La mejor simplificación para definir a Racing es como un equipo temible adelante y flojo atrás, es por eso que sacrificar a Carrizo para que Lodeiro ejerza mayor población en el medio del campo fue una gran idea, dónde Boca construyó el juego y dejó en evidencia la división que tiene Racing: dos equipos en uno.
Sava todavía no encuentra la forma de equilibrar a un conjunto que no logra unirse entre los delanteros y el mediocampo, y el mediocampo con la defensa: o apuesta todas las fichas a matar o morir, dejando múltiples espacios en la zona defensiva con un estilo kamikaze; o como en este encuentro, ubicar a Videla y Aued cerca de la línea de cuatro, discretamente ayudados por un Lisandro López que se mata colaborando por la izquierda (función que no puede realizar los 90 minutos). y apostando a la conexión con un Romero que si llega al área rival le cuesta volver, y si decide jugar en largo para que se arreglen los tres fenómenos, todo queda en el simple intento y la inconclusión.
Aprovechando la dejadez del rival para tapar huecos, se intentó jugar con Gago y Pérez como ejes, Lodeiro como un punta/volante con llegada al área y sin posiciones fijas, Pavón instalado en la derecha como una flecha en todos los tiros, y Tévez como el armador, ya que al fin y al cabo no era el jugador finalizador de las jugadas, sino que era el que -afuera del área- intentaba con la paredes, con las triangulaciones con Pavón, para que los que conecten en el área sean otros.
Aún en momentos de poca profundidad, hasta de imprecisión, debido a una posesión que en algunos lapsos fue poca ambiciosa y se vio devorada por el contexto y por la presión que por momentos sí supo implementar Racing en su propia área, siempre la dualidad entre ambos elencos fue clara: una Academia partida, con un juego demasiado vertical donde Bou, Milito y López no tuvieron posibilidad de encontrar espacios y perdieron los mano a mano en las individualidades, mientras en el otro polo Aued y Videla no ejercían una restricción respaldada por el resto del equipo, lo que le permitía a Boca circular la pelota e intercambiar posiciones, lo que justifica el resultado, cuyo desarrollo tuvo a Boca como el que intentó jugar más y mejor.
El equipo de los mellizos sigue evolucionando, y hoy tuvo su primer triunfo clave, en un clásico, en una cancha donde nadie se siente cómodo y que valió la clasificación, nada mas ni nada menos. Y en ese trayecto evolutivo, además de afianzarse un andamiaje colectivo, se afirman certezas individuales: Gago es indiscutible y es fundamental para la precisión y la elaboración; Guillermo logró que Carlitos se sienta cómodo, rinda y encima en la posición dónde se cuestionaba no haber incorporado un reemplazante de Osvaldo; Pavón se sigue mostrando, es un aire fresco cuando se ofrece como descarga por su sector, y es vital para meter esos busca pies difíciles de interceptar; Cubas es un relojito en la mitad del campo, lo libera a Gago y nunca erra un pase; Pablo Pérez mete, juega y va a buscar; y Fabra esta vez atacó como pocos laterales lo hacen en el fútbol argentino, a pesar de mostrar ciertas flaquezas en la marca y por momentos no pasar adecuadamente (más precisamente en los momentos en que Boca no dominaba del todo el encuentro); y si queremos mezclar las individualidades para transformarlas en un coordinado funcionamiento, veamos el gol: Gago aclarando el panorama (pasando entre Videla y Aued, donde se atraviesa la endeble presión de Racing mencionada anteriormente), Pavón introduce una bocha como cuando le clavaron una estaca a drácula, Pérez anticipa, y Lodeiro deja su posición de organizador para llegar libre y empujarla. ¿Que tal?
Los clásicos no solo se ganan con huevos, sino que se necesita fútbol, y cuando uno juega mejor que el rival, sabe mejor lo que quiere y tiene con qué hacerlo, puede que a la larga la justicia aparezca, como también puede que como muchas veces, en el fútbol triunfe la dinámica de lo impensado. Esta vez, se dio el resultado lógico. La crítica hacia Arruabarrena sobre los pocos resultados positivos en los clásicos no se debe a que no se jugaba con la actitud que requieren este tipo de partidos. Actitud de meter había, lo que faltaba era actitud de jugar y superar estratégicamente al rival, ya se Racing, San Lorenzo o River en la copa. Muchas veces nos acordamos del huevo, huevo, huevo, y nos olvidamos del juego, juego, juego, y hay que acordarse que juntando ambas cosas como en este caso, el triunfo y la lógica pueden jugar para nosotros, porque para eso nosotros jugamos para tenerlos a ellos.
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