viernes, 22 de junio de 2018

ARGENTINA 0 CROACIA 3: CABALLERO, LA EXPRESION INDIVIDUAL DE UN FRACASO COLECTIVO

Cuando llega el mundial los hinchas se ilusionan. A pesar de perder poder adquisitivo, de que la inflación y la subida de precios devore a todas las billeteras, miles de argentinos viajan a Rusia, porque el fútbol puede ser un espacio de felicidad en el medio de un mundo inseguro, peligroso, egoísta y corrupto. Pero el fútbol es un micro-clima de lo que es el país: dirigentes que no solucionan los problemas del extenso mandato anterior (Tapia es el hijo político de Grondona), proyectos que fracasan y se tiran a la basura sin rescatar ni una pizca de algo positivo, nombres que prometen mucho por lo hecho en sus clubes pero que en la selección son unos más del montón, a tal punto de que pedimos jugar con un combinado local, porque tal vez perder con un equipo lleno de Mezas y Pavones es más digno que ser humillado con figuras de renombre internacional. Por estas razones es que la ilusión en la previa del mundial era una utopía, una esperanza que no se respaldaba con los hechos. ¿Qué tan ilusionados podemos estar de un equipo que se clasificó sufriendo, que no sabe como formar, que tiene jugadores que no están consolidados en la selección, que no es más que 11 hombres librados a la suerte, sin una identidad que los abrace a la tradición futbolera de los argentinos? 
 Hace mucho que el seleccionado nacional perdió la mística: ayer por la noche, Bauza hablaba de su paso por la selección declarando que el 0-3 con Brasil era un partido "perdible". ¿Cual es nuestra identidad que nos hace protagonistas, si nos reconocemos como inferiores a años luz de las potencias futbolísticas? Antes de viajar a Rusia jugamos con España, otro candidato al título y fuimos humillados. Es mejor dejar las cosas claras y no caer en eufemismos injustificados. Lo dijo Messi muy bien en una nota en Canal 13: no somos candidatos a ganar el mundial. Nunca lo fuimos, desde que perdimos la gloria que nos consagró en el 78 y en el 86. Argentina siempre estuvo lejos de ser un equipo firme. Entonces, ¿porqué nos sorprendemos tanto?, ¿porqué no aceptamos nuestro presente como lo hacen las humildes selecciones eliminadas? 
 A raíz de estos sucesos, Sampaoli siempre tuvo dudas. Decidió jugar a su manera, con tres en el fondo y una super-población en la mitad del campo para manejar la pelota a partir de superioridad numérica y penetrar en campo croata. Pero Sampaoli cayó en la misma que los hinchas ilusionados: no supo comprender que lo que hizo en Chile no podía implementarlo en la Argentina. El DT de Croacia no se equivocó al declarar que el partido con Argentina era el más fácil porque somos un equipo en formación. Este equipo no sabe jugar con línea de tres, a Salvio le ganaron la espalda, Acuña mostró voluntad pero se lo vio tan irresoluble como Di María, juntar a Meza con Enzo Pérez le dio verticalidad durante gran parte del partido pero eso no logró que llegue la pelota limpia a Messi y Aguero. La catastrófica pifia de Caballero es una expresión individual del fracaso colectivo: pretendemos salir jugando como España, y no somos España, no aceptamos que nos sienta mejor tirar la pelota para arriba. Cuando Sampaoli habló del fracaso de un proyecto (que luego corrigió refiriéndose al partido, lo cual es extraño, ya que los proyectos son planes a largo plazo) hizo referencia a un proyecto que recién está en su inicio. ¿De qué proyecto hablamos, si desde el 2010 hubo seis entrenadores distintos, donde uno destruyó por completo lo que había armado su antecesor? 
 Es hora de que se hable de un proyecto en serio, que aceptemos que somos un equipo de segundo orden y que si queremos llegar a la altura de las máximas potencias, hay que seguir el ejemplo de Brasil: reinventarse, encontrar una forma de jugar con el tiempo, recuperar el espíritu ganador. 
 Es doloroso ver a Messi sin participación, resignado, casi como arrepentido de no haberse nacionalizado para jugar en la Roja, donde las cosas son muy diferentes. El único entrenador que supo hacer feliz a Messi en la selección fue Sabbella: lo hizo mediante una estructura en donde el equipo no brillaba, pero respondía con los recursos que tenía. Para hacer feliz Messi hay que empezar a jugar para él y no para Caballero. Argentina todavía no está eliminada, pero cuando le toque estarlo, lo mejor que puede hacer Sampaoli es irse dignamente: ajustarse al contexto, entender que Salvio no es un lateral brasileño, que el equipo no puede jugar como el quiere, sino que tiene que jugar como Messi necesita. 

lunes, 18 de junio de 2018

ARGENTINA 1 ISLANDIA 1: NO SE VA A ENCONTRAR EL JUEGO SIN ENCONTRAR EL EQUIPO

Argentina hizo su estreno empatando ante un rival menor. ¿Es una hecatombe? No. Pero este partido nos hace tener los pies sobre la tierra. Con tener al mejor del mundo no alcanza. Los resultados en el fútbol implican trabajo y procesos, así lo demostraron España y Alemania.
 Cuando se juega ante un rival que se va a defender con sus 11 jugadores, se necesita creatividad para romper líneas y encontrar los espacios, y eso va escoltado de ingenio individual y una disposición conjunta. La idea de Sampaoli está clara: generar situaciones de gol mediante la posesión de la pelota, presionar bien arriba y llegar con muchos hombres. Partiendo de la base, no se presentó un encuentro utópico: Argentina tuvo la pelota mucho más que el rival, mantuvo a sus laterales constantemente en posición de ataque y excepto Caballero, todos se vieron involucrados en la tarea de empujar al adversario. El principal problema radicó en que no lo hizo eficientemente, primero porque Biglia y Mascherano eran demasiada gente para ocupar el mismo rol. Argentina necesitaba de un volante que desligue a Messi de la tarea organizativa, alguien que quiebre barreras defensivas, se conecte y llegue al área. Biglia no es ni Mascherano ni Banega, es un intermedio, que puede generar fútbol a partir de su pase pero que no va a ser definitorio en los últimos metros. El jugador del Milan se superponía con el ex Barcelona en el eje central. Banega impuso otra actitud a la hora de encontrar a Messi y a su vez las oportunidades para llegar al gol. De haber convertido el penal tal vez se hubiese ganado con lo justo, pero eso no quita la realidad: que Argentina no tiene el fútbol para que Islandia se sienta incómoda.
 Entre tantas piernas, lo más factible era intentar romper por afuera, pero las duplas Di María-Tagliafico y Meza-Salvio necesitaban de un funcionamiento que los encuentre, que les abra el camino para desbordar.
 La posibilidad de ir ganando 1-0 se encuentra gracias a la presencia de un central zurdo (si hubiese jugado Fazio el remate no hubiese sido posible) que pudo conducir a través de su pie izquierdo, encontrando a un Aguero que tuvo la jerarquía para resolver. Entrenadores con otros gustos hubiesen optado por la opción de bajar la intensidad y cuidar el resultado, pero eso no está en la fisonomía de Sampaoli. Para afianzar un fútbol de alto vuelo en donde se ataca constantemente, se necesita tiempo de trabajo para coordinar bien los movimientos cuando se pierde la pelota, y es por eso que debido al poco tiempo con el que contaba el DT para encontrar un funcionamiento estable, todos los partidos amistosos iban a servir para despejar la mayor cantidad de dudas posibles y entablar su idea, sobre todo en la faz defensiva, ya que la defensa no se rige por la inspiración que podría surgir de los movimientos ofensivos, sino que se necesita tiempo de trabajo. Siendo un equipo en formación y con lo dicho anteriormente de la falta de tiempo del entrenador, no es raro que haya desacoples defensivos como la fragilidad que se tuvo ante los pases largos y que las segundas jugadas caigan a favor del rival.
 La situación puede llevar el mote de preocupante, ya que desde que Sampaoli llegó, los nombres y los esquemas variaron constantemente y los interrogantes siguen persistiendo ahora durante la Copa del Mundo, y es muy difícil jugar bien cuando no se tiene claro con qué nombres se quiere jugar. El momento de hacer variantes, probar, corregir falencias y encontrar el camino se debe hacer durante los cuatro años que duran las eliminatorias. ¿Que Messi se ponga el equipo al hombro y nos salve? Muy difícil. Ni en los equipos en donde más se notaba la dependencia hacia un jugador (Maradona con Argentina en 1986, Riquelme con Boca en 2007) había un futbolista que ganaba solo, sino que son los equipos los que ganan campeonatos. Argentina deberá respaldarse en lo bueno que hizo que merezca ganar ante Islandia aunque sea sin desentonar: la movilidad de Meza, las ganas de Pavón, la ductilidad de Aguero. Y deberá dejar los vicios que lo pueden hacer sufrir, y en esto será fundamental la voluntad de Sampaoli por dejar de lado sus ideales (que pueden ser muy buenos, pero que no se consiguen en estas circunstancias) y adaptarse a la situación, lo cual incluye que salir jugando en todos los tiros puede significar un vicio que tal vez sea mejor dejar para no incurrir en peligros que comprometan aún más un contexto comprometido por tantos factores.

viernes, 25 de mayo de 2018

LA LISTA NO ES EL PROBLEMA

Argentina ya tiene los 23 nombres que van a representarla en el mundial, y si bien puede haber disidencias como la no inclusión de Centurión e Icardi, entre otras que según el criterio futbolístico de cada uno pueden variar, el criterio que vale es el de Sampaoli y su cuerpo técnico, y decidieron que estos 23 son los mejores. Pero el problema no radica en los nombres convocados, sino en como homogeneizarlos en un funcionamiento estable.
 Un ejemplo claro es la convocatoria de Ansaldi. Nadie niega que puede ser un lateral de buen rendimiento en el fútbol europeo y que es una pieza muy útil al poder jugar tanto por la derecha como por la izquierda, pero son muy pocas las participaciones que se le pueden contabilizar en la selección. Si le toca jugar en el Mundial tendrá que conocerse con sus compañeros dentro del campo sin ningún margen de adaptación, y en un equipo que todavía no anda solo, sino que está en proceso de formación. Está muy clara la idea que tiene el entrenador (ya la demostró en la Universidad de Chile y en la selección andina), pero todavía no se pudo desarrollar en el seleccionado argentino.
 Es por estos motivos que las chances de llegar lejos en la copa del mundo para Argentina son muy inferiores con respecto a equipos como Brasil, Alemania o España. Argentina no es un equipo consolidado, hay futbolistas que todavía deben entender el mensaje del técnico (Armani, quien ante la trágica lesión de Romero tiene chances de ser el arquero titular, nunca jugó un partido en la selección) y algunos llegan tocados (Biglia, Aguero, Mercado).
 Lo de Romero es una noticia fatídica porque se perdió nada más ni nada menos que al arquero titular, que puede gustar o no (desde el 2014, a nivel clubes disputó nada más que 40 partidos), pero iba a jugar su tercer Mundial custodiando los tres palos ininterrumpida e indiscutidamente. Si hay bronca de parte de Romero por haber sido desafectado y no haberlo esperado como con otros jugadores, hay que tener en cuenta que la situación es distinta, ya que en casos como el de Biglia van a estar disponibles desde el comienzo mundialista, en cambio lo del jugador del Manchester era duda hasta el final, y Sampaoli no puede darse el lujo de comenzar la competición con 22 jugadores.
 Un párrafo aparte se merecen los de la camada que vienen luchando por conseguir un título: tanto Messi (podría disputar el Mundial de Qatar 2022), como Higuaín, Aguero, Di María, Biglia, Rojo, Otamendi y Mascherano van a jugar su última Copa del Mundo, y tienen una última oportunidad de conseguir el deseo tan anhelado. Las condiciones no son las más óptimas: se viene de varios cambios de entrenador, de papelones dirigenciales que explican porqué la selección no sale campeón hace más de 20 años. Pero muchas veces el fútbol entrega sorpresas y así como en el 2014 apareció Enzo Perez con grandes actuaciones y se consolidó una defensa férrea para que Argentina avance hacia la final, no habría motivos para no ilusionarse aunque sea con un poco de fantasía.
 En cuanto a los nombres no hay mucho que discutir: Sampaoli tiene en cuenta a Salvio y Acuña como laterales pero ambos no son defensores, lo que no quita que puedan dar una mano y ser polifuncionales en ambas bandas en una defensa mentirosa con laterales más volantes que defensores. Rojo puede ser el reemplazante de Fazio y Tagliafico, mientras que por Otamendi pueden jugar tanto Mascherano como Mercado. La polifuncionalidad es un recurso que tienen muy en cuenta los técnicos para disputar una competencia, y por eso se explica la aparición de Meza, que puede ser interno y externo. Como se dijo anteriormente, puede salir todo mal o bien, no hay certezas de como va a funcionar Argentina, pero sea de la manera que sea, todos los argentinos van a estar expectantes de lo que Messi pueda influir para generar revuelo.

jueves, 17 de mayo de 2018

BOCA 5 ALIANZA LIMA 0: LA BATALLA DE PAVON

En 1861, la batalla de Pavón que enfrentaba a Mitre con Urquiza determinaría el triunfo de Buenos Aires sobre la Confederación Argentina y acabaría con un largo período de guerras civiles, producto de una búsqueda de estatidad que requería de un dominio que organice el territorio para llegar al orden y el progreso. A diferencia de las naciones europeas, donde el dominio significó expandir su territorio, para la Argentina post-independencia que aún conservaba un modelo económico colonial ejercer dominio implicaba unificar su territorio.
 En este semestre de Boca hubo muchas batallas de Pavón, donde el joven cordobés salvó la tarde de forma solitaria, pero a diferencia de la guerra definitiva del siglo XIX, las piezas de Guillermo no se terminaban de unificar. Esta vez, los planetas se alinearon: la batalla de Pavón se terminó y el dominio del xeneize pudo garantizarse ya no desde un solo jugador, sino desde un ente unificado y homogéneo: esta no fue solo la batalla de Pavón sino que fue también de Pérez, Cardona, Fabra, Abila, y todo un equipo que arrasó desde un primer momento.
 La ausencia de Barrios siempre es un problema, porque se pierde el factor de equilibrio entre el ataque y la defensa, pero Guillermo decidió reemplazarlo aumentando el poderío ofensivo, es decir, suplir el orden defensivo con mayor vocación de ataque. La idea fue ir hacia delante constantemente sin dejar lugar al retroceso, someter al rival y reducirlo a nada. Para realizar esta táctica ubicó a Pérez (un volante mixto, de creación y llegada) como volante central para impulsar al equipo desde el círculo central apoyado por Nandez, y liberó a Cardona, Tevez, Pavón y Abila para que encaren y hagan desastres ante la pasividad peruana. Boca encontró en su diferenciación cuantitativa de hombres en ataque también una marca cualitativa: no fue solo juntar jugadores en el área rival, también fue pases en profundidad, cambios de frente, generar un dos contra uno en las bandas que permita ejecutar centros peligrosos. Pero el fútbol no son solo virtudes propias sino también defectos ajenos: además de lo realizado, el dominio de Boca fue posible gracias a la desmotivación del visitante, que no se decidió a ser más agresivo o tajante en la presión, por lo que por momentos no hubo oposición para generar espacios desde lo colectivo ni cuando un futbolista del local decidía ganar la posición desde lo individual.
 Nunca hay que vaticinar fracasos antes de que esté todo cocinado. Boca empezó el partido quedando afuera pero faltaban 90 minutos por jugarse, y si bien no dependía de si mismo, la actuación descollante demostrada ante Alianza Lima y la flaqueza de Junior en Brasil revelaron la realidad.
 La realidad también indica que es muy difícil mantener este rendimiento todos los partidos, ya que no todos los rivales van a ser de esta categoría, pero si el equipo acompaña a Pavon sin responsabilizarlo de todo lo que pueda hacer Boca en el área rival (y esto incluye la tarea de Tevez, que estuvo permanentemente relacionado con el circuito de juego, demostrando potencia física y explosión para penetrar al rival a diferencia de los anteriores encuentros), el equipo de la ribera va a ser ese candidato temible que en sus mejores épocas nadie quería enfrentar.

jueves, 10 de mayo de 2018

EL MEJOR A PESAR DE TODO

Cuando un equipo sale campeón es porque hizo las cosas mejor que el resto. Se podrá decir que Boca no juega del todo bien, que tiene complicaciones para defender en los envíos aéreos, que a veces sufre cuando tiene que retroceder, que imponer su protagonismo mediante la tenencia no siempre lo encuentra pasando buenos momentos. Pero por segunda vez consecutiva sumó más puntos que el resto. Puede gustar más o menos, pero es el mejor, y eso es indiscutible. 
 Empezó el torneo siendo un equipo, goleando a los rivales con un andamiaje que nos hizo pensar a todos que tendríamos un campeonato europeo, donde un equipo se escapa en la cima y el mejor panorama posible para el resto es salir segundo sin pensar en el primer puesto. Con un Benedetto intratable, que llegaba siempre a tiempo para definir y también hacía jugar a sus compañeros; con Gago para manejar los tiempos, escoltado por un Barrios que cubría todos los espacios y un Pérez que se conectaba y llegaba al área, Boca consiguió un colchón de puntos que le permitió mantener la diferencia el resto del torneo. Lo único sorprendente que quedó de ese Boca arrollador luego de las lesiones de Gago y Benedetto fue un salvador Pavón, que demostró ser el mejor jugador de la Superliga por su sacrificio para emplear un desgaste en el que siempre decía presente para recuperar la pelota y una individualidad majestuosa para dejar desairados a los rivales y asistir al delantero que lo acompañe. 
 No solo el rendimiento fue una señal de la merma que sufrió el campeón en comparación con el primer tramo, sino también los resultados: de los holgados triunfos pasó a arañar victorias con lo justo, hasta triunfos o empates en el último minuto. Pero si a pesar de las lesiones y los bajones el xeneize continuó con su racha y se enfiló hacia la obtención del título, es porque algo tiene: conserva algo especial que el resto no tuvo, y eso es la perseverancia por defender el primer puesto sea como sea y hasta el final.
 Sin dudas este andar exitoso es resultado de la buena gestión de Angelici para contar con dinero fresco a la hora de las incorporaciones, ya que las lesiones, que fueron el principal obstáculo, pudieron sobrepasarse gracias al extenso plantel, en el que se cuentan con jugadores capaces de aparecer en los momentos indicados en circunstancias desfavorables (las ausencias, que a su vez conllevan a flaquear en el rendimiento). En su campaña anterior, Boca tuvo en Centurión a un baluarte a la hora de marcar la diferencia, y su baja fue cubierta por el arribo de Cardona, un hombre de selección. También se pudo reemplazar a Gago y a Benedetto con hombres de jerarquía como Nandez y Abila (no se los pudo reemplazar desde el funcionamiento, pero las múltiples variantes con las cuenta el cuerpo técnico le dan herramientas como para que todos los puestos sigan teniendo una estructura confiable). 
 Si Boca tuvo un componente que lo hizo campeón que los demás equipos no tuvieron fue que el equipo de la ribera también maneja un presupuesto que solo lo equiparan los equipos grandes. Pero muchas veces la valorización de los futbolistas no necesariamente implican una alta productividad. Un caso es el de Tevez, el hombre de mayor renombre del fútbol argentino, que no logró engranarse con el entramado de Boca y pareció ser un jugador más. Su flojo nivel tiene mucho que ver con el andar general, ya que cuando no encontraba su lugar como falso nueve, Boca tampoco era el mismo equipo de la primera etapa, y lo mismo ocurrió cuando Guillermo lo utilizó como enganche: pero una cosa alimenta a la otra, y no hay lugar a objeciones cuando uno piensa que con un buen Tevez, seguro habría un mejor Boca. Pero hasta con el mejor de todos en su peor momento (¿su último momento?) Boca no se dejó alcanzar por el buen Godoy Cruz, defendió con uñas y dientes el título gracias a apariciones estelares de sus interpretes (Pavón en todos los encuentros, Abila ante Unión, Pablo Pérez ante Gimnasia, por nombrar algunos ejemplos) y logró lo que nadie logra, que es ser bicampeón. Para llegar al último bicampeonato hay que remontarse al 2006, también logrado por Boca. 
 La Copa Libertadores también es materia para el análisis y es otra historia, pero el fútbol local también existe y en una región en donde a diferencia del fútbol europeo todo es tan cambiante (Lanús fue finalista de la última edición del torneo continental y ni participó de la actual), obtener un bicampeonato de torneo largo es algo muy complicado y único en la historia. 

jueves, 3 de mayo de 2018

UNA DESORGANIZACION QUE LO OBLIGA A SUFRIR

El fútbol muchas veces entrega un camino sinuoso que hasta les cuesta pasar a los mejores. Porque Boca, equipo que va primero faltando tres fechas y habiendo sido campeón el año pasado, se enfrenta a problemas de identidad y peligra su clasificación a los octavos de final de la Copa Libertadores. 
 Se dijo en estas líneas que estando a las vísperas de un bicampeonato, el trabajo de Guillermo era bueno, pero que el andar exitoso en la esfera local no implicaba lo mismo en el ámbito internacional. La Libertadores es un torneo muy duro, que demanda mucha personalidad, buenos rendimientos y siempre un poco de suerte. Es evidente que estando Tevez en un mal nivel, y teniendo Boca los desajustes funcionales que tiene, le alcanza para ganarle a Banfield, a Newell's, y a muchos otros más como para conseguir el campeonato local, pero por el momento ese nivel no le alcanza para vencer a sus rivales en la Copa. 
 Con Palmeiras se vio un equipo confundido, que tuvo su momento de superioridad sin que lo plasme en situaciones de gol, y el error de Rossi terminó por tumbar un partido que no lo tuvo al equipo brasileño como el gran fastuoso de la noche, pero sin saber cómo jugar y entrarle a los rivales, con la sumatoria de errores individuales, Boca pierde. Sería injusto caer sobre Rossi por ese error, ya que es el que sale en la foto pero lo suyo fue una de las rocas de las tantas que cayeron en la avalancha de aquella vez. Hay una especie de psicosis en cuanto al arquero de Boca: parecería como si todos los goles que le hacen fuesen su culpa, cuando no es así, y hasta a tenido, sin ser el héroe, actuaciones sobrias. Tiene 22 años, tiene más partidos jugados que goles en contra y si bien tiene mucho por demostrar, de ninguna manera es el principal responsable de que Boca esté tercero en su grupo. 
 Ante Junior se presentó un panorama similar, porque Boca se encuentra desorientado: no se agrupa bien para defender (desbarajuste que ya se había notado en la victoria ante Junior por 1-0 en la Bombonera) y Gutiérrez le genera problemas cuando aparece detrás de los defensores; no le está saliendo bien la idea de formar un triángulo entre Reynoso, Pérez y Tévez, lo que le genera la compulsión de tirar pelotazos sin destino y cuando Abila y Bou, los mas aptos para aguantar de espaldas, no están en cancha; y cuando se sabe que la dependencia de Pavón es una gran virtud del cordobés pero a su vez un gran defecto de Boca, cuando Guillermo coloca a Nandez como extremo derecho no hace más que decirle inconscientemente a sus jugadores que se la den todas a Pavón, porque no hay otra alternativa. Al uruguayo se lo notó incómodo, no encontró su lugar, y para que la función de wing derecho pueda usufructuarse se debería utilizar a alguien que distribuya un poco las responsabilidades de Pavón, es decir, algún delantero que lo acompañe en la tarea de desnivelar. Por estos motivos es que si bien Junior le hace un gol por un error grosero del árbitro, es erróneo decir que no se logra la victoria únicamente por el juez. Boca tuvo mucho tiempo para dar vuelta el resultado y al igual que contra Palmeiras, no supo como hacerlo. 
 La buena noticia para el xeneize es que los rivales no son muy superiores, y es por eso que aún tiene chances de clasificarse. Pero en caso de que el equipo de los Barros Eschelotto consiga un buen resultado ante Alianza Lima y Palmeiras le de una mano en el otro compromiso, se estará ante la misma disyuntiva: habrá que ver si con esto le alcanza para dar un salto de calidad en lo que respecta a la obtención del título continental. La realidad es que los mellizos deben ordenar a sus jugadores, conseguir un patrón de juego y redefinir de qué manera aspiran a conseguir los objetivos, ya que apostando todas las fichas a Pavón para que siempre salve la tarde el panorama puede tornarse muy complicado, como ya se presenta. 
 

lunes, 23 de abril de 2018

BOCA 3 NEWELL'S 1: ELEMENTOS QUE ALCANZAN PARA SUMAR OTRO CAMPEONATO

Las dos derrotas consecutivas y la aparición sigilosa de Godoy Cruz, que estuvo al acecho como un león atrapando a una gacela, despertaron dudas acerca de la inminente conquista de Boca en el campeonato. El xeneize tenía ante Newell's la tarea de disipar esa incertidumbre. Eso se consigue a través de una muestra de carácter que debía repatriar dos cosas: primero, recuperar los argumentos que lo mantuvieron en la cima todo el torneo, y segundo, lo más urgente, que era poder vencer al rival.
 Se dice que Boca carece de ídolos, que la gente asiste a la Bombonera a ver al equipo como un ente abstracto, y no a futbolistas en particular que le despierten una sensación de pertenencia. La palabra ídolo es muy compleja, y uno cree que ídolos se tienen una vez en la historia, es decir, personalidades con los requisitos como para que se les haga una estatua en el club (Riquelme, Palermo, Bianchi), pero eso no quita que haya ídolos circunstanciales, jugadores que se ganaron un cariño presente de la hinchada y por los que vale la pena pagar para ver. Esos son los Pavón, Barrios, Gago, Benedetto, Tévez (que entra en la discusión de si está a la altura de los mencionados anteriormente, por haber ganado la Libertadores y por el momento en el que volvió en su segundo ciclo aunque actualmente tenga un bajo rendimiento). Y que Boca esté acariciando un bicampeonato, luego de hace poco tiempo haber ganado otro torneo largo y una Copa Argentina habla de una historia reciente muy exitosa, guste o no. Que el máximo sueño de Boca es la Copa Libertadores es cierto, como también es cierto que el Barcelona o el Real Madrid casi ni festejan la Liga o la Copa del Rey cuando no ganan la Champions, pero la gloria al ganar un título existe, que la gente no lo valore por ser ambiciosa ante la existencia de un torneo de mayor envergadura es otra cosa. 
 El hecho principal de este éxito de Boca y que se evidenció en este triunfo fue su poder adquisitivo para armar un plantel que siempre de respuestas ante las lesiones. Boca empezó con Gago y Benedetto como estandartes, y pudo haberlos reemplazado bien o mal, pero se las arregló sin ellos para seguir sumando puntos. Y en esta parada se encontraba sin Goltz, ni Cardona ni Pablo Pérez, ni tampoco Barrios, uno de esos jugadores que parecen no tener reemplazo a la vista (por la ausencia en el plantel de un compañero con características similares y por el papel que desempeña en el campo). Boca supo mantener el orden con dos volantes centrales mixtos, Pérez y Nández, donde se notó que sin Barrios no hubo un hombre dedicado exclusivamente a quitar y a apoyar a los centrales, pero entre los dos cubrieron la zona y fueron útiles siendo salida cuando los de Guillermo monopolizaban la posesión del balón. 
 Fue una tenencia pasiva, que muchas veces no encontró receptores desde el fondo, o se pudo abrir la cancha por la derecha pero no se avistaba salida posible, pero puede decirse que Boca fue como un auto que deja su modo de estacionamiento para incluirse al tráfico: encara para salir, pero hasta que no ve un claro no arranca porque puede chocar. No era un claro dominador, pero cuando encontró sus momentos de inspiración marcó la diferencia y fue contundente. El primero que aparece en la mente cuando se habla de inspiración es Pavón, un joven habilidoso y sacrificado a la vez, que se levanta como un guapo y se tira barriendo como alguien con la camiseta de Boca, y que sabe evadir rivales en velocidad para asistir a un compañero o terminar la jugada. Es un poco lo que se viene señalando hace mucho: el día que no esté Pavón Boca va a tener un problema, ya que la inspiración general nace de su momento de luz individual, como cuando en la época de la modernidad los ilustrados gobernaban desde su ilustración por el interés general. Otro que fue fundamental en los momentos decisivos fue Reynoso, con pases justos para romper la defensa rival. Tal vez si Tevez hubiese sido más determinante a la hora de generar fútbol y encarar a los rivales el xeneize podría haber tenido una continuidad más lineal en lo que respecta a opciones de riesgo.
 Newell's por momentos supo circular la pelota, y en esos instantes Boca extrañó a Barrios porque no tenía un volante tapón experto en presionar y recuperar, y la parsimonia invitaron en dos oportunidades a que Fertoli haga una diagonal y lastime. Pero lo que parecía una amenaza constante terminó siendo algo esporádico. 
 Esto es Boca, con sus virtudes y sus defectos, le gana a los rivales demostrando tener buenos jugadores aunque no goza de una supremacía tiránica. Le alcanza para ganar el torneo doméstico y no es poco, pero nunca hay que conformarse: si finalmente se alza con la Superliga, el equipo de la ribera deberá ver si con esto le alcanza para la Libertadores.