Este Huracán es un equipo de hazañas, que además de obtener dos títulos se ganó un respeto en el fútbol argentino, y al presentar el equipo titular, estaba en condiciones más óptimas de generar dominio en un terreno que nos encontraba a nosotros con un equipo muleto. Pero el primer tiempo nos regaló una inanimación parecida a la vivida el fin de semana pasado porque este equipo B que presenta Boca no termina de alcanzar una conexión que pueda definirlo, mientras que Huracán tuvo en un veloz Espinoza y un participativo San Román una variante jugosa por la derecha, pero sin sintonizarse con un Montenegro que no fue conductor, un Ábila solitario y atrincherado por Rolín y Tobio y un Mariano González que ya no es el wing izquierdo que era en sus épocas de Estudiantes, por lo que necesita de más acompañamiento y juego interno.
La buena estuvo del lado de que se le cerraron los caminos al rival, que le costó hacer pie en las triangulaciones y fútbol eficaz que lo caracterizan desde que Domínguez es su entrenador. La mala fue que además de estar lejos de perder, se estuvo lejos de ganar, ya que Colazo no pesaba como volante ni como extremo en su banda, Messidoro quedaba algo desaprovechado recostado sobre la derecha (su mejor versión fue en el debut con Aldosivi: jugando por dentro), y no alcanzaba con la movilidad de Palacios por todo el frente de ataque para poder llegar a incomodar a Marcos Díaz.
En el segundo tiempo, donde se salió a jugar luego de seguramente una charla tranquilizadora y de una raíz motivacional proveniente de Guillermo, por momentos se vio rapidez para transitar los ataques, con ráfagas de un buen Messidoro, un explosivo Palacios y un Benegas que le llegó más la pelota en comparación a la caída con Argentinos, y el globo no ejerció soberanía ni con Romero Gamarra, en un 4-3-3 más vertical que solo tuvo una aparición sorpresiva de González por el centro, que aprovechando su reubicación como volante interno apareció en una jugada que hasta lo sorprendió a él, y un remate de Bogado como para desentonar con un poco de acción.
Una gran noticia fue la vuelta de Bentancur, que le dio oxígeno a una mitad de la cancha que le faltaba cambio de ritmo para emplear la tenencia agresiva del equipo A, y además aportó visión, lo que hace más fructífera a la tenencia del balón, permitiendo quebrar líneas y adelantar al equipo, aunque no haya alcanzado para ganar o ser superiores. La mala noticia es que Erbes sigue sin ser el mismo.
Un empate con varios juveniles ante un elenco consolidado y con experiencia internacional no tiene que mirarse con malos ojos. Que Benegas haya tenido la personalidad de aguantar la pelota y pivotear, que Chicco se haya animado a probar desde afuera y siendo importante en la presión (en un medio donde se encontraban Bogado y Fritzler, jugadores de una talla reconocida), que Molina se anime a escalar por el carril derecho, que Messidoro por momentos maneje los hilos del conjunto, son señales positivas de juveniles que progresan y los espera un extenso futuro, y que mientras pueden ser cartas confiables en el equipo profesional de Boca.
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