Hace poco se instaló la duda sobre si los clubes del fútbol argentino podrían pasar a ser asociaciones anónimas, es decir, que los clubes tengan dueños.
Es un sistema que funciona en prácticamente todos los clubes europeos, a excepción de algunos como el Barcelona, Real Madrid o el Bayern Múnich, que no necesitan dejar de ser propiedad de los socios para que sigan barajando millones de euros en sus arcas.
Mirar al primer mundo nunca está nada mal para tener referencias de cómo se establece el orden y prolijidad, y personas como Carlos Tévez que tuvieron la posibilidad de habitar en ese clima, tienen la opinión de que transformarse en asociaciones anónimas podría beneficiar mucho a los clubes, y el mejor ejemplo es el Manchester City que Carlitos vio crecer: de un club de barrio a uno de los mejores equipos del mundo, con instalaciones de primer nivel. Nadie pretende ni sueña con el cuento de hadas de que se plasme lo que hicieron los jeques árabes del club inglés en la Argentina, pero sí se puede confiar en que los clubes con pasivos descomunales, cierta falta de inversión en aspectos de infraestructura y que no pueden armar en la primera división un equipo del todo competitivo para cumplir con los objetivos, den un paso adelante en el camino de la renovación y reordenamiento de las instituciones, lo que ayudaría conjuntamente con la AFA, que pasa momentos de crucifixión con números que no le cierran, y una de las causas son las deudas impagables de parte de los clubes.
Si bien no hay indicios de que se esté instaurando la iniciativa, no vendría mal que en la comunidad futbolera nos planteemos hacia dónde pretendemos ir para sanear al fútbol argentino, si queremos avanzar o persistir en la pasividad que se padece en términos económicos, que conduce a la falta de proyectos en inferiores, entre otras cosas. Si hay mas alternativas para el bien común (el bien de los clubes y el fútbol), bienvenido sean.
Si alguna vez se analiza el tema en profundidad, garantizando que los hechos serán en beneficio de los clubes, el debate dará para la polémica ya que esa cultura no urge en sudamérica, y los socios se sienten y quieren ser dueños de los clubes, y no entregarlos a manos privadas. Nace la disputa entre la razón pasional y emocional con lo estrictamente económico y convencional institucionalmente.
En ámbitos de ese dilema habita hoy la actualidad de Boca, pero con el asunto del estadio: ¿dejar la Bombonera, el templo del fútbol mundial, el de la acústica inigualable y las mil batallas para que todos puedan concurrir, que es el verdadero objetivo de un estadio? ¿u optar por abreviar el progreso a hacer una no muy significativa reforma y que se sigan quedando miles de socios afuera?
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