martes, 3 de mayo de 2016

EL ÉXITO DE LA HUMILDAD

 Que con esfuerzo, trabajo y humildad se logran cosas imposibles es algo emocionante, pero erróneo en lo literal: a mi entender, lo del Leicester no es un milagro, sino que es la lógica de un laburo tremendo que con menos recursos en comparación con otros clubes, consiguió lo que parecía impensado al principio de la temporada. Si un joyero hijo de inmigrantes empezó sin nada, y de a poco se va interiorizando en el mundo de las joyas puede comprender cómo fabricarlas, luego con el tiempo abrir una tienda de barrio, hasta que como fruto de tantos años de esfuerzo y sacrificio su emprendimiento se termina transformando en una reconocida joyería a nivel nacional. Un milagro es algo que sucede inexplicablemente, y cuando uno va en busca de algo no es milagroso, sino que es meritorio, por lo que el mencionado ejemplo no es un milagro, y lo del Leicester tampoco.
 Un equipo que la temporada pasada logró salvarse del descenso, se armó como pudo para afrontar una temporada que lo encuentre en una posición más reconfortante, pero esos recursos (más bajos) con los que parecía contar, se terminaron potenciando a tal punto de estar a la par o encima del resto. ¿Cómo se potencia a un futbolista? Encontrando su lugar y función en el campo que le sienta más cómodo, que la atmósfera y clima de trabajo sean los ideales, que el todo sea más que la suma de sus partes, es decir, que haya una idea y no 11. "Primero somos una familia, luego un equipo", esas fueron las palabras de Ranieri luego de la consagración, y cuánta razón tiene: en una familia todos hacen lo posible para el bienestar mutuo, porque en un ambiente familiar, todos piensan en todos. Y este equipo es una familia en serio: si Drinkwater queda pagando, Kanté le cubre las espaldas, y si es necesario, Marhez hace el sacrificio de dar una mano, como también Vardy se rompe el alma para aguantar la pelota o yendo a quitarla cuando la tiene el cinco rival, entre otros casos.
 Claudio Ranieri, en épocas de un cambio futbolístico donde la gran mayoría suele enamorarse del juego ofensivo, de posesión y con tres puntas, decidió inclinarse por una identidad que era acorde a su plantel y que por no ser un estilo vistoso no significa que peque de ineficaz. Una defensa sólida bien respaldada por un arquero seguro y recubierta por un mediocampo que los hace ser una estructura equilibrada, con dos volantes centrales que se complementan a la perfección, un volante como Marhez que desequilibra y le da el toque de individualidad, Albrighton o Schmud que raspan y juegan por una de las bandas, Okasaki que es el mas retrasado de los puntas para ser el nexo de la transición rápida de ataque-defensa, y Vardy, que es un animal: va a todas, la aguanta y ejecuta con frialdad. Siendo un elenco contragolpeador para atacar al espacio, eficaz y contundente en las situaciones que tiene, experto en la segunda jugada y en cubrir los espacios, el entrenador italiano "encajó en la tecla", como diría Guardiola. 
 Vardy es el mejor ejemplo para explicar la humildad con la que llegaron al éxito: hace unos años militaba en el ascenso amateur del fútbol inglés, y se ganaba la vida como albañil. Son por estas cosas que este equipo no se encontró con nada, sino que lo fue a buscar, con instinto amateur de no querer ganar jugando lindo sino como más les favorece, y con una cultura del esfuerzo que los hace un conjunto solidario dentro del campo. 
 A través de la humildad, encontrando el equipo, la forma de jugar y remándola con lo que tiene sin gastar millonadas, el Leicester llegó a ser el mejor de Inglaterra, y esto es un mensaje de vida que debe llegarnos a todos: haciendo los deberes correctamente, intentando superarse día a día, con humildad y desde el silencio, se hace posible lo imposible. El camino siempre es largo, pero depende de uno quitar las espinas que lo hacen espinoso. Si pensás triunfar en algo, animate, andá a buscarlo. 

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