jueves, 3 de noviembre de 2016

BOCA 1 ROSARIO CENTRAL 2: FINAL A LA ALTURA

 Sinceramente hay que decir que los segundos 45 minutos dan para el aplauso, que Guillermo leyó bien el cambio para el ingreso de Benedetto, pero si el equipo se despertó en el entretiempo luego de haber regalado el primer acto de una obra con final catastrófico, fue porque en esa apertura del primer telón el DT tiró varios penales a la tribuna.
 Rosario Central, más allá de su rendimiento algo chato en este semestre, es un elenco consolidado, que tiene las cosas muy claras, que desde el 2015 viene jugando con dos delanteros con gol en la zona céntrica, sin necesidad de un extremo al contar con volantes clásicos de ida y vuelta por ambos carriles, y una defensa con capacidad para el anticipo, de salida limpia; así pudo conformar un conjunto con capacidad para la posesión y buenas triangulaciones, con un fútbol no mal llamado de espectáculo, pero sobre todo porque se sabe quienes son los titulares, de qué juega cada uno; y en eso tiene mucho que ver la cosecha que el entrenador fue cultivando día a día. Y si se compara con Boca es todo lo contrario: en el equipo de la Ribera no se entiende si los mellizos prefieren jugar con un hombre de área y dos pivotes o con Tévez bien arriba y una línea de un volante tapón y dos volantes mixtos.
 Cuando comenzó el ciclo de los Barros Eschelotto, Tévez funcionó de falso nueve, el 4-3-3 parecía asentado, pero la eliminación en la Copa dio paso a una renovación y al 4-2-3-1. Cuando se da un volantazo debe darse con decisión y no mirar atrás. Guillermo parece un nostálgico de su idea principal: aunque en varias declaraciones el mismo Carlitos halla dicho que el físico no le daba para fajarse con los centrales rivales y hasta haya quedado demostrado que su mejor aporte está jugando detrás del punta (y el equipo en general funciona mucho mejor de tal manera), Guillermo parece no terminar de rendirse con su esquema favorito. Además, urge hablar de un tema de lógica: nadie dice que debe jugar Benedetto por el costo de su pase (vamos a hacer referencia a Marcelo Bielsa, un sabio del fútbol, cuando le contestó a un periodista que si pensaba que Dória debía ser titular en el Olympique de Marsella por lo que valió su traspaso, no se entendía nada acerca de este deporte), sino porque Boca necesita de él, porque Pavón y Centurión piden a gritos un cabeceador a quien tirarle los centros, o sino también hubiera sido válida la opción de Bou, que venía dulce del domingo. Otra curiosidad con el cambio de esquema (desde mi punto de vista es como un 4-3-3, ya que Bentancur no es enganche, sino que juega de lo mismo que Pablo Pérez) es cómo se puede hacer tal modificación para un equipo que viene de gustar y golear por cuatro tantos. También llama la atención la inclusión de Barrios en un partido tan definitorio con tan solo 20 minutos en la espalda (a pesar de su buena labor en sus 45 minutos disputados). Pero sobre todo la posición de Bentancur es llamativa: con Sebastián Pérez en el plantel, Guillermo se sigue inclinando por el juvenil que, sin discutir su potencial y personalidad, no rinde aceptablemente, sino que tiene más bien flashes de buen juego, y en una ubicación donde se debe saber jugar de espaldas, la realidad es que es un fruto sin madurar.
 Ya de entrada nosotros solos nos complicamos la historia: cuando del otro lado hay un equipo con las ideas puestas, Boca se marea poniendo jugadores en posiciones distintas, naufragando en una confusión que deja en descubierto algunas comparaciones como por ejemplo la de Lo Celso y Bentancur. Claramente en ese puesto debía estar Tévez, y arriba de él uno de los dos grandotes que estaban sentados.
 Pero dicho esto, el primer tiempo fue parejo, ninguno de los dos equipos sacó diferencias en el desarrollo (algo más peligroso Central, con futbolistas capaces de limpiar marcas para favorecer el panorama de la circulación, mientras Boca tenía velocidad por las bandas y orden con Barrios en el centro, pero nada de culminación). Puede decirse que en el primer gol los centrales achican mal, pero fue una maniobra magnífica en todo sentido, donde no se pueden hacer muchos reproches. El segundo fue una fatalidad de Sara. Y el resto del primer tiempo fue una lágrima de un equipo inofensivo, sin respuestas.
 Y en el segundo tiempo es donde podemos sacarnos el sombrero, decir que obligamos a los de Coudet a correr detrás de la pelota, poniendo más que jugando; mientras Boca supo encontrar a Benedetto en varias oportunidades, desdobló por los carriles a través de sus laterales y sus extremos; tuvo en Tévez un jugador para romper el molde y quitar referencias; y pasando bien el balón, con actitud para ir a empatarlo, puede decirse que empleamos un fútbol sensacional, de esos que les gusta a hombres como Arrigo Sacchi o César Menotti, pero no nos alcanzó. Y la pregunta que al ver este partido le surge a cualquier futbolero de ley es la siguiente: ¿era tan difícil jugar así desde el primer minuto? Si nos acordamos de jugar tarde, se hace muy complicado.
 Cuando Boca se queda afuera de cualquier competencia y queda clausurada su participación en una Copa Libertadores, en los pasillos de La Boca es como si fuera la tercera guerra mundial, por eso van a caer miles de supersticiones. Pero mi superstición es esta: nos fuimos a la altura, y estos jugadores me demostraron que son capaces de jugar realmente bien. Ahora hay que saber jugar así desde el primer minuto (para eso el entrenador debe estar decidido, tienen que comprender todos la misma idea), y cuando eso ocurra seremos un equipo de verdad, sin necesidad de salir al shopping a reventar la tarjeta en jugadores nuevos, porque como diría Jurgen Klopp, "si cambio el plantel cada vez que ando mal, cambiaría a mi mujer cada vez que me peleo. Hay que perfeccionar el material con el que se cuenta", un hombre que de haber visto el juego en el segundo tiempo, se hubiese sentido identificado.

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