viernes, 11 de noviembre de 2016

BRASIL 3 ARGENTINA 0: NOS OLVIDAMOS DE JUGAR AL FUTBOL

 Hoy en día, todo el debate gira en torno a los ciclos cumplidos, que se necesitan jugadores que salgan a comerse los rivales, brisas renovadoras. A decir verdad, hasta el primer gol Argentina desarrolló un fútbol mediocre pero parejo. Si el equipo se derrumbó luego del gol fue porque mentalmente estábamos perdiendo por goleada. Es decir, estén los nombres que estén, se necesita una inyección anímica, enfrentar a Neymar con la mentalidad de que no pase, y aunque nunca hicimos más de tres pases seguidos en el partido, seguir con las ganas de por lo menos pegarle al arco como hizo Biglia en el rato que teníamos una mínima esperanza.
 Recurriendo al psicoanálisis de Freud, lo psicológico repercute en lo físico. Si la mente está desgastada, el cuerpo seguro irá por el mismo camino. Si tantos jugadores de elite no son capaces de jugar un fútbol acorde a las posibilidades, no tendría que sonar descabellado el hecho de una renovación (y no lo digo por contagio del clamor popular), ya que la selección está por encima de todos los nombres, incluso de Messi, pero lógicamente es el único inamovible. 
 Como diría Carlos Bianchi, a veces al futbolista es mejor sacarlo para protegerlo. Y si nos vamos más allá del fútbol, el genio de Albert Einstein nos trae frases célebres como "si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo". Vamos a hacer un ejercicio que va en contra de la cultura argentina: aprendamos del rival. 
 Brasil tenía a Aguero y a Higuaín en la defensa: tenía a David Luiz y a Thiago Silva, cracks por donde se los mire. En la renovación que encabezó Tité para recuperar la mística brasilera ellos no estaban en los planes. Con Marquinhos y Miranda en la zaga, con los mismos laterales pero en otro nivel, con mediocentros de creatividad (que aparecen para armar juego), y delanteros innatos en lo talentoso, Brasil se parece otra vez a un equipo brasilero. ¿Y nosotros a que nos parecemos? A unos caprichosos que seguimos sin fiscalizar una mínima gota de juego. En lo personal, Di María, Mascherano, Zabaleta, Higuaín y Aguero me parecen de los mejores del mundo, y no es que piense en otros porque jugaron mal un partido, sino porque el que no quiere ver la realidad es un necio: hace varios partidos que no rinden, no le dan una identidad al equipo, y haciendo honor al virrey, cada vez son más propensos a los insultos cada segundo que están en cancha. 
 Y Bauza también se lleva el papel de malvado en esta película: no solo porque no se animó a sacar a Di María en el entretiempo, sino porque esta vez le abofetearon con una paliza táctica digna de un azotamiento con los mejores látigos. El planteo de Tité fue sencillo: como Argentina no juega a nada y le quema la pelota, se la dejó manejar; a la hora de tenerla fue profundo (hace cuanto que no veo algo así en Argentina, algún pase al vacío) con pases precisos de Renato Augusto y desequilibrando con Neymar, Coutinho y Gabriel Jesús, que se entienden a la perfección; los de afuera cambian de lado; el chico del centro se tira atrás, junta marcas y hace jugar a los otros dos; en conclusión, Brasil es un equipo. El DT brindó un mensaje y sus futbolistas lo comprendieron. Luego del primer tanto se desvirtuó a favor del rival, la identidad brasilera (¿cual es nuestra identidad?) de la gambeta, el arte, el toqueteo y la potencia física despilfarraron toda camiseta albiceleste, fue un partido de play en nivel principiante hecho realidad, donde los locales manejaban el control a la perfección.
 El primer gol tardó tanto en llegar porque podría decirse que todavía podíamos correr (desde lo mental aún no habíamos caído tan bajo) y teníamos aunque sea la dignidad de pegarle al arco. Y ahí es donde puede verse porqué Enzo Pérez fue el único aprobado y no tenía que salir en el entretiempo: fue el pobre zapo de otro pozo que se acordó de cómo jugar a la pelota: el que se desmarcaba, rompía líneas, interpretaba los movimientos en lo defensivo y ofensivo, haciendo de volante interno y carrilero por derecha a la vez, todo lo contrario a Di María, que se olvidó de cómo se juega a este deporte: agarra la pelota y corre para adelante, como si estaría corriendo una maratón en la pista de las afueras del césped. Lo mismo hicieron Messi, Aguero, y todo jugador que no tenía a quien pasarle el balón y generar algo. Pero quiero reiterar nuevamente en lo que fue el bajón anímico: fue tal la declinación psíquica que fallamos en cosas de manual: iban cuatro al mismo jugador, dejando vía libre a un receptor en soledad; entre otros errores tácticos proclives al papelón que tuvimos que pasar. Por eso hago valer el significado del título: literalmente nos olvidamos de cómo se juega a esto.
 Hay que recuperar la memoria urgente y clasificarse a Rusia, pero parece que nos quedamos en el camino, que no nos da la nafta para llegar enteros. Empecemos a pensar alternativas, Bauza debe hacer jugar a un equipo perdido, amilanado, extenuado. No hay duda de que necesitamos aire fresco, pero lo que hay que abarcar en el pensamiento común es que hay que reconstruirse en cuanto a las formas, guiarse para poder encontrar una manera de jugar. Puede ser que para ello se requiere de reciclar nombres, pero yo no soy quien tenga la respuesta. Yo no sé si con Ascacíbar y Acuña hubiesen contenido el circuito de Brasil, si Buffarini hubiera atropellado las bicicletas atómicas de Neymar (de hecho Mas, hombre del medio local como todos piden, no fue de los más condenados pero tampoco pasó el examen), si Icardi o Alario se hubiesen conectado y aguantado la pelota de espaldas como no pudo hacer Higuaín. Hacer suposiciones sobre cual hubiera sido el resultado según los nombres no deja de ser supersticioso. Vengan los jugadores que vengan, se necesita recordar algo de fútbol (quedó demostrado en los J.J.O.O, cómo fracasó un equipo con mucho hambre y futuro pero sin preparación); confiemos en que Bauza encuentre la solución. Si Brasil pudo, porqué no podríamos nosotros.

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