sábado, 15 de octubre de 2016

LOS NOMBRES O LA FORMA

 Ante Perú se vio una selección desequilibrada, descompensada e inconexa. El debate gira al rededor de si es fructífero el hecho de juntar nombres, si sirve de algo tener en el mismo equipo a Dybala, Aguero, Di María e Higuaín.
 Para empezar, cualquier equipo daría lo que fuese por tener esos nombres. Ahora bien, no alcanza con ubicarlos dentro del campo, sino que hay que hacerlos jugar. Mucho se ha hablado con respecto a Bauza: que no es el técnico que se fue a buscar y resigna su estilo por respetar los nombres, que no encaja con las características de los jugadores, que todavía no supo darle una identidad al equipo. De acuerdo a esto, Buaza ya tiene una base de jugadores por lo hecho en los ciclos de Sabella y Martino, y deberá hacer los ajustes necesarios para consolidar la formación con la que sueña levantar la copa en 2018. Pero ese andar muchas veces suele ser muy esquivo por lo que significan los intentos para conseguir el ideal futbolístico: uno de esos intentos estuvo en Lima colocando tres delanteros de área y un extremo que, por características, es el indicado para hacer la banda por la izquierda, pero que también falló en esa función (no rindió desbordando por la izquierda ni tampoco dando una mano en defensa por ese sector; como lo fue con Villalva en San Lorenzo, para el Patón es fundamental un explosivo ida y vuelta por las bandas).
 La responsabilidad es de todos, pero porqué vamos a negarle a Bauza la valentía de colocar cuatro futbolistas de carácter netamente ofensivo con el deseo de explayar un buen juego, independientemente de cómo consiguió sus logros en sus clubes. No olvidemos que el Brasil del 70 salió campeón con cuatro número diez en el equipo. Era otro equipo y otra época, es cierto. Pero nadie dijo que en los tiempos de hoy no se puede jugar con Dybala. Aguero, Di María e Higuaín en el mismo 11. Si no se puede jugar con esos nombres de excelencia, ¿con quienes sí?.
 Antes de cualquier implementación, hay un punto clave: que haya solo una idea y no 11. Si Argentina juega mal no es porque haya tres delanteros o dos (ante Paraguay fue un equipo en principio más equilibrado con ida y vuelta por las bandas a través de Gaitán y Di María, y buena entrega del balón con Banega al lado de Mascherano), sino porque todavía no nos pusimos de acuerdo a dónde queremos ir. Y hay ejemplos de ello: uno muy claro es Di María; parece perdido, como jugando a su propio juego, sin levantar la cabeza, cayendo siempre en la misma trampa. Otro ejemplo fue con Banega ante Paraguay: el ex Boca es un volante que puede distribuir y generar juego, pero el equipo estaba partido, no tenía socios a quienes darle la redonda.
 Con los nombres solos no alcanza; se necesita de una forma que los haga funcionar. Pero hay algo que nos hace pensar que sí es un tema de nombres: siempre un equipo sufre cambios al tener otro DT, pero la gran mayoría de esta camada de futbolistas vienen jugando juntos hace mucho tiempo, por lo que deberían conocerse perfectamente y estar bien acoplados a la camiseta albiceleste. Un penal puede errarlo cualquiera (no vamos a pedir la cabeza de Aguero por eso) pero no puede ser que luego de tantos minutos juntos no se pueda armar una jugada combinada con más de tres pases seguidos o que el mencionado Di María corra siempre para delante como en los partidos de barrio.
 Al igual que en los ciclos anteriores, es menester darle tiempo al entrenador, pero es momento de que los jugadores también lo ayuden a culminar con la confusión y aclararle las dudas. Con Messi seguro sea más sencillo.

miércoles, 5 de octubre de 2016

TIGRE 1 BOCA 1: JUGAR BIEN NO ES SOLO LLEGAR AL AREA

 Por haber disputado entre semana el compromiso correspondiente a la Copa Argentina, Guillermo optó por hacer descansar a algunos futbolistas. Si eso era necesario es una pregunta capciosa, ya que Boca no juega todas las semanas miércoles y domingo ni está participando de la Copa Sudamericana, pero hay un plantel con mucho material y administrar los recursos no es ninguna barbaridad. Pero la pregunta que nos hacemos a la hora de esa administración de nombres propios es si a la hora de implementar un sistema como inamovible, y lo mismo con una forma de jugar, el plantel está conformado como para jugar siempre de la misma manera, hasta cambiando algunas piezas. Sebastián Peréz no es lo mismo que Cubas, pero puede ocupar su lugar sin que la esencia grupal se vea alterada, pero cuando hablamos de Zuqui como extremo derecho y Centurión o Bentancur por el centro, cabe hacer referencia a que hay reemplazos que no deberían serlo, que hubo malas elecciones, y esto incluye al entrenador. Boca no pagó por Zuqui para que juegue en la posición de Pavón, porque no tiene la velocidad ni la gambeta, porque un 4-4-2 o 4-3-3 con el ex Godoy Cruz como volante por la derecha (como volante, no una especie de extremo) hubiera sido lo más razonable.
 Pero Guardiola una vez dijo que mientras más volantes tenga tu equipo, puede que juegues mejor, ya que son los futbolistas que mejor interpretan el juego, ya que deben barajar la mayoría de sus facetas y circunstancias. Y ese no es un punto de vista erróneo, porque con Bentancur. Zuqui y los dos volantes centrales hubo mucho despliegue en el medio, lo que nos atribuyó un predominio territorial que hizo a Tigre un repertorio totalmente tributario para con sus dos extremos, sin elaborar, lo que patentó la habilidad de Janson, pero evidenció la irregularidad para ser un equipo con jugadores de muy buen pie. Además, Boca hizo bien algo lógico para jugar al fútbol: los que piensan, por adentro; los que son mas atolondrados, por afuera: a pura convicción, Silva y Pavón obraron estragos por la izquierda, yendo como locomotoras pero también entendiendo lo que pedía la jugada para rematar o dar el pase atrás. Es por eso que lo de Tigre al comienzo fue un aprovechamiento de un error ajeno, y luego no justificó la victoria, haciendo merecer el empate.
 Algo a tener en cuenta es Bentancur: a veces se siembra cierta duda sobre cuál es su posición, si es un volante mixto, si es un volante central, si es enganche. La respuesta es que es un organizador, un mediocampista moderno. Porque marca y juega, pero su característica principal es la visión: por ese motivo puede jugar de armador, porque tiene inteligencia para desarmar al rival con un pase entre líneas.
 De todas formas, el empate le queda bien al partido: Guillermo quiere un equipo directo, sin tanta pausa, pero a veces el apuro (el fútbol argentino en sí suele ser apurado) quema las expectativas. Benedetto tuvo dos chances, pero pecó de eficacia; a Pavón a veces le falta un poco de sutileza para ser un buen definidor; y Centurión estuvo muy cerca, bastante mas cerca que sus compañeros. Jugar bien no es solo llegar al área y rematar, sino que también es hacerlo de buena manera. Si jugar bien es entender el juego, dar bien los pases, defender correctamente, también lo es no ponerse nerviosos cuando se definen los partidos. Aunque la fogosidad táctica de Guillermo se vio derrumbada al meter otro nueve (a mi entender, no conviene marear a los futbolistas con el sistema y luego cambiarlo de urgencia; lo mejor sería mantener la identidad colocando a cada uno donde más cómodo se sienta), al darse cuenta que con cuatro volantes faltaba un poco de chispa y que alguien haga esos goles errados, pero a pesar de tener otro hombre en el área, el fútbol sigue sin caer, mientras que los centros y la acumulación de jugadores llueven como en tiempos torrenciales: lo que hacía falta era que caigan algunas ideas, eso en cuento a la forma; pero para meter la bocha dentro del arco nadie supo concurrir como lo hizo Insaurralde.

sábado, 1 de octubre de 2016

BOCA 2 (4) LANUS 2 (2): GENERAMOS LA SUERTE

 Como en muchas otras veces, el fútbol argentino se nutrió la última semana de hechos ocurridos fuera de la cancha. Hacemos referencia a el "tironeo" de Angelici para que Boca y Lanús tengan el mismo tiempo de descanso. El objetivo es claro: que no haya "ventajas" por el hecho de que Lanús juegue un día antes. Y la verdad es que es lamentable, y por muchas cosas: primero, porque Boca es el club más grande del país, y es bastante grande como para preocuparse de cosas tan chiquitas; segundo, porque la AFA se deja manipular y no pone orden; y tercero porque si pensamos que la ventaja está en descansar un día más o un día menos, estamos muy equivocados. La ventaja que tenía Lanús es que es un equipo que juega a un excelente fútbol, y en vez de preocuparse por quien descansa más Boca tiene que encauzarse en jugar mejor y superarlo dentro de la cancha. Acá hay una disyuntiva interesante, que en la Argentina debería empezar a cambiar: el rol dirigencial. Los dirigentes deben colaborar con la causa, darle las herramientas al cuerpo técnico para trabajar con el plantel, y nos referimos a lo que tiene que ver con logística, infraestructura, brindarle al DT los futbolistas que necesita, conservar un ideal futbolístico serio. Pero cuando la tarea del dirigente es hacer uso del poder para demostrar que es más fuerte que el otro, el clima se entristece innecesariamente, y lo único que genera es tensión, como el cruce que tuvieron Tévez y Acosta antes de comenzar el encuentro.
 Se puede decir que el primer tiempo justifica lo dicho en el primer párrafo: el equipo de Almirón fue superior, tal vez sin lucirse en el entramado de la posesión, pero ejerciendo un control del resultado a través de la presión. El granate no es sólo "tiki tiki" y fútbol champagne, sino que debe ser uno de los equipos que más se sacrifica a la hora de recuperar: todos presionan, todos corren, y de forma sincronizada: los centrales saben como achicar hacia delante, y los extremos son los primeros en dar una mano. Así se neutralizaron todas las intenciones de un borroso Boca, absorbido por el acoplamiento rival.
 Los argumentos con los que se puede evidenciar haber igualado dos veces el resultado son simples: cuando no se hace fácil jugar, se urge la aparición de alguien que pueda fraccionar la regla, y si hay alguien indicado para eso es Carlos Tévez. Pero hay que volver a reiterar algo del último encuentro: está bien que para el 2-2 hubo varias apariciones de lo mejor de Boca, es decir, Peruzzi y Pavón por la derecha, Pablo Pérez recuperando en el medio, y Tévez definiendo; pero si no fuera por el taco de Benedetto, una intervención quirúrgica de elite, puede que la jugada no haya terminado en nada, y como definitivamente terminó pasando, no habría ninguna combinación similar de Boca hasta finalizar los 90 minutos. La conclusión es la siguiente: como diría un golfista, "mientras mas entreno, mas suerte tengo". No importa cuanto descansemos, si te hacen dos goles de pelota parada es porque el rival ensayó bien durante la semana y también estuviste distraído. Hay que enfocarse en mejorar, entrenar y perfeccionar eso bueno que tenemos, y que es bastante, como se vio en el segundo gol. Por favor, desde Angelici hasta el jugador más humilde de este costoso plantel, no volvamos a caer en pequeñeses.
 Y con la frase anteriormente dicha también podemos hacer referencia a los penales: sin duda que son suerte, pero nadie le puede quitar el mérito a Sara, que es un gran atajador de penales desde su estadía en Rafaela, y que cada vez tiene más suerte.

miércoles, 28 de septiembre de 2016

BOCA 4 QUILMES 1: UN ESPACIO CONFORTADOR

 El partido anterior se había dicho en estas líneas que Benedetto estaba en deuda, y hay que ser sinceros: con el partido que hizo ante Quilmes pagó dólar por dólar hasta llegar a los cinco palos verdes que se desembolsaron por él (tendrá que mantener el nivel, por supuesto). Como si en su cuerpo hubiera caído alguna fuerza divina del más allá, tuvo una actuación sublime, como hace mucho tiempo no se veía en un centrodelantero de Boca. Y a prestar atención a lo que se viene, porque en la vida, como también en el fútbol, cada acción puede ser determinante en lo anímico, y por consecuencia para el futuro (los que hayan visto la película "Efecto Mariposa" sabrán de lo que hablo).
 Con todo respeto al elenco visitante, puede decirse que los últimos 65 minutos estuvieron de más. Eso se debe a que mientras el cervecero no tenía fuerzas para distorsionar el rumbo de la historia, Boca era un tanque de guerra equipado con ametralladoras por todos lados. 
 Los argumentos de la victoria son que, además de que Grelak estuvo errático en el planteo, ya que no pudo prever que a los laterales les iba a quedar muy larga la cancha y el medio campo se le iba a hacer extremadamente ancho e indomable, Boca empezaba siempre con una salida clara desde el fondo gracias a la fórmula Pérez, parados en diagonal, uno jugando a dos toques cerca de la defensa, el otro un poco más adelantado y con intenciones de romper líneas. Y arriba fue todo un festival: los laterales llegando como extremos (atención con este dato: de los ocho goles de Boca en el torneo, dos fueron de marcadores de punta -Fabra y Peruzzi- y hubo dos tiros en el palo -Fabra en una oportunidad, y Silva en el último encuentro-, lo que marca la participación en ataque de los defensores externos, y de la importancia de ellos para hacer amplio el terreno y ser profundos), Pavón desequilibrando por la izquierda, Centurión a puro potrero, talento y huevo (para tener lo que hay que tener entre las piernas, hay que animarse, y a animarse a sacar lo mejor de sí en cualquier aspecto -esto va más allá del fútbol-, y el ex Racing, con su contextura delgada y físico fino, cuerpea, guapea, se banca las patadas, no le tiene miedo a exponerse), y acá quiero detenerme un momento: por lo general el futbolista que se enfrenta con la habilidad (ya sea una gambeta, bicicleta o lo que sea) muchas veces se siente ofendido ante la superación, y lo que hay que entender son dos cosas: al talentoso hay que cuidarlo, pero también él se debe cuidar a sí mismo, por lo tanto si se pueden evitar los golpes, mejor; mientras que la expresión de la habilidad no es ninguna falta de respeto, y el rival debe concentrarse en mejorar para ganar en los mano a mano y no enojarse. Un tal Bianchi dijo hace un tiempo "metele que es canchero", cuando Boca se enfrentó a Racing y Centurión estaba del otro lado. Dijo "metele", no que le peguen. Son dos cosas muy distintas. Y si hay alguien que sabe mucho de fútbol, es Bianchi.
 Pero hubo un factor determinante, que es eso distintivo que se necesita en el fútbol para hacer la diferencia. Para los más apostólicos de la religión boquense, cuando Boca era un equipo multicampeón siempre sobresalía ese Palermo que hacía goles hasta resbalándose, y ese Riquelme que en cualquier momento podía inventar un pase entre líneas que deje mal parada a la defensa. En esta tarde en la Bombonera Benedetto se vistió de Palermo convirtiendo tres tantos (dos golazos), y de Riquelme habilitando de taco a Centurión, una asistencia digna de crack en cualquier planeta. El primero y cuarto gol son jugadas muy ricas en lo colectivo, y lógicamente el segundo y el tercero también, pero no hace falta preguntarse el papel que jugó el futbolista proveniente de México para obtener el resultado que se consiguió. Se puede jugar muy bien, pero es clave que alguien desnivele en lo individual. Claramente hubo jerarquía para hacer la diferencia, ese elemento por el que se pagan tantos millones para fichar futbolistas.
 Y ni vale la pena hablar de los 60 minutos restantes. La posibilidad de Quilmes solamente estaba en la forma con la que se encontró con el gol: que Boca se distraiga. Podemos decir que si Boca se lo proponía podía ir en busca de más goles, pero una diferencia de tres también es bastante confortador.

lunes, 19 de septiembre de 2016

GODOY CRUZ 1 BOCA 1: NO TUVIMOS LA MAESTRIA PARA GUARDARLO EN EL BOLSILLO

 El cambio de Carrizo por Tévez era ya de por sí una incógnita para el partido: si Centurión iba a moverse bien detrás de Benedetto, si iba a ser una especie de segundo punta, si iba a intercambiar posiciones con Pavón y el ex Central permanentemente. Para empezar, el jugador que reemplaza a Carlitos es Carrizo, pero el que ocupa su lugar es Ricky Centurión, por lo tanto la pregunta que hay que hacerse es si el ex volante de Racing puede reemplazarlo, es decir, jugar en su posición. Para el fútbol nunca hay una respuesta estrictamente correcta, pero el sentido común nos guía por que el futbolista proveniente del San Pablo es de características veloces, desequilibrantes, es ligero y si hay que encontrarle un defecto es en la terminación de las jugadas (caso similar al de Di María): a veces va tan rápido que es contraproducente. La posición de "enganche" (entre comillas porque ya no hay conductores clásicos) requiere de experiencia jugando de espaldas, de capacidad para pausar el juego, de organizar, atributos para los que Carlos Tévez se encuentra apto, mientras que Centurión tiene un potencial enorme, pero aunque en Brasil Bauza lo haya colocado por el centro en alguna oportunidad, aún está verde para esos temas. 
 Así como estaban dadas las cosas, la hipótesis iba a ser de un equipo muy vertiginoso como quiere Guillermo cada vez que tiene la pelota, pero se iba a necesitar un poco de claridad si queríamos que los velocistas no se choquen entre ellos. El orden lo puso Pablo Pérez: de todo el plantel, es el que tiene más aptitud para elaborar juego, pero era necesario acompañarlo, ya que arranca suelto pero en una posición más retrasada, donde tiene la obligación de cuidar su responsabilidad táctica, teniendo en cuenta que Godoy Cruz ataca con bastante gente y tiene mucha movilidad para la rotación, por lo que el ex Newell's tenía la responsabilidad de estar atento para no comprometer a Cubas. Es decir, había una disposición en la mitad de la cancha para distribuir el balón con criterio, pero faltó criterio para definir las posibilidades: con tanto talento en tres cuartos de cancha, por inercia terminamos sometiendo a los mendocinos, pero faltaba ese Pablo Pérez unos metros más adelante: llovían los mano a mano y las gambetas como así también los envíos muy pasados, los toques de más, los enganches inoportunos de Carrizo, los remates desesperados y poco dúctiles de Pavón, mientras los tanques del local amenazaban en nuestra área, pero eran solo eso: amenazas sin concretar. 
 Cuando el partido se abrió Godoy Cruz adelantó sus líneas por el deseo natural de buscar el gol que le permita sumar algún punto, y atacando con la misma intensidad, hubo chances claras, pero como no se tuvo la inteligencia para dormir o rematar el partido (para eso a veces hace falta menos vértigo y más pausa y equilibrio), Benedetto tampoco tuvo jerarquía para hacer su tarea. Uno al nueve de Boca le pide que aguante de espaldas, que genere fútbol, que aporte en el juego aéreo en las pelotas detenidas, pero si todo eso no se puede, por lo menos se le pide aprobar la materia con un 6: que haga goles. Con Lanús pudo abrir el marcador, ahora pudo liquidarlo, pero viene con el arco torcido. Está en deuda. 
 Los "bielsistas" dirían que está bien, que fue a buscar el segundo pero falló en la definición, pero así tiene que ser, porque cuando se hace un gol hay que ir en busca del otro. Los "cholistas" dirían que además de que se escapa la victoria en la incapacidad para anotar el segundo, hay un error conceptual grave entre Cubas y Vergini, y por eso quedamos abiertos en el fondo, y por eso nos empataron; que ante equipos ofensivos y que juegan bien como es el del Gallego Méndez hay que cerrar la persiana y cubrir los huecos. Pero a los que no nos gusta mirar el fútbol de forma unilateral como yo decimos que se haya planteado como se planteó luego del gol, sobró talento y verticalidad, pero faltó orden y frialdad, a tal punto de que se pudo perder: de un trámite que resultaba extenso pero andábamos tranquilos chequeando el celular, pasamos a ir a casa y volver corriendo buscando algún papel perdido, con un ida y vuelta revoltoso, estresante y que pudo ser mortífero, porque ante la desesperación te podes olvidar de los semáforos, y por consiguiente de los autos. 

martes, 13 de septiembre de 2016

BOCA 3 BELGRANO 0: UN EQUIPO BIEN PICARO

 Ya son varios años los que caracterizan a Belgrano como un equipo aguerrido, ordenado y sólido en defensa. Zielinski dejó un sello y es menester de Teté González continuar el proyecto inculcando su propia impronta, pero el domingo en la Bombonera se vio la peor expresión: estuvo totalmente desencajado, pero por un Boca que estuvo vivaz para atacar con los laterales y a pura picardía con tres jugadores ofensivos que hablan el mismo idioma: Pavón, Tévez y Centurión.
 La gambeta es un elemento imprescindible en el fútbol, ya que si no hay alguien que rompa el molde los avances se hacen previsibles y gracias a ella se pueden construir articulaciones desarmando la estructura rival. Era un partido que necesitaba del mano a mano letal de Centurión para eliminar cualquier bloqueo defensivo, y la realidad es que el ex Racing tuvo una destacada actuación: en estos momentos es donde se demuestra no solo el nivel del futbolista sino también la fortaleza mental para salir adelante en una semana muy complicada. Con aceleraciones en tres cuartos y sorpresa por las bandas se nos abrió el camino con tres media puntas muy picantes, aunque con un deslucido Bou que le tocó la tarea de bancarla bien arriba entre muchos celestes, a diferencia de los otros tres que se mueven con libertad y arrancando desde atrás.
 Pero la picardía del potrero, de los recursos para salir de embrollos y derrumbar el muro rival se vio desmoronada por justamente lo contrario, por poca astucia para reaccionar de la forma más adecuada (en este caso, hubiera sido ni reaccionar), y curiosamente con el jugador menos pensado: Tévez, siendo capitán, con toda su experiencia, no estuvo a la altura en ese instante atroz (cuando sí lo había estado los minutos que estuvo en cancha). En el fútbol estamos muy mal acostumbrados, tratamos al árbitro como una porquería y no como una autoridad, a diferencia del rugby, donde se respeta las decisiones del referí a como de lugar. Además, Delfino no regaló ningún penal, no expulsó a nadie exageradamente ni nada como para pedir su cabeza, sino que tan solo sacó una amarilla (y bien sacada). Entonces ese es el punto en el que nos preguntamos qué necesidad tenía Tévez de insultarlo, en vez de enfocarse en la continuación del encuentro (pedíamos un Carlitos más metido, y esto también incluye a lo que es la concentración). Pero lo que más puede sorprender es buscando en los archivos de las declaraciones del mismo Tévez, mencionando en el año de su regreso que hacía falta quejarse menos con los árbitros y concentrarse en jugar (luego de un triunfo 2-1 en Sarandí), que Boca tenía que madurar y finalizar los partidos con 11 jugadores (derrota por 3-1 ante Racing en el Cilindro). Ahora será turno del Apache para adjudicarse esos planteos, y como parte del fútbol argentino en general hay que pensar en un fútbol menos violento, pero no sólo poniendo la mira en las tribunas (no sólo por los barras; el hincha genuino se habituó a agredir verbalmente y de forma desmedida), pero los protagonistas son un elemento fundamental para esta composición.
 Pero la gran noticia es que jugando gran parte del partido con un hombre menos, la victoria nunca se sufrió, en parte porque Belgrano parecía un equipo únicamente preparado para la contención, sin reacción ni ideas para ir a buscarlo, mientras que a medida que pasaban los minutos se regalaba de forma empinada, y porque Pavón, que cada día es mejor jugador, hizo un gol clave para desanimar al pirata cordobés y tranquilizar a todos. Y luego jugamos con el mismo Pavón y Centurión plantados a los costados de Cubas y Pérez para salir como misiles cuando se pudo y para congelar un resultado que no tenía muchas chances de cambiar. Ser inteligente y saber aferrarse a un resultado también es saber jugar bien al fútbol.
 Con picardía para saber cómo salir jugando (bien Tobio y Vergini), cuando atacar por las bandas con los marcadores de punta, cómo distribuirse en el medio (Pérez se entiende bien con Cubas, estando delante de él y moviéndose libremente) y con pícaros en serio como Centurión, que como marca la literatura renacentista, es alguien de baja clase social que se las arregla para salir adelante, juega con ese talento que lo llevó hasta donde está para desactivar cualquier sistema defensivo. Solo faltó la picardía de Carlitos, pero servirá de lección.

miércoles, 7 de septiembre de 2016

NOS ABSTUVIMOS DEL JUEGO, PERO NOS SALVO LA VOLUNTAD

 Cuando tenés en cancha a jugadores de creación como Banega y Lamela, y los únicos recursos de Argentina se hace el pelotazo frontal (donde Pratto no llega a aguantar la pelota, o la peina sin que prospere ningún avance) o una individualidad de Di María que, acorde a su velocidad, termina chocando contra su propia virtud debido a la falta de juego interno, desentendiéndose por la izquierda, atorado, sin variantes; es porque Argentina no encontró el juego ni su nivel, sin ser superada por Venezuela (tal vez por momentos fue el equipo que se sintió más a gusto con el desarrollo, molestando con delanteros pesados y volantes habilidosos, que encontraron callejones por los costados, ante una defensa que muchas veces se vio superada, en inferioridad producto de un equipo que quedaba largo), pero víctima de su propia incapacidad de construir juego y verse absorbida por la falta de coordinación (que sí supo tener con la sociedad Messi-Dybala el primer tiempo ante Uruguay) en ataque y la fricción de un juego robusto que preponderaba en suelo bolivariano.
 La experiencia en el fútbol para un futbolista no es únicamente lo vivido dentro del campo, sino que también se hace algo fructífero de lo anecdótico y de vivencias que hacen al ser humano del futbolista comprender distintos entornos y hasta aprender de otras culturas. Fue un viaje a tierras extranjeras bastante particular, ya que hubo que llevar suministros básicos por la escasez de recursos en un país al borde del colapso con una sociedad agresiva y exhausta con el régimen chavista de Nicolás Maduro. Y lo parecido del partido a todo esto es que hablando en términos futbolísticos, a la selección venezolana tampoco le sobra nada, pero con un poquito de talento de Añón y potencia de Rondón y Josef Martínez fue transformando insinuaciones de centros que cruzaban toda el área a ocasiones concretas, con una Argentina que no defendió de la misma manera que ante Uruguay, y a pesar de que le sobren las variantes, no supo administrar bien sus recursos, algo que para completar la paradoja, podría decirse que le ocurre algo similar en el ámbito político de su nación.
 Es preciso decir que al equipo del Patón le falta gestionar mejor sus recursos porque es una mentira fatal decir que sin Messi este es un equipo del montón por el hecho de no tener al mejor de todos, porque sin Messi hay jugadores de primerísimo nivel que serían titulares en cualquier selección, como Lamela, Banega, Gaitán, entre otros; por lo tanto Argentina no es un equipo de segundo orden porque el crack del Barcelona no está, sino que el martes hubo un mal partido porque carecimos de un sentido que le de una amplitud al andamiaje. Messi nos da un plus, y tal vez se note cuando no está, pero no se puede bajar el nivel ante la ausencia de ningún jugador.
 Lo que se vio en cancha fue una mala actuación de la Argentina, y si fue porque el planteo era tirarle el compromiso a Pratto y no se captó el mensaje del entrenador para realizar la estrategia planeada, o simplemento no fue nuestro día y le salieron mejor las cosas a Venezuela, son ambas posibilidades, y siempre uno le va a pedir más a este equipo.
 Pero lo positivo es que jugando mal, se rescató un punto valioso, y que nos demuestra que con paciencia Bauza puede diseñar y articular un gran equipo, porque en el segundo tiempo el elenco argentino se llevó puesto al rival a pura voluntad, corazón y empuje, yendo con Pratto y Alario a pura fuerza, con Gaitán de lateral izquierdo, con Di María a pura gambeta, y casi como si cayera la lámpara de otra galaxia, ese pase impensado entre líneas de Lamela para el gol de Pratto nos motivó y nos volvió a meter en partido. Hay muchos recursos para hacer un equipo que conserve un andamiaje independientemente de los nombres y los rivales: el espíritu demostrado el martes es uno de ellos, y uno clave. Será tarea del cuerpo técnico administrarlos bien para aprovecharlos lo mejor posible.