Atalanta, Lecce, Fiorentina, Bologna, Espanyol, Roma, Southampton, Juventus e Inter fueron algunos clubes por los que pasó Daniel Osvaldo en su carrera, algunos de paso fugaz, y no es casualidad que su currículum registre tantos clubes. Cuando la pelota da en el palo tres veces es mala suerte, pero cuando son diez los intentos fallidos es porque evidentemente algo anda mal.
No está mal ni debería ser del interés general que un futbolista salga de noche y tenga problemas faranduleros, por lo tanto la intención de estas líneas no es juzgarlo por su vida privada (que poco interesa, por lo menos para mí), sino que es realizar una crítica por lo que realmente importa: cuando las macanas suceden en el ámbito del fútbol y son faltas de respeto.
Es inadmisible fumar en el vestuario, mas allá de que lo que pasa dentro debe quedar ahí, pero lo que justifica aún mas su salida fue la forma en la que se expuso en cámara: irse de tal manera al vestuario e insultar a Gustavo, un tipo que se ganó un respeto en Boca, es motivo para por lo menos sentarse a analizar su situación. Hay que pensarlo dos veces antes de meterse con Guillermo y Gustavo, teniendo en cuenta que Guillermo es ídolo de la institución (tiene una estatua en el club) y por años luz dio mucho mas por Boca que lo que dio y lógicamente pudo haber dado Osvaldo. Y si pudo haber dado más por sus notables condiciones pero no pudo ser, fue justamente por sus actitudes.
Cuando una persona es problemática en varios lugares es porque mas allá de los distintos inconvenientes, el verdadero problema está dentro de tal persona, y así como Osvaldo fue a buscarlo a Icardi en pleno encuentro, fue capaz de insultar a Gustavo y escaparse al vestuario frente a todas las cámaras. La humildad que tuvo el Leicester para trabajar en silencio, o sin ir mas lejos: el máximo referente que tiene Boca hoy en día, Carlos Tévez, nunca generó ningún incidente que pueda alterar los ánimos, y si lo hubo quedó donde tiene que quedar, pero siempre sin hablar con ironía, tratando de mostrar una imagen positiva y con toda la humildad que sigue conservando desde que era un pibe de Fuerte Apache. Osvaldo no piensa en frío, no mide las consecuencias de sus actos y subestimó gente que estaba por encima de él.
Una persona inteligente no tropieza dos veces con la misma piedra: a Osvaldo se le abrieron las puertas por segunda vez, y no exhibió gratitud sino problemas. ¿Si tuvo mala suerte? Claramente la lesión en uno de sus dedos del pie no le dio la oportunidad de demostrar demasiado, y su apuesta ante San Martín en San Juan de querer jugar sin recuperarse del todo para dar la cara por Arruabarrena le jugó una muy mala pasada, ya que pensó en el instante y no en el largo plazo, y el fanatismo de pensar solo en el presente y querer perpetuarlo cuando para el futuro no quedan propuestas que lo hagan valer, como sucede con los gobiernos populistas, le prolongó la lesión. Pero hago referencia al tema de la lesión porque se relaciona y tiene mucho que ver con las peleas con el cuerpo técnico tanto en cámara como en el vestuario: estuvo meses sin jugar, juega y hace esto. Con su forma de actuar puede explicarse la diferencia entre ser echado e irse solo: cuando te echan es porque mas allá de que hayas echo las cosas bien o mal, la entidad que te contrata decide prescindir de tus servicios. En este caso, nadie echó a nadie: Osvaldo se fue solo.
No quedan dudas de que en su corazón hay una gran persona, y el gesto de donar el sueldo a las inferiores es una prueba mas que suficiente. Pero lamentablemente fue un futbolista que empañó su carrera con actitudes poco profesionales y problemas por doquier. Pelearse con un ídolo fue la cumbre de su problemática.
martes, 17 de mayo de 2016
domingo, 15 de mayo de 2016
ESTUDIANTES 3 BOCA 1: UN EQUIPO INDEFINIDO ANTE UN CONJUNTO CONSOLIDADO
Desde los primeros minutos se hacía notar la diferencia en cuanto a objetivos y experiencia: Estudiantes decidido a atacarlo a un Boca con dificultades para inclinar la cancha hacia el arco de Andújar, mientras el equipo de Guillermo estaba atento en la marca, por lo menos por un tiempo.
Chávez tiene las condiciones y características como para poder rendir como número nueve, pero tan solo es una aspiración: su posición es la de puntero izquierdo, no siente en la sangre la función de esperar en el área y aguantar de espaldas. Tal vez un futuro paso por Europa le sirva para adquirir conceptos y sentirse cómodo en distintos lugares del campo, pero las hipótesis solo sirven para el futuro. El presente marcaba que hoy Boca visitaba a Estudiantes, y con Chávez y Palacios como dupla de ataque, es decir con alternativas de la derecha hacia el centro y de la izquierda hacia el centro, no había una referencia céntrica definida, y sin tener los atributos que tiene el equipo titular para posicionarse con wines, no tenía sentido volver a probar erróneamente con Colazo como "extremo izquierdo" y Messidoro recostado sobre la derecha, y de este pibe es justamente del que me interesaba hablar. Jugando con Messidoro donde realmente se siente cómodo, es decir, de enganche y detrás de los delanteros, es donde tiene sentido que jueguen Chávez y Palacios juntos, ya que iban a tener a alguien que juegue para ellos y no que ellos tengan que jugar para un nueve que no existe y un eventual volante llegando al área que tampoco estaba presente en cancha (Colazo es de un juego mas externo y Bentancur, que podría pisar el área por sorpresa, tenía que darle una mano al pibe Chicco). Con ese simple juego de palabras clásico nos alcanzó para hacer el gol: el 10 la abre para el 7, y este tira el centro para el "9". Tampoco nos sobraba mucho como para innovar con mucho mas que aspirar a esa sociedad y presionar en tres cuartos de cancha a la última línea de Estudiantes que no estaba teniendo suerte con el estado del campo de juego. Pero la realidad nos mostraría la verdadera historia.
La historia real era que el Pincha contaba con recursos mucho mas naturales y variados para llevarse el triunfo: Boca cada vez mas era muy dependiente de la velocidad de Palacios y la potencia de Chávez, a tal punto de que el mediocampo no pesaba, y los inconvenientes en el fondo se hicieron notorios con el correr del tiempo. Esos problemas en el fondo armaban un tándem con las virtudes del elenco de Vivas: los desbordes de Solari y Sánchez superaban en notoriedad a la marca de Silva y Colazo, mientras que los centrales no supieron cerrar a tiempo ante la movilidad de Fernández y Cavallaro por el centro, y Sara decoró todo con un moño, producto de sus fallidos a la hora de salir a buscar el balón.
Hay un detalle que para mí no pasó desapercibido: hubo tres jugadas en las que un defensor salió decidido con pelota dominada a gambetear futbolistas rivales para adelantarse en el campo. Primero Silva, luego Tobio y por último Rolín. El primero fue en el primer tiempo y los dos últimos en la segunda etapa. Que un defensor salga lejos con la pelota no es un mal síntoma si se hace con el objetivo de incorporar a un jugador con obligaciones defensivas a la faceta de la posesión, como hacía Pinola en Central antes de lesionarse, pero en este caso sucede por el hecho de la falta de química, por lo tanto los tres avances finalizaron en una inconclusión.
En el segundo tiempo también se notó la superioridad de Estudiantes y no porque haya maniobrado la pelota a su antojo, sino porque hizo lo que quiso y lo que le convenía: dormir el partido, darle la pelota a un Boca que no hacía daño. Congelar un encuentro también es arte: el arte de la viveza y de ganar como principal objetivo.
Este Boca inconexo y plagado de juveniles tuvo una versión 4-3-3 en el segundo tiempo con Messidoro como extremo y Benegas (un referente de área neto). Una vez mas, Messidoro no pesó por los costados, y sin un juego que respalde las intenciones de Palacios, Benegas es un espectador más. A mi entender, a Messidoro no le hace bien rotar tanto de posición, sino que le convendría tener mas minutos en el lugar que mas lo asemeja.
Vale la intención de los chicos, pero ya son recurrentes los partidos en los que Colazo no tiene presencia de referente entre tantos chicos que necesitan a alguien que los guíe y que Rolín juega como para que no se le renueve el contrato, y ahora Sara pone su sello calculando de mala manera en el juego aéreo.
Hace un tiempo que en el torneo jugamos por obligación como también con un juego indefinido, mas allá del esfuerzo de Molina, Chicco, Messidoro y Benegas.
viernes, 13 de mayo de 2016
NACIONAL 1 BOCA 1: CHOQUE MÍSTICO
La principal diferencia entre la Champios League y la Copa Libertadores es que en el torneo europeo hay candidatos definidos desde el principio. Puede haber sorpresas, pero es raro que los cuatro semifinalistas no estén entre los 10 clubes a los que nos tienen acostumbrados. La Libertadores es impredecible, los equipos participantes de cada país pueden variar de forma sustancial cada edición (Nacional de Paraguay, finalista en 2014, no clasificó para esta edición y la anterior, por ejemplo), pero lo que no se fluctúa de ninguna manera es la mística copera y respeto que supieron ganarse en la historia determinados clubes, como es el caso de Boca y Nacional.
La mística es una elemento abstracto que no puede definirse del todo, pero es una sensación que generan gigantes del fútbol sudamericano. Que jueguen Boca y Nacional es un partidazo no porque lluevan situaciones de gol, jueguen todos 10 puntos y toquen la pelota con galera y bastón, sino por lo que representa un encuentro con dos banderas tan significativas.
Entonces, fue un choque de místicas, donde una sabe de la fuerza de la otra. Los partidos son siempre impredecibles (saliendo del contexto de cruces entre equipos con una rica historia, y refiriéndose al fútbol latino en general), y esta vez salió un encuentro rocoso, disputado y luchado de parte de ambos.
En la previa no es casualidad que se haya escuchado mil veces el verso de que Nacional es un elenco con buenos resultados como visitante, y al ver su fisonomía, no es difícil darse cuenta por qué: cumple con creces el aspecto defensivo, con una marca aguerrida y asfixiante, y es sumamente veloz para replicar, a tal punto que la garra y el coraje superan toda capacidad de freno e intelectualidad para hacer sentir la localía.
Ante un rival más preparado para jugar en la Bombonera que en Montevideo, Boca no negoció el estilo, pero le costó encontrar su funcionamiento: los extremos, componentes vitales para el sistema de los Barros Esquelotto, fueron absorbidos por el oficio de los charrúas, jugando con piques demasiado cortos, sin generar los espacios que transforman a Pavón y Carrizo en misiles por las bandas. Por eso el Xeneize careció de juego profundo por los costados, y toda la energía estuvo puesta en el centro: en las inteligentes intervenciones de Pérez para conectar con Tévez, que por su espíritu barrial y guapeza supo producir alguna fabricación de peligro, pero sin la labor tan conocida de los otros dos puntas todo se reduce al choque y a pases entre líneas sin destino. El juego ofensivo no abundaba de lucidez, pero el orden en ambos conjuntos se sobreponía ante cualquier intención: el férreo posicionamiento del local y la presión escalonada de Pablo Pérez y Meli junto con la buena ubicación y sentido táctico de Jara hacían de las tenencias de la pelota intentos poco elocuentes, para que los arqueros permanezcan tranquilos y las defensas poco expuestas. Si había un factor clave que tenía Boca y que tardó en darse cuenta de tenerlo son los laterales: Peruzzi y Fabra son excelentes pasadores, y ante el bloqueo de los extremos ellos podrían sorprender por ambos carriles, pero la lucha que ameritaba el encuentro (tal vez por la jerarquía de los dos conjuntos) remitía en múltiples faltas y pocos espacios.
En el fútbol se gana encontrando los espacios, y si no aparecen por ningún lado, hay que buscarlos: el ingreso de Chávez por un intermitente Carrizo nos dio la posibilidad de tener un jugador que aunque no garantice una circulación más eficiente, sí puede garantizar llevarse todo por delante debido a su potencia y juego corpulento. Los frutos del cambio florecieron cuando el mencionado Chávez le ganó la espalda a los defensores (un poco de sorpresa y movimientos inverosímiles era lo que hacía falta) y le abrió el camino a Fabra. A partir de allí, Boca debía seguir haciendo su negocio: aunque no jugaba como quería, en el partido no pasaba nada de nada y nadie daba como mal resultado traerse una paridad de visitante, y el 1-0 a favor lo firmaba cualquiera. Solo había que seguir de la misma manera, estar atentos a los esfuerzos repentinos de Nacional, no cometer faltas cerca del área y en lo posible tener la pelota para hacer correr el tiempo, y si el equipo que pierde toma demasiados riesgos, puede haber lugar para el contraataque.
Pero lamentablemente fallamos en los marcajes de la pelota detenida. Si fue suerte y mérito de Fernández, si fue desconcentración por el rebote y el cabezazo que mete la pelota en el punto penal o si fue la mística copera del Bolso que siempre le da otra vida, son todas opiniones válidas en un deporte tan relativo como el fútbol, que muchas veces genera sensaciones, y por mas raras que parezcan esas sensaciones, no puede discutirse lo que se siente.
Sería injusto decir que Boca falló con su deber (sí falló en no contener el resultado), ya que un gol de visitante obtenido de un empate de cara a la vuelta es más que favorable, pero el fútbol en sí mismo (la dinámica de lo impensado) sumado a la mística, que da lugar a historias impensadas, pueden llevar a cualquier camino, y Boca deberá utilizar la suya (su mística, su historia copera) junto con todos los méritos y jerarquía que acumula hoy en día para clasificar a semis.
lunes, 9 de mayo de 2016
BOCA 0 HURACÁN 0: LE SIRVE A LOS PIBES
Los compromisos que restan hace rato del torneo local pasan desapercibidos al lado de la Libertadores, pero no creo que sean un partido más en la vida de Molina, Chicco, Messidoro o Benegas. A todos estos chicos les son útiles para acumular rodaje en la primera, y a los mellizos para sacar conclusiones de las alternativas que tiene hoy en día un plantel con varias bajas.
Este Huracán es un equipo de hazañas, que además de obtener dos títulos se ganó un respeto en el fútbol argentino, y al presentar el equipo titular, estaba en condiciones más óptimas de generar dominio en un terreno que nos encontraba a nosotros con un equipo muleto. Pero el primer tiempo nos regaló una inanimación parecida a la vivida el fin de semana pasado porque este equipo B que presenta Boca no termina de alcanzar una conexión que pueda definirlo, mientras que Huracán tuvo en un veloz Espinoza y un participativo San Román una variante jugosa por la derecha, pero sin sintonizarse con un Montenegro que no fue conductor, un Ábila solitario y atrincherado por Rolín y Tobio y un Mariano González que ya no es el wing izquierdo que era en sus épocas de Estudiantes, por lo que necesita de más acompañamiento y juego interno.
La buena estuvo del lado de que se le cerraron los caminos al rival, que le costó hacer pie en las triangulaciones y fútbol eficaz que lo caracterizan desde que Domínguez es su entrenador. La mala fue que además de estar lejos de perder, se estuvo lejos de ganar, ya que Colazo no pesaba como volante ni como extremo en su banda, Messidoro quedaba algo desaprovechado recostado sobre la derecha (su mejor versión fue en el debut con Aldosivi: jugando por dentro), y no alcanzaba con la movilidad de Palacios por todo el frente de ataque para poder llegar a incomodar a Marcos Díaz.
En el segundo tiempo, donde se salió a jugar luego de seguramente una charla tranquilizadora y de una raíz motivacional proveniente de Guillermo, por momentos se vio rapidez para transitar los ataques, con ráfagas de un buen Messidoro, un explosivo Palacios y un Benegas que le llegó más la pelota en comparación a la caída con Argentinos, y el globo no ejerció soberanía ni con Romero Gamarra, en un 4-3-3 más vertical que solo tuvo una aparición sorpresiva de González por el centro, que aprovechando su reubicación como volante interno apareció en una jugada que hasta lo sorprendió a él, y un remate de Bogado como para desentonar con un poco de acción.
Una gran noticia fue la vuelta de Bentancur, que le dio oxígeno a una mitad de la cancha que le faltaba cambio de ritmo para emplear la tenencia agresiva del equipo A, y además aportó visión, lo que hace más fructífera a la tenencia del balón, permitiendo quebrar líneas y adelantar al equipo, aunque no haya alcanzado para ganar o ser superiores. La mala noticia es que Erbes sigue sin ser el mismo.
Un empate con varios juveniles ante un elenco consolidado y con experiencia internacional no tiene que mirarse con malos ojos. Que Benegas haya tenido la personalidad de aguantar la pelota y pivotear, que Chicco se haya animado a probar desde afuera y siendo importante en la presión (en un medio donde se encontraban Bogado y Fritzler, jugadores de una talla reconocida), que Molina se anime a escalar por el carril derecho, que Messidoro por momentos maneje los hilos del conjunto, son señales positivas de juveniles que progresan y los espera un extenso futuro, y que mientras pueden ser cartas confiables en el equipo profesional de Boca.
viernes, 6 de mayo de 2016
BOCA 3 CERRO PORTEÑO 1: LA COPA SE GANA CON HOMBRES
Para ser protagonista en la Copa Libertadores se requiere de inteligencia, experiencia, juego y un grupo que de jugadores que aporten jerarquía para las situaciones adversas, que nunca faltan.
Cerro Porteño fue un equipo distinto, estuvo mejor parado en comparación a la ida, explotando el lado de Jara, rompiendo líneas en un mediocampo algo desorientado ante las ausencias de Cubas, Gago y Lodeiro. Podría decirse que ante un Boca que aparentaba estar tildado de relajado, el equipo paraguayo era agresivo con Salas y Domínguez, empleando un fútbol vertical, también acompañado por Rojas, pero anunciando casi todos sus golpes en la zona de Domínguez (que en la ida volvió loco a Peruzzi, ahora a Jara), golpes que no pudimos esquivar en varias oportunidades, porque el Cata Díaz no llegaba, Jara era superado y Erbes no parecía acomodarse en el partido.
Pero además de las ganas del rival para quedarse con lo bueno del anterior encuentro, es decir, con las puñaladas al área que eran los centros para Salas o las gambetas de Domínguez, y dejar de lado su faceta más endeble que era cuando el equipo de los mellizos era fluído de la mano de los volantes, de un Lodeiro que maniobraba a su antojo, junto a los desbordes de Pavón y la no (porque nunca se queda estático en el área) referencia de Tévez; también hubo errores del Xeneize para no ubicarse con el juego actitudinal que mostró en Paraguay de ser directo y aguantar el triunfo. Como se dijo anteriormente, hubo imprecisiones y faltas de coordinación que reflejaron cierta falta de orden en la mitad de la cancha, mientras que los tres puntas parecían piezas aparte, como si el equipo estaría partido, lo que nos imposibilitó de tener un andamiaje homogéneo. Las corridas de Pavón por la derecha fueron una preocupación constante para Cerro Porteño como lo fue Domínguez para Boca, eso significa que a pesar de sufrir y no jugar como el entrenador lo pretende (se notaba en su rostro), teníamos situaciones, más aún si en el equipo está Carlos Tévez, que como él mismo declaró, cada vez se siente más nueve, y su adaptación llegó en el momento justo, porque en un encuentro en donde el equipo no tuvo el juego de otros días, osea el acompañamiento con el que Guillermo ambientó a Carlitos para jugar en esa posición, el Apache se las arregló con los centrales encima para aportar pinceladas de fútbol y calidad, y hacer florecer un pantano.
Esos busca pies que son medio gol a los que nos habituó a ver Pavón esta vez fueron insinuaciones peligrosas pero bien interceptadas por un equipo visitante bien parado, y decidido a tomar la pelota y acelerar, por eso es que se sufrió tanto, y Orión y el palo nos dieron una mano que siempre se necesitan en contextos sofocantes.
Pero además de un poco de suerte, para ganar la copa se necesitan hombres, esos que aparecen cuando las papas queman. Antes que los nombres está el funcionamiento, pero si este no funciona, la actitud te tiene que sacar adelante. Es por eso que siempre suelen triunfar en estos torneos los equipos con buenos jugadores, porque aunque no jueguen del todo bien, siempre tienen algún Carlitos para ejercer superioridad, pero el Carlitos que tenemos nosotros es único, y tenemos la suerte de tenerlo.
Cuando el Apache regresó en 2015, fue muy claro: Román hizo su historia, y él venía a hacer la suya. Es por eso que uno no quiere llegar a la odiosa comparación, pero sin asimilarlos, es inevitable recordar la imagen de Riquelme en aquella Libertadores del 2007: cuando las cosas no salían del todo bien, había que dársela al diez, para que la pelota esté en buenas manos, en manos de alguien que pueda dibujar algo que rompa el molde. Los tipos distintos son así: cuando la tuvo Tévez, cualquier cosa podía pasar, y ya con Jara ubicado como volante central, donde aportó más presencia en la presión y equilibró el asunto, y con Tobio como lateral para ayudar en el juego aéreo y guardarse en el bolsillo a Domínguez, hubo mas tranquilidad para entregarle la pelota a Carlitos (esa tranquilidad que por momentos Meli y Pablo Pérez parecieron haber perdido), que hizo aparecer huecos que parecían ni existir en la primera etapa, y terminar disfrutando de una noche copera en donde el tiempo pasaba demasiado lento. Regalanos mas noches así, Carlitos.
Pero además de las ganas del rival para quedarse con lo bueno del anterior encuentro, es decir, con las puñaladas al área que eran los centros para Salas o las gambetas de Domínguez, y dejar de lado su faceta más endeble que era cuando el equipo de los mellizos era fluído de la mano de los volantes, de un Lodeiro que maniobraba a su antojo, junto a los desbordes de Pavón y la no (porque nunca se queda estático en el área) referencia de Tévez; también hubo errores del Xeneize para no ubicarse con el juego actitudinal que mostró en Paraguay de ser directo y aguantar el triunfo. Como se dijo anteriormente, hubo imprecisiones y faltas de coordinación que reflejaron cierta falta de orden en la mitad de la cancha, mientras que los tres puntas parecían piezas aparte, como si el equipo estaría partido, lo que nos imposibilitó de tener un andamiaje homogéneo. Las corridas de Pavón por la derecha fueron una preocupación constante para Cerro Porteño como lo fue Domínguez para Boca, eso significa que a pesar de sufrir y no jugar como el entrenador lo pretende (se notaba en su rostro), teníamos situaciones, más aún si en el equipo está Carlos Tévez, que como él mismo declaró, cada vez se siente más nueve, y su adaptación llegó en el momento justo, porque en un encuentro en donde el equipo no tuvo el juego de otros días, osea el acompañamiento con el que Guillermo ambientó a Carlitos para jugar en esa posición, el Apache se las arregló con los centrales encima para aportar pinceladas de fútbol y calidad, y hacer florecer un pantano.
Esos busca pies que son medio gol a los que nos habituó a ver Pavón esta vez fueron insinuaciones peligrosas pero bien interceptadas por un equipo visitante bien parado, y decidido a tomar la pelota y acelerar, por eso es que se sufrió tanto, y Orión y el palo nos dieron una mano que siempre se necesitan en contextos sofocantes.
Pero además de un poco de suerte, para ganar la copa se necesitan hombres, esos que aparecen cuando las papas queman. Antes que los nombres está el funcionamiento, pero si este no funciona, la actitud te tiene que sacar adelante. Es por eso que siempre suelen triunfar en estos torneos los equipos con buenos jugadores, porque aunque no jueguen del todo bien, siempre tienen algún Carlitos para ejercer superioridad, pero el Carlitos que tenemos nosotros es único, y tenemos la suerte de tenerlo.
Cuando el Apache regresó en 2015, fue muy claro: Román hizo su historia, y él venía a hacer la suya. Es por eso que uno no quiere llegar a la odiosa comparación, pero sin asimilarlos, es inevitable recordar la imagen de Riquelme en aquella Libertadores del 2007: cuando las cosas no salían del todo bien, había que dársela al diez, para que la pelota esté en buenas manos, en manos de alguien que pueda dibujar algo que rompa el molde. Los tipos distintos son así: cuando la tuvo Tévez, cualquier cosa podía pasar, y ya con Jara ubicado como volante central, donde aportó más presencia en la presión y equilibró el asunto, y con Tobio como lateral para ayudar en el juego aéreo y guardarse en el bolsillo a Domínguez, hubo mas tranquilidad para entregarle la pelota a Carlitos (esa tranquilidad que por momentos Meli y Pablo Pérez parecieron haber perdido), que hizo aparecer huecos que parecían ni existir en la primera etapa, y terminar disfrutando de una noche copera en donde el tiempo pasaba demasiado lento. Regalanos mas noches así, Carlitos.
martes, 3 de mayo de 2016
EL ÉXITO DE LA HUMILDAD
Que con esfuerzo, trabajo y humildad se logran cosas imposibles es algo emocionante, pero erróneo en lo literal: a mi entender, lo del Leicester no es un milagro, sino que es la lógica de un laburo tremendo que con menos recursos en comparación con otros clubes, consiguió lo que parecía impensado al principio de la temporada. Si un joyero hijo de inmigrantes empezó sin nada, y de a poco se va interiorizando en el mundo de las joyas puede comprender cómo fabricarlas, luego con el tiempo abrir una tienda de barrio, hasta que como fruto de tantos años de esfuerzo y sacrificio su emprendimiento se termina transformando en una reconocida joyería a nivel nacional. Un milagro es algo que sucede inexplicablemente, y cuando uno va en busca de algo no es milagroso, sino que es meritorio, por lo que el mencionado ejemplo no es un milagro, y lo del Leicester tampoco.
Un equipo que la temporada pasada logró salvarse del descenso, se armó como pudo para afrontar una temporada que lo encuentre en una posición más reconfortante, pero esos recursos (más bajos) con los que parecía contar, se terminaron potenciando a tal punto de estar a la par o encima del resto. ¿Cómo se potencia a un futbolista? Encontrando su lugar y función en el campo que le sienta más cómodo, que la atmósfera y clima de trabajo sean los ideales, que el todo sea más que la suma de sus partes, es decir, que haya una idea y no 11. "Primero somos una familia, luego un equipo", esas fueron las palabras de Ranieri luego de la consagración, y cuánta razón tiene: en una familia todos hacen lo posible para el bienestar mutuo, porque en un ambiente familiar, todos piensan en todos. Y este equipo es una familia en serio: si Drinkwater queda pagando, Kanté le cubre las espaldas, y si es necesario, Marhez hace el sacrificio de dar una mano, como también Vardy se rompe el alma para aguantar la pelota o yendo a quitarla cuando la tiene el cinco rival, entre otros casos.
Claudio Ranieri, en épocas de un cambio futbolístico donde la gran mayoría suele enamorarse del juego ofensivo, de posesión y con tres puntas, decidió inclinarse por una identidad que era acorde a su plantel y que por no ser un estilo vistoso no significa que peque de ineficaz. Una defensa sólida bien respaldada por un arquero seguro y recubierta por un mediocampo que los hace ser una estructura equilibrada, con dos volantes centrales que se complementan a la perfección, un volante como Marhez que desequilibra y le da el toque de individualidad, Albrighton o Schmud que raspan y juegan por una de las bandas, Okasaki que es el mas retrasado de los puntas para ser el nexo de la transición rápida de ataque-defensa, y Vardy, que es un animal: va a todas, la aguanta y ejecuta con frialdad. Siendo un elenco contragolpeador para atacar al espacio, eficaz y contundente en las situaciones que tiene, experto en la segunda jugada y en cubrir los espacios, el entrenador italiano "encajó en la tecla", como diría Guardiola.
Vardy es el mejor ejemplo para explicar la humildad con la que llegaron al éxito: hace unos años militaba en el ascenso amateur del fútbol inglés, y se ganaba la vida como albañil. Son por estas cosas que este equipo no se encontró con nada, sino que lo fue a buscar, con instinto amateur de no querer ganar jugando lindo sino como más les favorece, y con una cultura del esfuerzo que los hace un conjunto solidario dentro del campo.
A través de la humildad, encontrando el equipo, la forma de jugar y remándola con lo que tiene sin gastar millonadas, el Leicester llegó a ser el mejor de Inglaterra, y esto es un mensaje de vida que debe llegarnos a todos: haciendo los deberes correctamente, intentando superarse día a día, con humildad y desde el silencio, se hace posible lo imposible. El camino siempre es largo, pero depende de uno quitar las espinas que lo hacen espinoso. Si pensás triunfar en algo, animate, andá a buscarlo.
domingo, 1 de mayo de 2016
ARGENTINOS 1 BOCA 0: UNA INANIMACIÓN
Teniendo en cuenta las motivaciones de un equipo y de otro, es decir, la ansiada espera de Boca de jugar el jueves por la Libertadores (lo que lo lleva a utilizar suplentes en el torneo doméstico) y la motivación de Argentinos por salvarse del descenso (no es muy difícil darse cuenta porqué estuvo cinco meses sin ganar), puede explicarse perfectamente el inanimado encuentro sin emociones que se llevó a cabo en La Paternal.
El mediocampo es la zona en donde se ganan los partidos, y fue donde Boca ubicó a Jara, al debutante Chicco y al juvenil Messidoro, que les costó hacer pie en la mitad del campo, donde Argentinos tuvo la capacidad de manejar la pelota, al principio en los pies de Ledesma, luego con mas protagonismo de Insúa. La falta de conocimiento entre los volantes nos llevó a estar en determinadas circunstancias mal escalonados y al rival recibir el esférico con muchas libertades. Pero como se dijo anteriormente, al Bicho no le sobra nada, es por eso que la posibilidad de Piovi por la izquierda, alguna arremetida de Rolón por ese mismo sector fueron las armas del rival, que sin dudas no alcanzaban para emplear un fútbol superador.
Y el equipo de los Barros Esquelotto tampoco estaba para tirar manteca al techo: algunos centros que siempre sabe sacar de la galera un punta como Palacios o la simple presencia de Carrizo fueron lo único (decimos lo único para decir algo, porque la realidad es que no hubo nada) de una aburrida noche, donde no se generó ni una situación de gol de parte del equipo de la Ribera, producto del escaso juego colectivo y la falta de consolidación de este equipo B para parecerse un poco al que afronta el torneo continental, el verdadero objetivo del semestre.
Insúa de a poco fue creciendo, y en él el elenco local tuvo a un conductor, a un tipo con el cual podía generarse un tiro al arco, una habilitación o una actuación autodidacta como el mano a mano que le tapa Sara. Y aunque nunca sea beneficiosa la lesión de un compañero, futbolísticamente el Pocho mejoró su juego con la salida del volante central (Ledesma, que se adelantaba casi como un enganche aprovechando la inferioridad de Boca en el medio), para transformarse en la primera opción de pase a la hora de diagramar una jugada.
El esfuerzo sin mucha jerarquía (para tirar mas leña al fuego, a Rinaldi lo apartaron del plantel) del elenco local junto con un sumiso conjunto visitante encuadraron un espectáculo para el olvido. Pero esas cosas del fútbol fusionadas con méritos de Romero y Bueno se conjugaron para que un 0-0 clavado nos tenga a nosotros como perdedores. Un simple pelotazo inofensivo, un choque entre un jugador de Argentinos y dos de Boca (mamita, se chocaron dos del mismo equipo) hizo que le quede la pelota a Romero, que aportó una gota de distinción para desbordar y asistir a Bueno, que define con categoría.
Con la ventaja de estar con un hombre mas y la obligación de ir a buscar el empate, pero manteniendo la misma línea del bajo nivel, muy lejos de lo mostrado últimamente, se intentó con pelotazos (de mierda, los que hace mucho no se veían) y empuje, lo que nos aparentó con el juego inicial mas aliciente de Argentinos (acompañado por el repliegue final para defender el 1-0), teniendo en cuenta que de los dos equipos, sobre todo antes del gol, Boca fue el que menos méritos hizo.
Era sabido de antemano que no iba a ser una tarde brillante, porque no es lo mismo jugar con el equipo que le ganó a Aldosivi 4-1 (con Chávez, Meli, Lodeiro o Insaurralde) que con un equipo alternativo que además de ser netamente suplente, tiene varias bajas.
Hasta que no llegue el momento de equipararse con el fútbol europeo para jugar copa y torneo con por lo menos gran parte de los mismos jugadores (aunque sea un mix en el torneo local, valga la redundancia) veremos esto: un torneo argentino sin importancia ni emociones. Por todo esto y por lo declarado por Guillermo es que nuestra cabeza esta puesta en el jueves.
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