El encuentro tuvo un punto de quiebre cuya fisura Gimnasia nunca pudo cerrar: el primer gol con la sociedad entre Tévez y Benedetto, que medró en una raíz que nos hizo florecer el segundo tanto a través de la misma fórmula, y así se agigantó el espléndido baobab del triunfo.
Antes de ese quiebre con aparición intergaláctica del Apache, Boca era un equipo en crisis, como nos venimos acostumbrando a ver en los últimos años, como ocurrió en su momento con Basile, con Borghi, con Abel Alves, y en su momento con Falcioni, Bianchi y Arruabarrena (hasta técnicos campeones: el universo Boca es capaz de devorar a cualquiera). Una confusión junto con una incomodidad agobiante sembraban terror en La Plata para los vestidos de auriazul, que no se les caía una idea, nadie encontraba su lugar para hacerse presente en el campo, donde para variar los mellizos improvisaron (no hay otro término que encaje mejor) con Zuqui en lugar de Centurión. Si la idea era que Zuqui colabore en el medio y soltar más a Pavón, no pareció: el ex Godoy Cruz jugó a la misma altura del ex Racing (inexplicablemente removido) y del titular cordobés, cuando esa no es su posición, y es cada día más difícil de creer que Boca haya desembolsado una millonada de verdes en traer a un futbolista para que juegue en una posición que no es la suya. Pero al mismo tiempo el tripero estaba haciendo un trabajo interesante, con los laterales atrayendo marcas, con Carrera ganándole las espaldas a los volantes centrales, con dos volantes tapones adueñándose de los rebotes y un equipo de Alfaro que se aparentaba más lúcido, clamando nuevamente a la pesadilla de no ganar en condición de visitante.
Pero al recurrir a un fragmento de un tema de las Pastillas del Abuelo, "dásela al diez, que ocurrirá otro milagro", podemos darnos cuenta que a veces la capacidad de un jerarca proveniente del primer mundo puede desactivar una estructura como fue la del lobo platense, que en principio se perfilaba más sólida y ordenada (un milagro surgido del talento de un fuera de serie). Pero cabe destacar la calidad de Benedetto para hacer valer la visión de Tévez para buscarlo: primero habilitando a Pérez con su taco característico, y en el segundo gol, definiendo de gran manera.
Gimnasia no tuvo la capacidad para recuperarse, entró en descontrol y a su vez Boca se tranquilizó y jugó a su merced. Ya con otro paisaje, con más espacio, Pavón hizo lo que hizo. Cuando le das lugar al talento, el talento fluye. A Tévez no se lo dieron, sino que lo buscó: ya lo de Pavón era otra historia, el partido era otra historia.
Puede decirse que teniendo un hombre de más, el segundo tiempo se jugó no para incrementar la diferencia sino para mantenerla (uno supone que estuvo la intención de agrandarla, pero si no se pudo fue por las mismas falencias de antes de emprender la peregrinación al 1-0). Esta vez Boca fue apariciones de sus jugadores más peligrosos y luego una contemplación armoniosa de la posesión, pero poco agresiva. Todavía falta para ser un equipo profundo, pero que el equipo está no hay duda: y en ese equipo ya se sabe muy bien el rol que ocupan sus más destacadas figuras.
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