Provechoso de una descoordinada y confundida defensa colombiana, el elenco de los Barros Eschelotto enamoró con un fútbol que da gusto de ver, y que se parece a lo que era él como jugador: vivaz, ágil físicamente, rápido con la pelota, pícaro. Carlitos condujo una vez más al Xeneize, y sin ser el nueve que estuvo alentando desde el palco, otra vez ofreció certezas como falso delantero, acompañado por Pavón y Chávez, que hacen lo que tienen que hacer: meterse en el área si la pelota se juega por el otro lado, correr al lateral para continuar con la posesión de la pelota, animarse a encarar, pero con inteligencia para saber cuando seguir y cuando largarla. Lodeiro fue el futbolista que también nos marcó el camino: a pura rotación, pared, toque de primera, solidaridad para atacar y solidaridad para defender, donde se mató esforzándose por correr en sentido de la recuperación. Y observando la actuación de Fabra podemos encontrar un resumen de la capacidad funcional del equipo como conjunto: siempre como una opción para posibilitarnos de ser profundos, con el objetivo de asociarse con los compañeros y no tirar ningún centro inservible que tanto hincapié hizo Guillermo, y a pura potencia: si está un compañero libre la paso, sino le saco provecho a la débil marca contraria para seguir hasta romperle el aro al arquero, con toda la determinación del mundo en el primer gol.
Siempre que se ve una actuación tan contundente y categórica de parte de un equipo de fútbol, no es nada simple alcanzar tal nivel, pero viendo el encuentro, parece que como si todo fuera muy fácil: entendimiento absoluto del juego para tocar de primera, jugar a dos toques, cuando jugar por adentro, cuando jugar por afuera, tener claro en qué momento se verticaliza la posesión, y con todas intervenciones con el único objetivo de elaborar, sin apurarse, pero cuando se tienen pretensiones de marcar goles, lógicamente la intensidad es dinámica, imprevisible. Un buen ejemplo es el quinto gol, con la apertura para Fabra, el centro sutil, la inteligencia de Chávez para bajarla de cabeza, y la capacidad de Jara para acomodarla y sacar el derechazo, ¿no parece todo muy sencillo? Uno se da cuenta cuando un equipo juega realmente bien al fútbol en el momento que dan ganas de meterse a jugar. Esa sensación generó el equipo de los mellizos.
En un lapso del primer tiempo hubo partido, y fue en el momento en que Roa se mostró participativo, no parecía haber manera de interceptar y bloquear sus intervenciones, atravesando el medio e introduciendo el peligro en el área, con cierta fragilidad de nuestra parte, donde una dupla de centrales que podría llamarse improvisada tuvo un yerro de Rolín en el desborde de Sambueza que terminó en un tiro a la tribuna, miró la pelota en el primer gol y hubo una siesta comunal de todos en el 1-2, donde Gago (un jugador cuyas pérdidas son muy sensibles) se desconcentra y no estuvimos del todo atentos para enfrentar mano a mano al mencionado Roa. Luego, todo de Boca, que respondió con goles, y sobre todo un estilo de juego que lo respaldó para sacar adelante el compromiso. Lo que natura non da: la aberración en ese puñado de minutos de algo que parecía preverse desde el primer instante no podía con la naturaleza del encuentro: Boca era mucho mas que Deportivo Cali, y era solo cuestión de volver a concentrarse.
Un elenco con decisión, identidad, solidario y contundente, así es cómo pedimos que siga siendo la cuestión. Uno no juega bien cuando quiere, pero la intención (estilo) es lo que no se puede negociar, salgan las cosas y/o el rival nos supere. Y cuando se tiene un estilo definido, es mas probable que se juegue bien, aunque tal vez no se vean todos los días estos duelos donde parece que un equipo juega a dársela al de la misma camiseta, y a ver si el rival puede quitársela. Ahora la búsqueda es transmitir toda esta onda positiva en el superclásico, lo que todo hincha quiere ganar, y es la excepción donde sin que no importe, menos importa cómo.
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