Cuando surge un imprevisto, a uno le deben surgir ideas para cambiar de planes: si estoy volviendo a mi casa y me encuentro con un piquete, agarro otra calle para llegar. Trasladado al fútbol, puede lesionarse un jugador insignia como Gago, pero con el ingreso de Meli y el reacomodamiento de Jara como volante central se puede suplir la desgracia, hasta topándose con un hallazgo bastante valioso. Pero algo muy distinto es que al auto se le pinche una rueda, allí los planes cambian completamente: ya no podemos ni acercarnos a concretar un poco de lo que pretendíamos, ya que la rueda de auxilio ya había sido utilizada y se debió seguir con el neumático en malas condiciones, haciendo el recorrido con el vehículo en un movimiento irregular. Finalmente, cuando estaba previsto llegar a casa a las 19 hs terminamos llegando 21:30, por lo que la pérdida de una herramienta esencial terminó desvirtuando nuestro día. Esto último ocurrió ayer, nada más que en el plano futbolístico la herramienta que se pierde es un jugador, lo que implica jugar en desventaja, correr más de la cuenta, tirar a la basura todo lo que se había planeado: a través de la introspección (método utilizado por el psicoanálisis para comprender qué le ocurre a una persona internamente) podría saberse qué cosas se le cruzan a Pablo Pérez por la cabeza, pero la única forma de analizarlo que tenemos es analizar su juego (el análisis de su mente y conducta quedará para el psicólogo), y lo que sí podemos observar es que no maneja las pulsiones, impulsos y estabilidad nerviosa que tiene que manejar un futbolista, por lo menos en este tipo de situaciones inexplicables, dándole un patadón a Balanta cuando el árbitro ya había pitado, y sin intención alguna de disputar el balón, condenando a Boca a limitar su capacidad ofensiva y desgastarse inhumanamente.
De este modo, los primeros 10 minutos de combinaciones por las bandas, intensidad y presión se fueron con Pérez a las duchas, y solo nos quedaba aguantar con una rueda pinchada hasta finalizar el camino. Con Lodeiro en una función más defensiva para suplir el hombre de menos, Guillermo apostó a lo seguro: asegurar el cero en nuestro arco. River nos fue llevando cerca del área, pero con ataques desintonizados: D´alessandro fue su conductor, pero nadie supo acompañarlo, por lo que nuestra única incomodidad fueron los remates de afuera del área de este hombre, ya que si bien Casco se integraba como un volante más para generar superioridad numérica, Jara y Peruzzi controlaron bien a Bertolo, Gago y Lodeiro le hicieron complicado el partido al enganche rival (que no tenía compañía), Silva se las arregló con las subidas de Mercado, y Tobio e Insaurralde respondieron con sobriedad iniciativas de nuestros hijos que resultaban inofensivas, como arremetidas o centros (de mierda), producto de la falta de solidaridad para con D´alessandro y desequilibrio para tener la pelota. Más allá, como en una isla desolada en el medio del Océano Atlántico, se encontraba Pavón, que protegía la pelota como un león y la corría como un chita para darle a sus compañeros algo de oxígeno, y haciendo lo que podía para avanzar hacia un Barovero que quedaba bastante lejos. Carlitos no desniveló, y fue porque no es un delantero que aporte fajándose con los zagueros y que se ofrezca para que le tiren el bochazo, sino que está para otra cosa, mas precisamente para lo que Boca venía haciendo los últimos partidos, jugando corto y acompañándolo con dos extremos y un circuito de juego que lo favorecía, idea que se deshilachó al quedar con 10 jugadores.
Para destacar queda la hombría, actitud y coraje para meter hasta el final en las condiciones en las que estábamos, y para que de los dos equipos, a pesar de estar en un escenario totalmente adverso, terminemos siendo el que menos preocupado se quede en referencia a conclusiones futbolísticas. El que tendría que preocuparse es Pablo Pérez por sus irresponsabilidades, que hace rato se van acumulando y que con la de este superclásico tuvo su punto de cocción: el Automóvil Club ya le dio varias ruedas de auxilio, y si las pincha todas no dan ganas de seguir dándole favores, hasta porque es una pérdida de dinero para la empresa y es injusto para los demás socios.
Y a pesar del empate, hoy Boca perdió: con Gago 7 meses afuera, se pierde mas que un jugador: se pierde un referente, claridad, primer pase, recuperación de la pelota con criterio. Esperemos que el volante que se incorpore dé la talla y desde la dirigencia y el cuerpo técnico no se equivoquen en la elección, porque se debe reemplazar a un futbolista irremplazable. Desde estas líneas quiero brindarle apoyo y una pronta recuperación.
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