Los mellizos innovaron en el equipo B con Fabra como volante izquierdo y esta vez sin ningún jugador en el área. Jugar con Chávez y Tévez también es jugar sin nueve porque ninguno de los dos lo es, pero tienen la capacidad de estar en tal ubicación más allá de las características. Pero con Palacios y Carrizo como delanteros no se generó ninguna situación de gol además del penal y el tiro libre por el simple hecho de que si se juega por afuera es para terminar la jugada por dentro, y no estaba en nuestras posibilidades ningún camino que nos lleve a patear al arco.
Fabra estuvo desconocido: evidentemente el experimento salió mal, no se ofreció con la misma potencia y determinación como lo hace jugando de lateral, ni tampoco colaboró en la marca. En un 4-4-2 donde Carrizo y Palacios no tienen a quien tirarle el centro, Bentancur no pesa por la derecha (se hace costumbre ubicar a jugadores que se diferencian por su juego interior en una de las bandas, como pasó con Messidoro), Pérez no tiene con quien jugar y los laterales no tienen asistidores que les incentiven a proyectarse, Boca evidenciaba una imagen desdibujada. Además de que por momentos el esquema se transformaba en un 4-1-4-1 donde Pablo Pérez y Bentancur tampoco se transformaron en ejes de la posesión. Sin sorpresas, identidad ni variantes tácticas el partido fue muy tranquilo para la línea de tres defensores que presentó el rival: eso se nota en los volantes externos, Martínez y Delgado, que en ningún momento del partido fueron parte de una línea de cinco, sino que fueron volantes decididamente.
El ingreso de Benegas no fue un cambio que le dio algo más de alma al equipo por la participación del jugador ingresado, es decir, Benegas no tuvo un gran partido, no cambió la fisonomía del elenco ni tuvo chances claras, pero el equipo cambió por sentirse en una disposición más amena, en un 4-3-3 donde se sabe plasmar mejor el ideal de la dupla técnica. Gracias al cambio de sistema se pudo tener más la pelota, hubo intenciones de juego interno con los volantes y juego externo con los extremos, que por lo menos generaron las dos situaciones netas para abrir el marcador: la llegada por el centro de Pérez para intentar filtrar un pase que terminó en penal, y la falta sobre la izquierda que termina en un peligroso tiro libre de Carrizo. Se jugó para cumplir y se cumplió lo mejor que se pudo, pero la diferencia estuvo en que Boca jugó como podía y Defensa y Justicia no jugó como quería (no fue un encuentro descolorido únicamente por Boca) pero sí a lo que tiene en mente y viene haciendo desde la llegada de Holan.
Es para destacar lo del Halcón de Varela, que basa su fisonomía de juego en el guardiolismo: en este caso utilizó tres centrales para utilizar a los laterales de lleno en ataque, con Rodríguez como primer pase y líder en la presión, Tomás Martínez con Fredes como organizadores e Isnaldo y Bordagaray como puntas, con el objetivo de mantener la posesión, salida clara desde el fondo y pases cortos para quebrar líneas, con todos involucrados en la creación. Sin prescindir del libreto, Defensa y Justicia se plantó en la Bombonera, y aunque le haya faltado mas precisión y ritmo para ganar el partido, ayer culminó el camino de la consagración de un trofeo muy importante: saber a qué juega y ganar o perder siempre respetando el estilo. Eso es lo que Boca no pudo conseguir cada vez que presentó un equipo alternativo, como el de esta ocasión.
Lógicamente la mira estaba mas puesta en las vacaciones antes que en este compromiso obsoleto. Ahora sí, ya sin ninguna competencia, es momento de relajarse, recuperar soldados y armarse para las semifinales.
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