caputo a incorporar dirigentes del macrismo tanto en las estructuras ministeriales como en un interbloque legislativo no parecen ir en esta última sintonía.

 Tomás Racki. Politólogo.

domingo, 6 de octubre de 2024

Opinión: Llegó el momento de hacer política

El Jefe de Gabinete, Guillermo Francos, que a su vez ha absorbido las funciones del extinto Ministerio del Interior, cumple un rol de equilibrista entre Santiago Caputo y el desorden del Congreso.

Si hay un componente característico de la meteórica carrera política de Javier Milei y el movimiento libertario, es el rechazo hacia la política tradicional. El actual presidente no solo llegó al poder enfrentándose a los partidos políticos tradicionales, sino que lo hizo sin contar con un partido propio. La Libertad Avanza fue un frente construido en poco tiempo, con muchos candidatos pertenecientes a distintos partidos (incluso con pasados en el peronismo), y también con gente que venía de afuera de la política como el propio Milei. En alguna ocasión se le ha escuchado al presidente manifestar que la política le aburre, y que esta no es un fin en sí mismo sino un medio para aplicar las medidas liberales que el país necesita.
 A pesar de esto, el gobierno ha entendido que, sin hacer política, es imposible gobernar. La salida de Nicolás Posse para que Guillermo Francos ocupe la jefatura de gabinete es un antes y un después: se trata de la salida de la tecnocracia, para dar lugar a la negociación política. De hecho, Posse no cumplía con la obligación constitucional de presentarse una vez por mes en el Congreso. Francos no solo se habitúa mensualmente a dar cuenta de la marcha del gobierno en una de las cámaras del parlamento (algo que no debería ser optativo), sino que a partir de su pericia para el toma y daca ha logrado consensos que se plasmaron en logros importantes para el gobierno. 
 La crítica que el sociólogo Max Weber le hacía al gobierno de Bismarck en Alemania era que su gobierno de burócratas había llenado el parlamento con más burócratas, sin liderazgos políticos, que se dedicaban a firmar lo que los técnicos requerían. Un burócrata es quien actúa de acuerdo a la maquinaria, haciendo lo más eficiente posible el desarrollo de la burocracia. Sin embargo, para que el sentido dado a la burocracia persista en el rumbo emprendido, el parlamento necesita de vocación política, voluntades para formar coaliciones, convencer a la sociedad. Allí es donde la política bien entendida resulta estrictamente necesaria. 
 Que Milei se reúna con miembros de distintos bloques parlamentarios define su ingreso triunfal en la negociación política: a nivel técnico, su gobierno tiene los profesionales necesarios, pero sin política, la tecnocracia encontrará un freno en el Congreso, tal como le ocurrió con la primera versión de la ley Bases. No obstante, puede hacerse política con referentes que defiendan ideas en el parlamento, como también con lo más viejo y sucio de la misma. En las últimas elecciones, en La Libertad Avanza han estado presentes elementos de esto último en armados provinciales. Hacer política no quiere decir necesariamente mezclarse con la casta. 
 El trabajo de Karina Milei a nivel partidario ha logrado crear a la Libertad Avanza como partido político, por ahora con el sello requerido por la justicia electoral a nivel nacional y en unas pocas provincias. Tener un partido será un gran avance para el gobierno de cara al futuro, con el fin de que La Libertad Avanza no sea solo una mescolanza y rejunte de distintos sectores, sino un frente con un liderazgo partidario y que conserve una cohesión en cada armado distrital, provincia por provincia. Esto será fundamental para ordenar a la tropa propia: teniendo tan pocos diputados y senadores, si ocurren internas y conflictos puertas adentro, difícilmente los legisladores de LLA puedan avanzar con acuerdos y negociaciones con los demás bloques para aprobar leyes y a su vez frenar los intentos de los "degenerados fiscales". Es como dice el Martín Fierro: "Los hermanos sean unidos porque esa es la ley primera. Tengan unión verdadera en cualquier tiempo que sea, porque si entre ellos pelean los devoran los de afuera". Sin ordenar a la propia tropa, se hará todo cuesta arriba. Una forma de cohesionar los bloques parlamentarios es a partir de la disciplina partidaria. Pero resulta que sin existir La Libertad Avanza como partido, ¿a qué disciplina responden los legisladores libertarios, si cada uno responde en nombre del movimiento y no hay un partido que los comulgue? En el extinto Juntos por el Cambio había diferentes partidos, pero no había discusión en que el Pro era la fuerza que lideraba la coalición y cuando había diferentes posturas existía una instancia institucional que sentaba a los partidos fundadores de la alianza. Teniendo en frente al numeroso bloque castro-chavista del kirchnerismo, no alcanza con amanuenses que solo hagan lo que Milei les dice, pero tampoco con libertinos rebeldes que dan cátedra del desorden. Se necesitan líderes políticos, y más en las elecciones del 2025 donde Milei no estará en la boleta y los candidatos a legisladores deberán contar con peso propio para ser votados.
 Jaima Durán Barba, con quien el poderoso asesor Santiago Caputo ha trabajado, sabía mucho del arte de ganar elecciones: tener mensajes disruptivos y esperanzadores que atraigan a la gente y sobre todo que no la aburran (el "cambio" de Macri, la "casta" y la "motosierra" mileístas). Pero a la hora de gobernar, hay que hacer política en términos de lograr acuerdos: sin el acercamiento con Macri, Bullrich y el Pro, a quienes anteriormente Milei equiparaba con el kirchnerismo, no solamente habría una parálisis legislativa, sino que probablemente Milei no habría ni siquiera ganado las elecciones. Con vistas a las elecciones del 2025, LLA como partido debe formar políticos de vocación a la hora de ampliar su bloque en el parlamento y usufructuarlo para gobernar y obtener consensos. 
 Hay también ciertas elecciones donde la negociación y los arreglos entre partidos hacen a la victoria. En España, la incapacidad del PP y Vox para formar una coalición decantó en un gobierno del PSOE y Podemos. Mientras que en las últimas elecciones bonaerenses Kicillof se impuso como gobernador electo luego de que las candidaturas de Grindetti y Píparo dividan el voto opositor. De las experiencias se aprende. Cuando se juegue la gobernación de la provincia de Buenos Aires en 2027, donde no hay ballotage, los números de la economía y los mensajes por redes sociales sumarán mucho, pero solamente la negociación política, lo que antes parecía aburrirle al presidente, es lo que permitirá construir una coalición que le gane al peronismo. 

Tomás Racki. Politólogo.

martes, 23 de julio de 2024

Opinión: La libertad no restringe derechos

La posibilidad de convertirse en SAD es una interesante oportunidad para muchos clubes del fútbol argentino. Al igual que como ocurre con el RIGI, sectores de la oposición sienten rechazo hacia propuestas donde puedan hacerse negocios,

En su famosa obra Leviatán, el filósofo Thomas Hobbes explica lo que es un derecho: es el poder, la capacidad de una persona de hacer determinadas acciones. Para proteger el derecho a la vida, la ley pena el asesinato. Para cuidar el derecho a la propiedad, el Estado reprime los robos. La línea que separa el cumplimiento de un derecho propio del de un otro puede ser muy delgada: si creemos que cuando hay una necesidad nace un derecho, el financiamiento de esas necesidades por parte del Estado probablemente tendrá costos incalculables. Esos costos siempre alguien los paga, y en contra de su voluntad: nada en este mundo es gratis.
 La libertad, junto a la vida y la propiedad, es el derecho más importante que una persona puede tener, y que el Estado debe su existencia para garantizar. Son, de acuerdo a la filosofía iusnaturalista, tres derechos naturales, preexistentes al Estado. Y es por medio de la libertad, que se abren las puertas para decidir qué derechos debemos adquirir y cuáles no. Nadie sabe mejor que uno mismo qué es lo que necesita, y qué recursos destinar para ello. El hecho de obtener beneficios económicos extraordinarios para ciertos actores de la economía amplía no solo los derechos de estos últimos, sino de toda la comunidad que saldrá beneficiada: para el consumidor, que tendrá una mayor oferta; y para los nuevos puestos de trabajo, donde nuevos trabajadores percibirán un salario a cambio de sus funciones.
 El recordado plan kirchnerista del Fútbol Para Todos pretendía que la televisación del fútbol argentino sea accesible para toda la población. Sin embargo, aquello obligaba a todos los contribuyentes a financiar un programa de transmisión de partidos sin preguntarles su opinión, y haciendo más pesada la carga del Estado con todo lo que ello implica. La mejor manera de defender el derecho a ver fútbol y los derechos de la comunidad en forma genérica es que cada ciudadano decida por sí mismo qué desea consumir y qué no, accediendo a tal derecho con recursos propios, sin afectar los derechos de los demás (relegando al Estado a funciones básicas como la salud y educación públicas). Eso tiene lugar en una economía que funciona, donde la oferta genera su propia demanda sin intervenciones del Estado que resultan ser distorsionadoras para el mercado. Además, cuando desde el Estado se busca universalizar un servicio haciéndolo accesible para todos, no solo resultan un problema los costos ya mencionados, sino que tal situación es permeable a la manipulación política de la población: Fútbol Para Todos funcionaba como un mecanismo de difusión de propaganda política, lo cual significaba que el gobierno de aquel entonces terminaba utilizando dinero de los argentinos para beneficio propio.
 En la Argentina nos hemos acostumbrado a vivir en una ficción, y esta misma ha tergiversado la realidad haciéndonos creer que vivimos rodeados de un paraíso de derechos, cuando es todo lo contrario: se suele creer que vivir con tarifas subsidiadas es brindarnos el derecho a acceder a la electricidad y el gas, cuando al ocurrir esta situación implica que somos tan pobres que somos incapaces de pagar el verdadero valor de la tarifa por nuestros propios medios, volviéndonos dependientes del Estado; un empleado en blanco no tiene el derecho a decidir si desea sindicalizarse o no, ya que el modelo corporativista obliga a los trabajadores a pagar una cuota sindical aunque vaya en contra de su voluntad; un club de fútbol que juega en la primera división no tiene derecho a transformarse en una sociedad anónima deportiva, por más de que así lo quieran sus socios; los sectores exportadores no tienen el derecho a disfrutar del fruto de su trabajo, porque las retenciones los obligan a pagar impuestos que van en contra de su productividad y el cepo cambiario los condena a liquidar a un dólar oficial muy lejano al precio de mercado. Si nos guiamos por la definición de lo que es un derecho, el modelo que rige en nuestro país los restringe, muy lejos de poder ampliarlos. 
 Louis Althusser, reconocido autor marxista, tenía la teoría de que la estructura (económica) reproduce a la estructura (se reproduce a sí misma): de acuerdo a sus escritos, el modelo capitalista genera pensamientos y acciones que lo hacen reproducirse a sí mismo, impidiendo que los proletarios vean la explotación y se rebelen contra ella. Tomando esta idea, ¿Qué estructura se reproduce en la Argentina? Seguimos teniendo represiones a la libertad de elección bajo el mantra de que se deben ampliar derechos (lo cual es contradictorio), faltas de libertades justificadas en sentimientos de culpa hacia lo que se vincula con los negocios bien habidos. Seguimos atados a estructuras arcaicas que en muchos casos impiden ver el beneficio que podría obtenerse quitando la obligatoriedad de la cuota sindical, así como abrir el juego a que los clubes que así lo decidan puedan dejar de ser sociedades civiles sin fines de lucro. Inculcar la falsa idea de gratuidad en servicios públicos deja de ser otorgar derechos cuando implica aumentar desmesuradamente la presión impositiva sobre el sector privado, ofreciendo desde el Estado un servicio que podría ofrecer el mercado en una mejor forma y abundancia, con clientes capaces de contratarlo en forma particular.
 Cuando se pone el grito en el cielo contra la posibilidad de que los clubes puedan convertirse en sociedades anónimas deportivas, se argumenta falazmente que el capitalismo va a robarse el fútbol, o que eso no tiene que pasar porque el fútbol es de los hinchas. ¿Acaso los hinchas no disfrutan el fútbol en las mejores ligas del mundo donde casi todos los clubes son manejados por grupos empresarios? Para muchos clubes argentinos que tienen dificultades para retener o contratar jugadores, o que no cuentan con instalaciones deportivas adecuadas, la llegada de capitales privados sería un alivio. 
 El fútbol es un producto capitalista por excelencia: mueve infinidades de negocios, de contratos multimillonarios, y las inversiones logran que el producto sea cada vez mejor, teniendo un fútbol de mayor calidad. Y está bien que así sea, porque si se ha convertido en un gran producto, es porque la gente lo ha elegido por encima de muchos otros deportes. Que los socios tengan la libertad de poder optar por seguir con el modelo vigente o que sus clubes pasen a ser gerenciados por grupos empresarios amplía derechos, no los restringe. Si suele decirse que donde hay una necesidad nace un derecho, ¿Por qué no se respeta el derecho de los socios de clubes que sienten la necesidad de convertirse en sociedades anónimas deportivas? 

Tomás Racki. Politólogo.

martes, 21 de mayo de 2024

Opinión: El Pacto de Mayo, una oportunidad para definir un nuevo sistema de partidos

En el "juego de la gallina", hay dos automovilistas que van directo a estrellarse. El que decide acelerar, no traiciona sus convicciones, pero se estrella. El que gira el volante se salva, pero termina siendo un "gallina" (un miedoso). 
El gobierno fue pragmático al llamar a un consenso en el Pacto de Mayo. Por su parte, el peronismo tiene la oportunidad de sacarse de encima a Kicillof y dar un volantazo pro-mercado.

En la ciencia política, se entiende por sistema de partidos a los patrones de competencia partidaria entre los partidos políticos que realmente tienen posibilidades de definir el rumbo de una elección. Este puede ser altamente institucionalizado, como lo es el bipartidismo estadounidense; débilmente institucionalizado, como lo es el multipartidismo del Perú; o medianamente institucionalizado, como es el caso de la Argentina. El sistema electoral tiene mucha influencia en su conformación, afectando de diferentes formas a la competencia partidaria si aquel es proporcional o mayoritario, y teniendo en cuenta cuáles serán las circunscripciones electorales.
 La historia partidaria argentina ha tenido al PJ y a la UCR como los principales partidos políticos. Sin embargo, el polo no peronista ha mutado de forma a partir de la crisis de 2001, con partidos que se han caído de la competencia y otros que la han protagonizado (por eso el politólogo Juan Carlos Torre ha llamado al polo no peronista como los "huérfanos de la política"). El radicalismo ha dejado de integrar el sistema de partidos, sin ninguna posibilidad de ganar en las elecciones de 2003, 2007 y 2011. La alianza Cambiemos, con el PRO a la cabeza, hizo retornar el bipartidismo. Y la irrupción de La Libertad Avanza ha vuelto a modificar las pautas de interacción partidaria, con un tripartidismo que hoy parece haber dejado de existir, con la disolución de Juntos por el Cambio y el plegamiento de PRO a las filas libertarias. 
 El Pacto de Mayo, además de ser un hito histórico fundamental para sentar las bases del rumbo que la Argentina necesita, es una gran oportunidad para definir los valores y simbolismos que caractericen a las instituciones partidarias de ahora en adelante.
 Tal evento, con tintes refundacionales para la Argentina, aborda cuestiones básicas e incuestionables para cualquier país normal del mundo, como la inviolabilidad de la propiedad privada, hacer un esquema impositivo más razonable, rediscutir el nefasto régimen de la coparticipación federal.
 Este acuerdo político y social a largo plazo expondrá dos partes distintas del sistema político argentino (en definitiva, esto son los partidos políticos: partes de la sociedad): aquellos que defienden el status quo decadente, y aquellos que buscan el cambio y por lo tanto el progreso.
 Aquí es donde será elocuente el rol que ocupará de ahora en adelante la parte del sistema de partidos argentino que ha salido inmune del derrumbamiento de 2001: el peronismo. Esta fuerza política excede lo partidario: es un movimiento, que abarca también a los sindicatos, a los movimientos sociales y a partidos que no son el PJ y se consideran peronistas. Tal como ha ocurrido en los 90´ con el giro que le ha dado Menem, el peronismo ha mutado de forma a lo largo del tiempo. En esta oportunidad, el peronismo se encuentra sin liderazgos fuertes, teniendo en cuenta que su máximo exponente, Cristina Kirchner, hoy no acapara el triunfalismo que ha sabido tener cuando gobernaba, mientras que Sergio Massa ha salido derrotado de la última elección y no parece tener hoy un gran peso específico. De Alberto Fernández ni vale la pena pensar que pudo haber llegado a tener algún tipo de liderazgo. Dado este panorama complejo, el peronismo tiene la gran oportunidad de orientarse en torno a los gobernadores que vendrían a representar el peronismo "clásico", apoyar el Pacto de Mayo y surgir como una oposición razonable que no se oponga a las reformas de Milei y se muestre como una fuerza partidaria despegada de los sindicalistas mafiosos y los delincuentes piqueteros. Si en cambio el peronismo es conducido por Kicillof y lo que queda del kirchnerismo en base a la doctrina de John William Cooke, seguirá siendo el partido que defiende el status quo y se opone fervientemente al progreso, a pesar del engañoso vocablo de "progresismo" con el que estos suelen identificarse. 
 Por otra parte, para consolidar un bipartidismo fuerte, el polo no peronista, hoy gobernando de la mano de La Libertad Avanza, será primordial que arme una coalición competitiva, definida ideológicamente, y que apunte a institucionalizarse de forma robusta. Para equilibrar el sistema ante un peronismo que sea de la forma que sea siempre estará presente, es vital que el PRO, la facción más razonable de la UCR y bloques como el de Pichetto y López Murphy se alíen con La Libertad Avanza para que el sistema de partidos mantenga dos coaliciones sólidas, con políticas previsibles a largo plazo. Para que el polo no peronista llegue a tener el mismo arraigo social que su contraparte y así poder desactivar estructuras extorsivas que muchas veces funcionan como nexos del PJ (punteros, sindicalistas eternos, intendentes que utilizan cajas municipales con fines partidistas), es una ardua tarea definir las reglas que harán funcionar a esa hipotética coalición y mantendrán su funcionamiento institucional independientemente de la coyuntura: cómo aceitar el diálogo entre sus partidos integrantes, si será más o menos personalista en torno a la figura de Milei, si en el Congreso habrá mayor o menor disciplina partidaria de parte de los legisladores, cómo se definirán probables internas, establecer canales de comunicación y financiamiento.
 Quiénes se posicionen de una forma u otra ante el Pacto de Mayo puede ser el preludio de las elecciones de 2025, que conformará un nuevo Parlamento dependiendo de cómo se sitúen distintos actores del escenario político. Desde el 2003, el peronismo (kirchnerismo) ha perdido seis elecciones contando las presidenciales junto a las de medio término: será momento de que el polo no peronista deje de ser solo un "anti" y pase a consolidarse con una identidad propia.

Tomás Racki. Politólogo.