Cerro Porteño fue un equipo distinto, estuvo mejor parado en comparación a la ida, explotando el lado de Jara, rompiendo líneas en un mediocampo algo desorientado ante las ausencias de Cubas, Gago y Lodeiro. Podría decirse que ante un Boca que aparentaba estar tildado de relajado, el equipo paraguayo era agresivo con Salas y Domínguez, empleando un fútbol vertical, también acompañado por Rojas, pero anunciando casi todos sus golpes en la zona de Domínguez (que en la ida volvió loco a Peruzzi, ahora a Jara), golpes que no pudimos esquivar en varias oportunidades, porque el Cata Díaz no llegaba, Jara era superado y Erbes no parecía acomodarse en el partido.
Pero además de las ganas del rival para quedarse con lo bueno del anterior encuentro, es decir, con las puñaladas al área que eran los centros para Salas o las gambetas de Domínguez, y dejar de lado su faceta más endeble que era cuando el equipo de los mellizos era fluído de la mano de los volantes, de un Lodeiro que maniobraba a su antojo, junto a los desbordes de Pavón y la no (porque nunca se queda estático en el área) referencia de Tévez; también hubo errores del Xeneize para no ubicarse con el juego actitudinal que mostró en Paraguay de ser directo y aguantar el triunfo. Como se dijo anteriormente, hubo imprecisiones y faltas de coordinación que reflejaron cierta falta de orden en la mitad de la cancha, mientras que los tres puntas parecían piezas aparte, como si el equipo estaría partido, lo que nos imposibilitó de tener un andamiaje homogéneo. Las corridas de Pavón por la derecha fueron una preocupación constante para Cerro Porteño como lo fue Domínguez para Boca, eso significa que a pesar de sufrir y no jugar como el entrenador lo pretende (se notaba en su rostro), teníamos situaciones, más aún si en el equipo está Carlos Tévez, que como él mismo declaró, cada vez se siente más nueve, y su adaptación llegó en el momento justo, porque en un encuentro en donde el equipo no tuvo el juego de otros días, osea el acompañamiento con el que Guillermo ambientó a Carlitos para jugar en esa posición, el Apache se las arregló con los centrales encima para aportar pinceladas de fútbol y calidad, y hacer florecer un pantano.
Esos busca pies que son medio gol a los que nos habituó a ver Pavón esta vez fueron insinuaciones peligrosas pero bien interceptadas por un equipo visitante bien parado, y decidido a tomar la pelota y acelerar, por eso es que se sufrió tanto, y Orión y el palo nos dieron una mano que siempre se necesitan en contextos sofocantes.
Pero además de un poco de suerte, para ganar la copa se necesitan hombres, esos que aparecen cuando las papas queman. Antes que los nombres está el funcionamiento, pero si este no funciona, la actitud te tiene que sacar adelante. Es por eso que siempre suelen triunfar en estos torneos los equipos con buenos jugadores, porque aunque no jueguen del todo bien, siempre tienen algún Carlitos para ejercer superioridad, pero el Carlitos que tenemos nosotros es único, y tenemos la suerte de tenerlo.
Cuando el Apache regresó en 2015, fue muy claro: Román hizo su historia, y él venía a hacer la suya. Es por eso que uno no quiere llegar a la odiosa comparación, pero sin asimilarlos, es inevitable recordar la imagen de Riquelme en aquella Libertadores del 2007: cuando las cosas no salían del todo bien, había que dársela al diez, para que la pelota esté en buenas manos, en manos de alguien que pueda dibujar algo que rompa el molde. Los tipos distintos son así: cuando la tuvo Tévez, cualquier cosa podía pasar, y ya con Jara ubicado como volante central, donde aportó más presencia en la presión y equilibró el asunto, y con Tobio como lateral para ayudar en el juego aéreo y guardarse en el bolsillo a Domínguez, hubo mas tranquilidad para entregarle la pelota a Carlitos (esa tranquilidad que por momentos Meli y Pablo Pérez parecieron haber perdido), que hizo aparecer huecos que parecían ni existir en la primera etapa, y terminar disfrutando de una noche copera en donde el tiempo pasaba demasiado lento. Regalanos mas noches así, Carlitos.
Pero además de las ganas del rival para quedarse con lo bueno del anterior encuentro, es decir, con las puñaladas al área que eran los centros para Salas o las gambetas de Domínguez, y dejar de lado su faceta más endeble que era cuando el equipo de los mellizos era fluído de la mano de los volantes, de un Lodeiro que maniobraba a su antojo, junto a los desbordes de Pavón y la no (porque nunca se queda estático en el área) referencia de Tévez; también hubo errores del Xeneize para no ubicarse con el juego actitudinal que mostró en Paraguay de ser directo y aguantar el triunfo. Como se dijo anteriormente, hubo imprecisiones y faltas de coordinación que reflejaron cierta falta de orden en la mitad de la cancha, mientras que los tres puntas parecían piezas aparte, como si el equipo estaría partido, lo que nos imposibilitó de tener un andamiaje homogéneo. Las corridas de Pavón por la derecha fueron una preocupación constante para Cerro Porteño como lo fue Domínguez para Boca, eso significa que a pesar de sufrir y no jugar como el entrenador lo pretende (se notaba en su rostro), teníamos situaciones, más aún si en el equipo está Carlos Tévez, que como él mismo declaró, cada vez se siente más nueve, y su adaptación llegó en el momento justo, porque en un encuentro en donde el equipo no tuvo el juego de otros días, osea el acompañamiento con el que Guillermo ambientó a Carlitos para jugar en esa posición, el Apache se las arregló con los centrales encima para aportar pinceladas de fútbol y calidad, y hacer florecer un pantano.
Esos busca pies que son medio gol a los que nos habituó a ver Pavón esta vez fueron insinuaciones peligrosas pero bien interceptadas por un equipo visitante bien parado, y decidido a tomar la pelota y acelerar, por eso es que se sufrió tanto, y Orión y el palo nos dieron una mano que siempre se necesitan en contextos sofocantes.
Pero además de un poco de suerte, para ganar la copa se necesitan hombres, esos que aparecen cuando las papas queman. Antes que los nombres está el funcionamiento, pero si este no funciona, la actitud te tiene que sacar adelante. Es por eso que siempre suelen triunfar en estos torneos los equipos con buenos jugadores, porque aunque no jueguen del todo bien, siempre tienen algún Carlitos para ejercer superioridad, pero el Carlitos que tenemos nosotros es único, y tenemos la suerte de tenerlo.
Cuando el Apache regresó en 2015, fue muy claro: Román hizo su historia, y él venía a hacer la suya. Es por eso que uno no quiere llegar a la odiosa comparación, pero sin asimilarlos, es inevitable recordar la imagen de Riquelme en aquella Libertadores del 2007: cuando las cosas no salían del todo bien, había que dársela al diez, para que la pelota esté en buenas manos, en manos de alguien que pueda dibujar algo que rompa el molde. Los tipos distintos son así: cuando la tuvo Tévez, cualquier cosa podía pasar, y ya con Jara ubicado como volante central, donde aportó más presencia en la presión y equilibró el asunto, y con Tobio como lateral para ayudar en el juego aéreo y guardarse en el bolsillo a Domínguez, hubo mas tranquilidad para entregarle la pelota a Carlitos (esa tranquilidad que por momentos Meli y Pablo Pérez parecieron haber perdido), que hizo aparecer huecos que parecían ni existir en la primera etapa, y terminar disfrutando de una noche copera en donde el tiempo pasaba demasiado lento. Regalanos mas noches así, Carlitos.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario