Está claro que cuando el equipo de la ribera monopoliza la posesión de la pelota, es inmaculado a la hora de apretar al rival en su área, de que aparezcan los laterales por sorpresa, es decir, tenemos el monopolio, pero aunque parezca increíble, muchas veces no obtenemos la ganancia. Es como si solo hubiera un solo negocio de carne en toda la Argentina, pero se nos pudran los bifes porque falla la congelación, y se queda la gente sin carne, y la única carnicería sin ventas.
Sarmiento trabajó bien a la hora de tapar la salida de Boca haciendo una marca zonal en el doble cinco, pero mirando un poco más al costado la solución ya estaba a la vista: con Centurión, que puede limpiar algún que otro rival en el medio y ya posicionar el balón en campo contrario, el juego no era tan elaborado, pero era directo, suficiente para enfrentarse cara a cara con la última línea del visitante. También, al estar embotellada la zona del círculo central, Tévez jugó en una posición bien de enlace, definitivamente con el objetivo de conectar el medio con los puntas, jugando simple. Esto tal vez le de varios beneficios: cuando se tiene un jugador como Tévez, no se puede decir que juega en posición de número diez, sino que es un delantero más retrasado, pero en esta oportunidad fue enganche en serio; y digo que le puede ser útil para solventar sus aparentes limitaciones físicas a la hora de jugar mano a mano. Si bien a veces le faltó sincronía, se vio un Apache bien cerebral, con el objetivo de jugar más para los demás que para él, y eso puede ser fructífero para ahorrar energías y que a la hora de encarar, deje al defensor pagando en serio y sin chocarse como venimos viendo en las últimas versiones de Carlitos.
Dicho esto, el monopolio de Boca no terminaba de funcionar porque todavía no parecemos del todo maduros como equipo: era un encuentro en el que con paciencia y toques en los últimos metros, se podían romper líneas varias veces, pero el desasosiego final de todas las jugadas desplomaba las mismas, como fue varias veces con remates infortunios de Silva, intervenciones bulliciosas y poco inteligentes de Pavón, y cuando se logró atravesar el fondo de Sarmiento (con pases en profundidad riquelmeneanos de Carlitos), de manera indescriptible se malograron posibilidades, como en la que Centurión se la quiso dar en bandeja a Bou, con la misma falta de timing de ambos como también tuvieron varios de sus compañeros para atacar. El que mejor atacó fue porque tuvo el mejor timing y el panorama mental indicado, y hablo de Peruzzi.
Y vamos a enriquecer el análisis con una frase tan vieja como el fútbol: los goles que no se meten en un arco, se meten en el otro. Casi se cumple el refrán con un Sarmiento que estaba totalmente disminuido pero con la mentalidad de ir a llevarse un punto, capitalizando algunas falencias para complementarse en el fondo ante un contraataque. Otra frase también se hubiese cumplido si había un empate: la dinámica de lo impensado.
La victoria es lógica y Boca demostró ser un buen equipo, pero todavía le falta ese timing tan necesario para tomar buenas elecciones y ser ese GRAN equipo que todos queremos ver y pensamos que tiene potencial para por ejemplo, ganar más cómodamente. Hay que ajustar detalles para ser un monopolio que satisfaga a la comunidad, ya que de lo contrario habría buenos resultados, pero si no se intenta mejorar el artículo no podríamos denominarnos como un buen emprendimiento que se preocupa por lo que le llega a la gente: el empresario Guillermo deberá pensar como innovar mejor su negocio.
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