lunes, 12 de diciembre de 2016

RIVER 2 BOCA 4: UN JUEGO DE ERRORES Y ACIERTOS

 Una de las epopeyas xeneizes más grandes de la historia, el mejor superclásico del siglo XXI. Veníamos de Boca-River aburridos, cerrados, con pocas emociones, y gratamente el último domingo nos han brindado un espectáculo digno de ver para cualquier neutral, pero no apto para corazones sensibles con peligro de infarto en caso de simpatizar con cualquiera de los dos elencos. Eso es fútbol en estado puro. Se puede decir que los derbys anteriores se jugaron mal porque no se generó un juego adecuado para incomodar en las áreas, pero ahora además del potencial ofensivo de ambos conjuntos hubo numerosos desaciertos defensivos que testimoniaron el histórico marcador. El fútbol es así, caprichoso. Pero no nos olvidemos de que esto es un juego, y los juegos deben ser divertidos: si con desacoples en las dos áreas podemos empacharnos de remates al arco y goles de un lado y otro, que así sea en todos los clásicos del planeta, antes que un partido de ajedrez donde se examina más de lo que se concreta; porque estos partidos son encuentros aparte, son la encarnación de la pasión y la rivalidad, seguro sean lo más hermoso de este deporte: ¿que más podemos pedir que disfrutarlos?
 Vamos a citar a fenómenos del balonpié para enriquecer las líneas.
 Dante Panzeri, que marcó un hito en la historia del periodismo deportivo en la Argentina, manifestó muy sabiamente que el fútbol es la dinámica de lo impensado. Todos creyeron que el asunto iba a girar al rededor de Gago, que Gallardo debía buscar la manera de neutralizarlo y Guillermo la forma en que siga desplegando su aporte colectivo. La realidad estuvo en que el cinco de los mellizos dedicó toda su labor a lo defensivo, fue un volante central clásico de contención, y Boca no comenzó arrollando a sus primos de la mano de su eje de circulación, sino que lo hizo atacando directo, de la mano de Tévez, dependiendo del 10 en todas las maniobras. Si Pavón le ganó las espaldas al chico Olivera fue por pases en profundidad del enganche (hay que aclararlo: Tévez jugó de armador), que hasta transformó contraataques en jugadas de igualdad numérica cambiando velocidad por inteligencia, producto de su desarrollada conducción, porque el primer tanto es una obra maestra del Apache: Boca iba embalado como gran parte del primer tiempo, pero él decidió pensar, paró la bocha, juntó marcas y lo dejó solo a Bou; solo un crack puede hacer esa maniobra riquelmeneana. 
 Pero esto es la dinámica de lo impensado: Gallardo no bloqueó a Gago y a los volantes poniendo una marca encima, sino que los hizo marcar a ellos. La mejor marca de Gago fue D'alessandro, que por momentos le miró el número junto con Pérez y Bentancur, que sufrieron las diagonales de Driussi, los centros al área que no eran por apuro, sino porque River utilizaba al ex (¿actual?) Inter de Puerto Alegre para armar el 2-1 por las bandas y terminar la jugada por el centro. No fue un partido de ida y vuelta constante: primero fue el momento de uno, luego del otro. Ambos dominaron y fueron dominados. Y como se dijo antes, cuando hay muchos goles es porque además de aciertos, hay errores: error de escuelita de Peruzzi en el empate, siesta total de Vergini en el segundo (permítanme traer al artículo a otro genio: Diego Simeone, cuando dijo que el fútbol es un juego de errores). 
 Boca no salió del todo armado al complemento, sino que continuaba afligiéndose de un desarrollo que lo ponía en desventaja, sin sentirse cómodo apostando a la réplica cuando venía de victorias jugadas a sus tiempos y con la pelota en su poder. Sin dudas lo que fue un antes y un después fue que Boca comience a tener la pelota: sin D'alessandro, Gago no tuvo ese rombo para armar un bloque, pero se rompió el itinerario de River en su búsqueda hacia Werner, y nació una proeza que quedará grabada en la historia de los libros del club de la Ribera. 
 ¿Cuanto significa lo mental en el fútbol? Mucho, muchísimo. Boca tuvo mentalidad de darlo vuelta, de transformar una jugada aislada en un desmoronamiento defensivo de la última línea millonaria, que tuvo una pobre respuesta de parte de su arquero (otra vez, gracias Cholo por las palabras), pero gracias a una garra urgida desde las venas auriazules de Walter Bou, para dar una pirueta de acróbata que habilite a Tévez a igualar la batalla que muchos daban por perdida. "Cuando a un guerrero se lo tiene en el suelo, es mejor cortarle la cabeza y acabar con él, porque puede levantarse y acabar con vos", tuve la suerte de leerlo en una de las líneas de Roberto Pefumo en Olé, y cuanta razón tenía. Boca fue un guerrero que nunca estuvo muerto. Y para explicar su resurreción podemos traerlo a Román con un broche de oro: "en el fútbol argentino se juega mal porque priorizamos un cinco antes que un diez, se corre y no se piensa". Gallardo dejó a River sin el que piensa, y se dedicó a correr, pero corrió mal, se desordenó tácticamente, y como un año atrás la fatídica lesión de Gago significó un gol de Lodeiro, la lesión de Bou nos hizo volver a los dos extremos para capitalizar el bajón del rival con alma y gambeta, regocijando de una aceleración en tres cuartos, coordinado con un Carlitos que le puso el lustre a una tarde que tuvo a 11 luchadores venciendo a más de 60.000, pero no los venció luchando sino jugando, y el juego lo creó su líder. El argentino es necesitado de líderes, los grupos en sí los solicitan: un jefe es alguien que dictamina y ordena, un líder es uno más, pero que sus compañeros le otorgan el rol de conductor porque sienten que ese líder les marca el camino. Eso es Carlos Alberto Tévez. Eso fue el golazo inexorable que narra la leyenda de alguien que volvió para escribir su historia y la de la mitad más uno del país. ¿Hay alguno que pueda analizarme cómo dios creó el mundo? Yo tampoco puedo explicar lo que hizo el que fue tocado, justamente, por la barita de ese dios. Será que las deidades son indescifrables para el simple ojo humano.
 Esto es el fútbol: disfrutar, sufrir, llorar, creer, esperanzarse, disfrutar, gozar, ser feliz. Palabra a palabra, así fue el desarrollo del xeneize en el superclásico. Pero si Guillermo tiene a Guardiola como uno de sus espejos, que recuerde la obsesividad que hizo llegar al éxito al catalán: hay que estar en cada detalle, y a veces la victoria te enceguece. Somos un equipo, tenemos una columna vertebral, tenemos recambios que engranan con el conjunto, tenemos juego y actitud, pero no hay que creérsela y pensar que todo está perfecto: tal vez por eso para un DT nunca se alcanza la felicidad y el estrés se apropia de sus noches, porque esos aciertos y errores, siempre se buscan convertir en solo aciertos, pero el trabajo es interminable, es imposible llegar a la excelencia anhelada, por eso siempre los ciclos en algún momento se desgastan, por eso Ferguson hay uno solo. ¿Pero porqué mientras tanto no disfrutar ese extenso camino? Vivamos ese abrazo de Guillermo con Werner como alguien y un grupo que lucharon, se esforzaron, y meritaron un objetivo, de tantos otros que vendrán. 

lunes, 5 de diciembre de 2016

BOCA 4 RACING 2: CON GAGO SOMOS COSA SERIA

 Un párrafo aparte se merece la previa del partido, el homenaje a las víctimas del Chapecoense, un momento en el que seguro todos pensamos lo hermoso que es el fútbol. Ese sentimiento surge porque al fin y al cabo, el deporte trata de compartir: en este caso (en el fútbol), se comparte la pelota. Es decir, cuando le haces un pase a un compañero, se está compartiendo algo, y cuando vas a trabar a un rival, también. Y en un ambiente de colegas, puede vislumbrarse la solidaridad, el sentimiento mutuo, de que el deporte puede unirnos a todos: en este momento, todos somos Chapecoense. Ahora nos toca unirnos en la tragedia, pero si nos unimos en lo organizativo, en hacer cada día un mundo mejor, tal vez podamos combatir la corrupción, ayudarnos entre todos.
 La estrategia de Racing fue la de un equipo del montón que visita la Bombonera: contener las iniciativas locales y salir rápido. La diferencia que distingue a los de Zielinski del resto es que lo hizo de forma espantosa: como dijo su entrenador, salió a jugar mano a mano, olvidando completamente lo que quiere decir una marca zonal, totalmente desincronizado, cautivado por un juego de Boca que iba a la par de Gago. El partido de Tévez lo demuestra: se movió entre líneas, en un hueco enorme que se visualizaba entre el mediocampo y la defensa. Por eso el fútbol es un deporte de equipo: si se va a tomar como referencia al jugador (en este caso Tévez), luego se debería contemplar la pelota, y luego el indispensable compañero: si va Cerro en busca de Tévez, Aued debe hacer la cobertura para que no quede pagando. Eso es tener contacto químico con los compañeros, saber cómo neutralizar al rival si es que ese era el planteo. Racing no tuvo nada de eso.
 Sin dudas la aparición de Gago fue un aire fresco, potenció a los compañeros (hasta a Tévez), y podemos darnos el lujo de deleitarnos con sus pinceladas de fútbol, con toque corto y pase en profundidad. Pero decimos que con Gago Boca es cosa seria porque a través del volante central se generó una comunión colmada de una homogeneidad esplendorosa: Bentancur, de los más cuestionados, encontró un rol: cubrir a Gago, ser su bastón. Indudablemente al pibe le vino bárbaro tener un consagrado a su lado. Además, Guillermo logró que el equipo se mueva en bloque, de manera fina y acaramelada: Peruzzi sale del prototipo medio de laterales, y rompe el molde dejando el costado para aparecer por el centro con una diagonal; Pérez y Tévez concuerdan las sinfonías de Gago para tocar la mejor melodía; arriba es un equipo clásico, con uno por afuera y uno por el centro (mientras Bou engrana de manera fenomenal, habría que ajustar algunas tuercas con Pavón, que mientras todos siguen el mismo ritmo, a veces con su velocidad sale fuera de sí, bailando rock and roll cuando en el boliche todos bailan cumbia cheta); y cuando una serie de combinaciones por el centro pueden hacer que el rival mantenga el ojo puesto en la pelota, puede aparecer Fabra completamente solo pisando el área. Esto es asociarse con los compañeros, sorprender, emplear un fútbol total.
 Cuando de manera fugaz descontó por duplicado Lisandro López, parecía mentira, pero llegaba a la diferencia de un solo gol un equipo que no había hecho nada para merecerlo. Tal vez sí lo había hecho Romero, el único fuera de serie en su equipo, capaz de dormir la pelota como con un guante y rematar al arco por puro ímpetu individual, mientras que Lisandro López, en una posición en la que necesita de los demás para aparecer, apareció en las dos únicas pelotas que le llegaron redondas. Primero porque Romero se lució, y segundo porque Sara se complicó solo. El fútbol tiene estas cosas increíbles: podes estar haciendo un partido perfecto, pero en un instante todo puede cambiar, por eso hay que estar concentrados los 90 minutos, sin chistar.
 El ingreso de Barrios fue un cambio netamente defensivo, y ahí es cuando me pregunté porqué modificar una estructura que venía funcionando más que bien. Tal vez a veces haya que cambiar hasta lo más benévolo, porque cuando las cosas van derechas uno nunca piensa que pueden torcerse, cuando la posibilidad siempre está latente. Si Racing no jugaba a nada por naturaleza, con un hombre más en la zona de contención había nulas chances de que lo haga, es decir, en pocas palabras, había que cerrar el partido. Y hasta en un contexto menos favorable para su aporte (menos favorable porque ya no había distintos recursos para ensamblar un circuito, sino que el equipo ya estaba destinado a cortar pases rivales, interceptar y dormir el trayecto), Gago es la nitidez en su misma esencia: a dos toques, casi sin mirar, de memoria, puso una bocha espectacular.
 A ver si entendemos: cuando el equipo jugaba armoniosamente, a dos toques, se destacó en la fase de la posesión y lideró el ataque en bloque; pero cuando había que jugar en largo, también lo hizo a la perfección. Entiende todo. Solo dos palabras pueden definirlo: Fernando Gago.

lunes, 28 de noviembre de 2016

SAN LORENZO 1 BOCA 2: PARA CORTAR UNA RACHA, SE DEBEN CORTAR LOS VICIOS

 Torneo Inicial 2012, 3-1 en la Bombonera con goles de Silva y Paredes (por duplicado), Mirabaje para San Lorenzo, había sido el último triunfo oficial en este clásico tan codiciado por el hincha de Boca. La victoria tardó tanto en volver por la sinergia de las malas campañas, falta de identidad y personalidad poco acorde para disputar finales. Cuando nos referimos a la personalidad nadie dice que los jugadores no transpiren o no sientan la camiseta, sino que hablamos de personalidad para jugar al fútbol. Si se ganan partidos de una determinada manera, las finales se deben ganar por la misma senda de aquel ideal futbolístico (nadie trabaja en la semana para echar todo a perder en los compromisos donde abunda el dramatismo y sacuden los nervios); es por eso que a Boca le pesó las finales perdidas ante Independiente del Valle y Rosario Central (semifinal y cuartos de final, respectivamente), porque de esos 270 minutos, solo jugó como se debe los últimos 45. Si Boca le ganó bien a San Lorenzo en el Bajo fue porque tuvo lucidez para desarrollar el planteo de Guillermo y porque sobre el final tuvo la callosidad para no torcer el rumbo.
 Los mellizos decidieron cambiar: la vuelta de Gago por Centurión quitaba desequilibrio, velocidad y llegadas por las bandas, pero otorgaba atributos como más gente para la presión detrás de la línea de la pelota, buena lectura para la posesión, más corte en el medio, inteligencia para romper líneas. Con tres hombres en el centro más Tévez delante de ellos, la idea es clara: jugar por el centro, pero romper por afuera; y para eso fue fundamental Peruzzi con sus proyecciones por sorpresa; Pavón, aunque nunca finalizó bien lo bueno que comenzó; y esta vez pasó desapercibido lo de Fabra por el lado izquierdo. La tenencia de Boca es armoniosa, pausada: para eso Gago decide hacia dónde jugar, y luego la jugada prospera según las decisiones finales. Fue una gran noticia la vuelta de Gago porque solo un jugador de su estampa puede volver después de siete meses y ser tan determinante, y es porque para su juego lo físico no es tan rigoroso, sino que prepondera lo mental: hacia donde darle dirección a la jugada, cómo hacer eso tan importante para el fútbol (lo principal), que es darle la pelota a un compañero. Por eso hizo la carrera que hizo: porque lo mejor que hace es lo más importante, e increíblemente lo más sencillo (tal vez porque él lo hace sencillo).
 Entonces, con orden táctico, destreza para sorprender con algún pase al vacío o juntar tres jugadores en un rondo circunstancial que haga florecer la tenencia del balón, Boca encontró en un pase riquelmeneano de Tévez un golazo de Benedetto, que cabe destacar, ya no es un nueve que hace goles y cumple, sino que es más bien un crack que inventa tantos que cualquier jugador en su puesto debe soñar a la noche mientras duerme, pero le es difícil de concretar. Y es noticia el 2-0 de Bou no solo porque el centrodelantero de recambio dice presente, sino porque si bien el gol surge del error ajeno, aunque no parezca, eso es puro trabajo. Como diría Arrigo Sachi (experto en equipos que presionan en campo contrario), los errores ajenos son también logros propios, porque viendo el punto más minucioso de la jugada, esos errores son generados por uno.
 Con el gol de Belluschi a segundos de irse al vestuario volvieron los malos recuerdos, los de los vicios, las desconcentraciones (la última línea sale mal y lo dejan habilitado), y para el rival iba a ser un punto de inflexión, ya que le era importantísimo descontar antes del segundo tiempo. Y parecían volver los vicios cuando se vio que en los segundos 45 minutos Boca no era el mismo equipo, ya no rodeamos tan bien a Gago, ya no estaban las juntadas colectivas que daban oxígeno, sino que cuando había que atacar nos faltaba aire, y San Lorenzo crecía con el tiempo, no por implementar un juego abrumador sino por su potencial ofensivo, porque Belluschi llevaba la pelota, Blanco aparecía de un lado, Cauteruccio por el otro, Ortigoza empujaba por el centro, y Boca se estaba quedando. Y nos amenazaban vicios que nos turbaban el alma: no liquidar el partido (primero Pablo Pérez, luego un insólito pase de Bou cuando Pavón podía quedar mano a mano con Torrico) y dormirse en la mitad de la cancha (donde se ganan los partidos, Bentancur y Pérez ya no estaban finos). Pero se tuvo prestancia para aguantar cuando se tuvo que hacerlo. Para eso se necesitó suerte: si Cauteruccio en vez de reventar el travesaño reventaba la red, y en la que tapa Sara hubiese tenido un mejor control, no se sabe que hubiera ocurrido, pero al rededor de esas imperfecciones también sobresaltan aciertos defensivos del xeneize para proteger la ventaja.
 Como marca "La República" de Platón, los ideales de la sociedad deben ser potenciar las virtudes y neutralizar los vicios. Nuestras virtudes estuvieron en poner la pelota contra el piso en el primer tiempo y robustecerse en el complemento, mientras que gracias a eso, los vicios permanecieron opacos.

lunes, 21 de noviembre de 2016

BOCA 1 ROSARIO CENTRAL 1: HAY QUE CORRER EN EL BUEN SENTIDO

 Como tuve que hacer en el triunfo de Argentina por 3-0, nuevamente tengo la desgracia de referirme a temas que genera el fútbol sin que pertenezcan a él, y no poder hablar de lleno acerca del deporte que más nos apasiona a todos los argentinos (¿será así nuestra idiosincrasia, que generamos un show descontrolado producto de una demagogia insaciable?). En este caso, quiero citar a Arrigo Sachi, donde en su libro "Fútbol Total" nos dice que antes de un buen futbolista es menester ser un buen profesional. Los mejores del mundo como Guardiola, Mourinho, el mismo Sachi, han tenido episodios problemáticos con estrellas mundiales por su mala conducta, y eso es porque tienen la personalidad y la buena conducción para manejar planteles: para ellos el fútbol es cosa seria, y si algún dirigido estaba falto de responsabilidad con el club, le faltaba el respeto a sus compañeros o a los rivales, Pep, por ejemplo, lo invitaba a comer, y si la situación no cambiaba, ese jugador debía marcharse, llámase Samuel Eto´o o Zlatan Ibrahimovic. 
 Si Coudet desea ser un buen técnico debe aprender ellos, hacer algo con el excremento de profesionalismo y valores humanos de Teófilo Gutiérrez, que ni siquiera le tiene respeto a los hinchas de Central (ya no juega más en River, ahora en la camiseta tiene bastones y no una banda), que le falta respeto a los rivales, que no es ni inteligente para ser consciente del caos que generó y cuando se va a las duchas sigue provocando, que tiene antecedentes de "patoterito" nivel avanzado llevando armas de juguete en el bolso; en síntesis: una verdadera basura que viene de Colombia a traer más porquería de la que ya hay en nuestro fútbol (vino de Europa: ¿lo habrán echado?), un irresponsable que deja con 10 a sus compañeros y le falta el respeto a todos. Ahora bien, lo que hicieron los jugadores de Boca fue entrar en un juego que nos demuestra que pasan estas cosas debido al subdesarrollo de nuestra mentalidad como sociedad: al final, le dimos el gusto de salir perjudicados, cuando hubiera sido mejor cerrarle la boca a goles estando con un hombre más; y que así quede aún más expuesto, que sus actos nefastos le produzcan infelicidad. Y Centurión querido, si te vas a ganar una expulsión que valga la pena, no le des un empujoncito... ni siquiera tuvimos viveza para eso, por más morbo que suene. 
 Hablando un poco de fútbol, vale y mucho la pena volver a hacer referencia al maestro italiano mencionado anteriormente, quien introdujo un cambio cultural en el fútbol de su país: además de que empezó a fomentar la marca en zona y dejar de utilizar la individual, desarrollar tácticas ofensivas y dejar de hacer hincapié en el famoso catenaccio, también se esmeró en algo clave: primero estaba lo colectivo y luego lo individual, y la técnica debía adquirirse en el juego y no como un mecanismo ajeno a ello. Y vale la pena agregar algo más: los rondos los entrenaba con pleno movimiento antes de recibir la pelota, porque en plena posesión era contraproducente que sus jugadores se habitúen a estar quietos, necesitaba movilidad para que así sea en el partido. Si Boca no juega bien es porque tiene jugadores dotados técnicamente pero aparecen de forma aislada: lo mejor del xeneize fueron las arremetidas provistas de anarquía (el esfuerzo de Benedetto, las corridas de Fabra, las ganas de Tévez, el corner olímpico de Pavón), pero cuando es hora de hacer circular la pelota es un equipo pálido, que no genera nada, y eso es porque no hay ideas, los receptores están quietos y el portador no tiene una ayuda fructífera. Central es un equipo distinto: llegan jugadores corriendo al vacío (no es lo mismo recibir la pelota en movimiento que estando parado), hay triangulaciones, cambios de frente; por lo menos hasta quedarse con 10, donde luego se cuidó y salio a esperar algún error en el fondo de Boca. 
 Otra cosa que Sachi manifiesta en su escrito es que primero se juega al fútbol con la cabeza y luego con los pies, que estos no son nada más que un procedimiento para llevar a cabo lo que hace la mente. Si hay alguien que comprendía eso a la perfección era Riquelme, alguien que no vendría nada mal en este momento: Fabra puede ir hasta el fondo dejando en el camino a tres jugadores alguna jugada, pero no puede hacerlo todo el partido, no se puede depender todo el tiempo de que alguien se inspire y pasar la pelota de forma inofensiva dejando correr el tiempo; eso no es una buena posesión del balón. Y otro dilema que sigue sin ser resuelto es la superpoblación en determinados puestos y la escasez de personal en otros: trajimos a Barrios y a Pérez (casi olvidándonos de que Gago estaba en el plantel) y no tenemos recambio para Pavón o Centurión (sigue entrando Zuqui para jugar en esa posición, ¿y a Solís para que lo compraron?); y ocurren cosas como las de ayer, ya que era un partido para Gago pero optamos por Sebastián Pérez (a veces, cuando hay mucho para elegir, no puede elegirse bien), que no pudo cambiar la ecuación. 
 Y para finalizar, esta es una cosa que hace de Arrigo Sachi un mentor del balonpié y también hombres como Jurgen Klopp: según ellos, para asistir al estadio la gente paga una entrada o una cuota social, y por eso los equipos deben pensar en ellos y darles espectáculo. No pensaron en eso los jugadores de Boca que fueron al tumulto (pudo haber más de un expulsado si lo disponía el árbitro), y tampoco hacen nada por ello si no corren usando la cabeza, es decir, correr para desmarcarse, tirar una pared, buscar el espacio. 

jueves, 17 de noviembre de 2016

MESSI 3 COLOMBIA 0

 Antes de comenzar a hablar de lo que fue la epopeya realizada por alguien digno de ser el mejor de todos los tiempos, corresponde dar lugar a la triste situación relacionada con los medios de comunicación y el plantel argentino, otra apenada sinfonía que nos dan para escuchar los podridos accordiones de este maltrecho clima que se vive en el más indecoroso profundo del país. Para empezar, yo no justifico las faltas de respeto (y no debería haber nadie que lo haga), que de algo que trata exclusivamente de fútbol se hable de temas que no tienen ningún escrúpulo para la vinculación. Y a su vez, creo que tampoco se justifica el hecho de no hablar con ningún medio de comunicación, ya que hay muchos que no tienen absolutamente nada que ver. No estoy diciendo que no se condenen las injusticias, porque tal como dijo Platón en su libro "La República", una sociedad no puede funcionar sin reglas, compuestas por un estado de derecho. Las reglas nos marcan lo que debe hacerse y qué no, y por ende concluimos en lo que es justo e injusto. No existe ningún organismo que dicte leyes para los medios, por lo tanto cualquiera está apto para decir la barbaridad que se le ocurra, pero meter a todos dentro de la misma bolsa es caer en el típico cinismo donde cada uno toma partido por sus propias reglas y todos salimos perjudicados. Tal vez si esas reglas generales no existen (además de que no existan legalmente no están incorporadas en nuestra ética y moral) la sociedad debería fomentarlas, pero está anexado el hecho de la reprimenda exagerada, de silbar a un jugador, y así también ocurre en los medios, donde el silbido tiene un poder y una contextura totalmente distinta que lo convierten en un arma brutal. Combatir ese arma castigando a todos no es la solución (sí lo es iniciando acciones legales, como lo hizo Lavezzi), sino que parece más bien una excusa para evitar el contacto con los periodistas, donde muchos de ellos sí realizan una crítica objetiva y de nivel.
 Luego del análisis extra-futbolístico (esto es lo que nos da el fútbol argentino hoy en día), cabe recalcar lo que fue el triunfo del seleccionado. ¿Argentina encontró un disposicionamiento táctico favorable? Puede ser. ¿Bauza halló una línea de juego? A medias. ¿El equipo recuperó individualmente el nivel de cada uno de sus nombres? Sí, y eso se debe a que hubo un Homero que encabezó la odisea y contagió al resto. 
 Fue un partido muy distinto en todo sentido: primero por el rival. Para el potencial con el que cuenta, el elenco de Pekerman emplea un fútbol demasiado austero, previsible, sin explosión ni movilidad ofensiva. Tiene jugadores capacitados para ser sorpresivo: en Cuadrado y James tiene futbolistas capaces de jugar un juego exquisito combinado con talento individual; pero los volantes centrales no los ayudan, los laterales tampoco, y sus intenciones se dilatan en oscilaciones totalmente exteriorizadas de una comunión general. La disciplina defensiva siempre la conserva, pero a veces (casi siempre) en el fútbol se necesita salir de ese molde, y si hubo alguien que rompió el molde en Argentina fue Messi. El astro rosarino generó peligro cuando el arco parecía lejos, cuando lo rodeaban tres rivales, cuando con su sola presencia aminoró al defensa colombiano que se dejó estar en la presión argentina. Pero no solo el rival cambió: el equipo que dirige Bauza tuvo una idea: dársela al diez, como dice la canción. Pero son 11 vs 11, y esa magia debe estar dentro de un contexto que la haga posible: para eso jugó Banega, que no es alguien pueda decirse que habla el mismo idioma pero entiende cuando Messi gesticula. 
 Estos tres puntos nos dejan festejar la navidad tranquilos, pero aunque sabemos que tenemos el pan dulce, todavía hay que buscar la receta para decorarlo con las mejores frutas: si Messi no hubiera estado en cancha, posiblemente hubiera sido una pálida actuación como se dio antes del primer gol, donde las gambetas de Cuadrado (que escapaba de un medio campo que marcaba mal, en línea) nos preocupaban más que la tabla de posiciones. Pero claramente ese tanto de tiro libre eclosionó en un equipo más calmo, que comprendió que jugando para Messi era posible ganar y jugar mejor: allí nació la esperanza, el camino hacia el triunfo que él mismo catapultó. Si armamos una base que juegue a la par de él y no que dependa exclusivamente de él, tal vez algún día podamos brindar en navidad con algún regalo en el arbolito. Pero primero lo primero: hay que clasificarse, y nadie nos va a regalar nada, excepto Messi, el Papá Noel de esta desdibujada realidad institucional y deportiva.

viernes, 11 de noviembre de 2016

BRASIL 3 ARGENTINA 0: NOS OLVIDAMOS DE JUGAR AL FUTBOL

 Hoy en día, todo el debate gira en torno a los ciclos cumplidos, que se necesitan jugadores que salgan a comerse los rivales, brisas renovadoras. A decir verdad, hasta el primer gol Argentina desarrolló un fútbol mediocre pero parejo. Si el equipo se derrumbó luego del gol fue porque mentalmente estábamos perdiendo por goleada. Es decir, estén los nombres que estén, se necesita una inyección anímica, enfrentar a Neymar con la mentalidad de que no pase, y aunque nunca hicimos más de tres pases seguidos en el partido, seguir con las ganas de por lo menos pegarle al arco como hizo Biglia en el rato que teníamos una mínima esperanza.
 Recurriendo al psicoanálisis de Freud, lo psicológico repercute en lo físico. Si la mente está desgastada, el cuerpo seguro irá por el mismo camino. Si tantos jugadores de elite no son capaces de jugar un fútbol acorde a las posibilidades, no tendría que sonar descabellado el hecho de una renovación (y no lo digo por contagio del clamor popular), ya que la selección está por encima de todos los nombres, incluso de Messi, pero lógicamente es el único inamovible. 
 Como diría Carlos Bianchi, a veces al futbolista es mejor sacarlo para protegerlo. Y si nos vamos más allá del fútbol, el genio de Albert Einstein nos trae frases célebres como "si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo". Vamos a hacer un ejercicio que va en contra de la cultura argentina: aprendamos del rival. 
 Brasil tenía a Aguero y a Higuaín en la defensa: tenía a David Luiz y a Thiago Silva, cracks por donde se los mire. En la renovación que encabezó Tité para recuperar la mística brasilera ellos no estaban en los planes. Con Marquinhos y Miranda en la zaga, con los mismos laterales pero en otro nivel, con mediocentros de creatividad (que aparecen para armar juego), y delanteros innatos en lo talentoso, Brasil se parece otra vez a un equipo brasilero. ¿Y nosotros a que nos parecemos? A unos caprichosos que seguimos sin fiscalizar una mínima gota de juego. En lo personal, Di María, Mascherano, Zabaleta, Higuaín y Aguero me parecen de los mejores del mundo, y no es que piense en otros porque jugaron mal un partido, sino porque el que no quiere ver la realidad es un necio: hace varios partidos que no rinden, no le dan una identidad al equipo, y haciendo honor al virrey, cada vez son más propensos a los insultos cada segundo que están en cancha. 
 Y Bauza también se lleva el papel de malvado en esta película: no solo porque no se animó a sacar a Di María en el entretiempo, sino porque esta vez le abofetearon con una paliza táctica digna de un azotamiento con los mejores látigos. El planteo de Tité fue sencillo: como Argentina no juega a nada y le quema la pelota, se la dejó manejar; a la hora de tenerla fue profundo (hace cuanto que no veo algo así en Argentina, algún pase al vacío) con pases precisos de Renato Augusto y desequilibrando con Neymar, Coutinho y Gabriel Jesús, que se entienden a la perfección; los de afuera cambian de lado; el chico del centro se tira atrás, junta marcas y hace jugar a los otros dos; en conclusión, Brasil es un equipo. El DT brindó un mensaje y sus futbolistas lo comprendieron. Luego del primer tanto se desvirtuó a favor del rival, la identidad brasilera (¿cual es nuestra identidad?) de la gambeta, el arte, el toqueteo y la potencia física despilfarraron toda camiseta albiceleste, fue un partido de play en nivel principiante hecho realidad, donde los locales manejaban el control a la perfección.
 El primer gol tardó tanto en llegar porque podría decirse que todavía podíamos correr (desde lo mental aún no habíamos caído tan bajo) y teníamos aunque sea la dignidad de pegarle al arco. Y ahí es donde puede verse porqué Enzo Pérez fue el único aprobado y no tenía que salir en el entretiempo: fue el pobre zapo de otro pozo que se acordó de cómo jugar a la pelota: el que se desmarcaba, rompía líneas, interpretaba los movimientos en lo defensivo y ofensivo, haciendo de volante interno y carrilero por derecha a la vez, todo lo contrario a Di María, que se olvidó de cómo se juega a este deporte: agarra la pelota y corre para adelante, como si estaría corriendo una maratón en la pista de las afueras del césped. Lo mismo hicieron Messi, Aguero, y todo jugador que no tenía a quien pasarle el balón y generar algo. Pero quiero reiterar nuevamente en lo que fue el bajón anímico: fue tal la declinación psíquica que fallamos en cosas de manual: iban cuatro al mismo jugador, dejando vía libre a un receptor en soledad; entre otros errores tácticos proclives al papelón que tuvimos que pasar. Por eso hago valer el significado del título: literalmente nos olvidamos de cómo se juega a esto.
 Hay que recuperar la memoria urgente y clasificarse a Rusia, pero parece que nos quedamos en el camino, que no nos da la nafta para llegar enteros. Empecemos a pensar alternativas, Bauza debe hacer jugar a un equipo perdido, amilanado, extenuado. No hay duda de que necesitamos aire fresco, pero lo que hay que abarcar en el pensamiento común es que hay que reconstruirse en cuanto a las formas, guiarse para poder encontrar una manera de jugar. Puede ser que para ello se requiere de reciclar nombres, pero yo no soy quien tenga la respuesta. Yo no sé si con Ascacíbar y Acuña hubiesen contenido el circuito de Brasil, si Buffarini hubiera atropellado las bicicletas atómicas de Neymar (de hecho Mas, hombre del medio local como todos piden, no fue de los más condenados pero tampoco pasó el examen), si Icardi o Alario se hubiesen conectado y aguantado la pelota de espaldas como no pudo hacer Higuaín. Hacer suposiciones sobre cual hubiera sido el resultado según los nombres no deja de ser supersticioso. Vengan los jugadores que vengan, se necesita recordar algo de fútbol (quedó demostrado en los J.J.O.O, cómo fracasó un equipo con mucho hambre y futuro pero sin preparación); confiemos en que Bauza encuentre la solución. Si Brasil pudo, porqué no podríamos nosotros.

lunes, 7 de noviembre de 2016

GIMNASIA 0 BOCA 3: DASELA AL DIEZ

 Luego del apocalipsis sufrido en la semana, las incógnitas que brotaron de las sombras fueron muchas: qué va a hacer Boca con el extenso plantel, cómo va a financiarlo teniendo en cuenta el costo que implica no participar del torneo continental, qué iba a ser del futuro de Guillermo y con qué motivación el equipo encararía el resto del año venidero. Y no hay otra que jugar: las malicias de la crisis se irán desvaneciendo a medida que el equipo juegue y convenza. Es grave quedar afuera de la Libertadores, es grave jugar el primer tiempo de los cuartos de final de la Copa Argentina de la forma en que se jugó, y es gravísimo en configuración supersónica la declaración de Guillermo manifestando que "si no entramos a la Copa no pasa nada". Pero en vez de dar vueltas giratorias en declaraciones desafortunadas o lo que pudo haber sido y no fue hay que mantener la concentración en lo que se debe: y en eso nos referimos al torneo, con Boca en plena lucha y a nada menos que cinco puntos del puntero. Un título local el año que viene calmaría las aguas. Por eso hay que tomar cada punto que se consiga con la importancia que se merece, y en yuxtaposición, lo que significa este desvalorado partido.
 El encuentro tuvo un punto de quiebre cuya fisura Gimnasia nunca pudo cerrar: el primer gol con la sociedad entre Tévez y Benedetto, que medró en una raíz que nos hizo florecer el segundo tanto a través de la misma fórmula, y así se agigantó el espléndido baobab del triunfo. 
 Antes de ese quiebre con aparición intergaláctica del Apache, Boca era un equipo en crisis, como nos venimos acostumbrando a ver en los últimos años, como ocurrió en su momento con Basile, con Borghi, con Abel Alves, y en su momento con Falcioni, Bianchi y Arruabarrena (hasta técnicos campeones: el universo Boca es capaz de devorar a cualquiera). Una confusión junto con una incomodidad agobiante sembraban terror en La Plata para los vestidos de auriazul, que no se les caía una idea, nadie encontraba su lugar para hacerse presente en el campo, donde para variar los mellizos improvisaron (no hay otro término que encaje mejor) con Zuqui en lugar de Centurión. Si la idea era que Zuqui colabore en el medio y soltar más a Pavón, no pareció: el ex Godoy Cruz jugó a la misma altura del ex Racing (inexplicablemente removido) y del titular cordobés, cuando esa no es su posición, y es cada día más difícil de creer que Boca haya desembolsado una millonada de verdes en traer a un futbolista para que juegue en una posición que no es la suya. Pero al mismo tiempo el tripero estaba haciendo un trabajo interesante, con los laterales atrayendo marcas, con Carrera ganándole las espaldas a los volantes centrales, con dos volantes tapones adueñándose de los rebotes y un equipo de Alfaro que se aparentaba más lúcido, clamando nuevamente a la pesadilla de no ganar en condición de visitante. 
 Pero al recurrir a un fragmento de un tema de las Pastillas del Abuelo, "dásela al diez, que ocurrirá otro milagro", podemos darnos cuenta que a veces la capacidad de un jerarca proveniente del primer mundo puede desactivar una estructura como fue la del lobo platense, que en principio se perfilaba más sólida y ordenada (un milagro surgido del talento de un fuera de serie). Pero cabe destacar la calidad de Benedetto para hacer valer la visión de Tévez para buscarlo: primero habilitando a Pérez con su taco característico, y en el segundo gol, definiendo de gran manera. 
 Gimnasia no tuvo la capacidad para recuperarse, entró en descontrol y a su vez Boca se tranquilizó y jugó a su merced. Ya con otro paisaje, con más espacio, Pavón hizo lo que hizo. Cuando le das lugar al talento, el talento fluye. A Tévez no se lo dieron, sino que lo buscó: ya lo de Pavón era otra historia, el partido era otra historia. 
 Puede decirse que teniendo un hombre de más, el segundo tiempo se jugó no para incrementar la diferencia sino para mantenerla (uno supone que estuvo la intención de agrandarla, pero si no se pudo fue por las mismas falencias de antes de emprender la peregrinación al 1-0). Esta vez Boca fue apariciones de sus jugadores más peligrosos y luego una contemplación armoniosa de la posesión, pero poco agresiva. Todavía falta para ser un equipo profundo, pero que el equipo está no hay duda: y en ese equipo ya se sabe muy bien el rol que ocupan sus más destacadas figuras.