lunes, 17 de abril de 2017

BOCA 1 PATRONATO 1: UN AFLIGIDO DESPERDICIO

 Patronato venía de perder 5-0 con Independiene y venía a la Bombonera con el delirio de llevarse un punto, mientras que Boca podía irse a siete puntos de diferencia con la victoria y tenía todo para ganar. Lo tenía todo hasta que comenzó el partido, y nos dimos cuenta de que le costaba penetrar a un equipo inferior en los papeles. A pesar de que se hacía todo cuesta arriba, cumplía con el deber de ganar, pero nadie hubiera imaginado que pasados los 90 minutos las descoordinaciones defensivas (hasta en el momento en que lo único que le restaba a Boca era defenderse) harían culminar el partido con un empate impensado (¿inmerecido?). 
 Nos preguntamos si el empate no es un justo regalo de pascuas para Patronato porque Boca extrañó mucho a Gago y a Centurión. Pablo Pérez parece ganador de un máster en jugar al fútbol por cómo se las ingenia para moverse y recibir la pelota, pero si el equipo no está entonado difícilmente veamos un pase entre líneas que quiebre la última línea rival. Boca no juega con enganche, por lo que el único que se dedicó a pensar en desestructurar al rival fue el ex hombre de Newell´s, que vale aclarar, no es enganche. Bentancur es buscado en el viejo continente por su buena disciplina táctica, por estar siempre bien ubicado gracias a su volátil dinámica para recuperar la pelota y jugar a dos toques, pero no se hace cargo del juego, no es un organizador ni un generador de fútbol, propiedad jerárquica que conlleva una gran responsabilidad que tal vez no tenga incorporada a sus 19 años. 
 Al tener grandes dificultades para pasar la mitad de la cancha con jugadores a la carrera, sin estar de espaldas ni estáticos, la actuación de los delanteros se vio muy disminuida, casi nula, y el pressing de Patronato se glorificó como patrones de una hazaña como la que lideró Moisés en su peregrinación desde Egipto. Ese concepto se notó mucho en la salida desde el fondo, donde tanto Insaurralde como Vergini no estuvieron dúctiles para ser los iniciadores de una mutilada irrupción ofensiva ante la falta de Gago. La figura que sobresalió siendo la lámpara entre la oscuridad fue Wilmar Barrios, corrigiendo los pases erróneos de los compañeros recuperando ardorosamente el balón y hasta distribuyendo el mismo de forma eficiente, junto con su gran omnipresencia para cobijar a la defensa ante cualquier arremetida del equipo visitante. Generalmente el volante tapón de un equipo (a excepción de Mascherano en Brasil 2014) es el que no sale en la tapa del diario, porque hace el trabajo más silencioso, mientras que sus compañeros se encargan de patear al arco, armar juego y hacer los goles, pero si Barrios salió en todas las fotos fue por la poca claridad del equipo y su gran rendimiento en particular para tapar los baches como un buen cinco clásico. 
 El olfato goleador y buena técnica de Benedetto junto con una buena decisión de Solís, que decidió no jugar por abajo e intentar superar a la defensa vía aérea, puso a Boca en ventaja sin que le sobre nada, mientras que Patronato no perdía su orgullo de no regalarle nada al puntero. Con un andar similar en el segundo tiempo, el equipo de los mellizos debía tener paciencia para que en alguna abertura por el debilitamiento psicológico del rival (que mantenía su fiera defensa pero sabiendo que necesitaba hacer un gol) podría sellar la diferencia, o simplemente dejar pasar el tiempo. Boca no supo conseguir ninguna de las dos cosas. Primero porque Pavón tuvo en sus pies la liquidación del encuentro, e inexplicablemente lo malogró de forma inaudita (un conocido mío diría que los goles que no se hacen cuando hay que hacerlos se lamentan al final del campeonato; tal vez se equivoque y Boca se alce con el título), y cuando era cuestión de tener la pelota y cerrar el pleito rechazando todo el cargamento que Patronato ponía cerca de Rossi, Barrios se quedó corto en un pase por primera vez en la tarde, le cabecean a Peruzzi, Insaurralde le erra al cabezazo y Vergini no alcanza a cerrar. Falencias en el fondo que se pagan caro y que un campeón no puede tener. 
 Está siendo costumbre que a Boca se le compliquen los partidos en la Bombonera, porque los rivales suelen replegarse y el xeneize no encuentra el juego que sí encuentra de visitante para abrir espacios y atacar con comodidad. Será tarea para el hogar de Gustavo y Guillermo. Su equipo todavía sigue primero en soledad, y a 10 partidos para la finalización del torneo, tienen tiempo para encontrar soluciones.

lunes, 10 de abril de 2017

VELEZ 1 BOCA 3: UNA FRESCURA DE LAS MEJORES BRISAS

 Puede decirse que se vio el mejor partido de Boca en este no hace mucho comenzado 2017. Porque sometió al rival al juicio del buen fútbol, se empachó con pases verticales, Rossi tuvo la tarde más tranquila de las cinco que le tocó participar oficialmente más allá del gol rival (pura desconcentración nuestra mezclada a un ímpetu hambriento del pibe de Vélez), y sin contar al mencionado Rossi que no le tocó decir presente en ningún momento, todos demostraron una gran imagen futbolística entablando una sociedad en donde todos fueron partícipes de forma suntuosa.
 Guillermo encontró la forma de reemplazar a Gago luego de la lamentable y desgraciada lesión de Sebastián Pérez, que desde ya deseamos una rápida recuperación. Haber encontrado cómo reemplazarlo no quiere decir encontrar a alguien igual, sino más bien encontrar a alguien con otro rol que engranado con el de los otros volantes hagan del equipo un elenco de funcionalidad igual en lo vital y espíritu colectivo. Con Barrios como un cinco posicional, teniendo como laderos a Bentancur, de gran despliegue y voluntad para formar parte del andamiaje, y con Pablo Pérez como el cerebro de la tenencia, entre Desábato y Canteros se miraban entre ellos sin entender como hacer pie en el medio y que no queden al descubierto las falencias de los de Liniers para generar fútbol y contener avances rivales. Si Pablo Pérez está bien, es probable que Boca cuente con pases precisos y verticales, porque el ex Newell´s es un gran intérprete del juego y así lo demostró cada vez que su equipo demandó la intervención de sus pies, para jugar corto y oxigenar la jugada o para arriesgar con un pase que parta líneas, como en más de una oportunidad lo encontró a Fabra entrando al área por izquierda.
 Otra materia aprobada por el xeneize fue ser preciso y claro cuando la fracción de tiempo imploraba ser más acotada y el desenlace final anteponía altas probabilidades de concluir con una intervención directa de Assman. Entre Centurión, Pavón y Benedetto encontraron una zona de confort donde moverse a plena comodidad para concretar contraataques como el del primer gol, donde se encontraron la conducción de Centurión sin firulete (jugar así también tiene sus beneficios, y la realidad es que al sobrar espacios y opciones de pase comprendió a la perfección lo que demandaba la jugada) y la buena ubicación y precisión de sus compañeros; o parar la pelota y moverla de un lado al otro apoyándose en Pérez o en la subida de los laterales cuando para fabricar espacios se requería de más tiempo.
 Boca, un equipo diseñado para abrir la cancha, en este compromiso encontró alternativas rompiendo por el centro, gracias a un Pérez que el local no supo bloquear, un Centurión que sabe cerrarse y encarar también detrás del área como un mediapunta y hasta en Peruzzi, que tronchó los manuales yendo a buscar al área.
 Pero Boca no hubiese jugado con tanta comodidad si no hubiera sido porque el rival así lo dispuso. No fue la misma historia ante Defensa y Justicia, que lo aprisionó durante todo el partido haciendo que la esperanza más cercana dependa de una jugada aislada, como terminó sucediendo. Vélez naufragó entre la confusión y la desesperación, pecando de endeble y una apatía que imposibilitan cualquier oportunidad de truncar el rumbo. Si desde un comienzo aparentó empujar con los volantes externos y con los dos puntas pero sin volumen de juego y sufriendo una heterogeneidad en su total apariencia, la expulsión de Canteros terminó convirtiendo el desarrollo en un espectáculo de Boca y una lágrima de angustia de los locales, que esperaron a que llegue el final del partido desde el comienzo del segundo tiempo.
 El equipo de Guillermo fue una muestra de buen fútbol donde dio cátedra sin depender en exclusividad de Gago, y teniendo en Pérez y sus atacantes (los laterales también lo son) otras variantes para explayar sus intenciones ofensivas colocando un volante central de tarea puramente defensiva, como Barrios. Además, ya son muchos los partidos en los que Boca viene triunfando en condición de visitante, lo que marca una continuidad en el rendimiento sin importar los marcos, y esa efectividad lógicamente viene de la mano de la identificación de sus jugadores con la idea y de que esta no se tuerce aunque falten los mejores. Si Boca ganó el fin de semana pasado sin merecerlo, daba la sensación de que estos tres puntos no se le podían escapar. Y el campeonato tampoco.

domingo, 2 de abril de 2017

BOCA 1 DEFENSA Y JUSTICIA 0: UNA CARICIA PECULIAR

 Defensa y Justicia no es un equipo que desde su llegada a la primera división se haya destacado por pelear campeonatos o jugar competencias internacionales (recién este año disputará la Copa Sudamericana por primera vez en su historia), pero es gracias a su seriedad institucional (puede verse hasta en pequeños detalles, como tener siempre en buen estado el campo de juego); una política de contrataciones de jugadores jóvenes de bajo presupuesto que puedan explotar todo su potencial (Kaprof y Bouzat, ambos atacantes de menos de 22 años, tienen pasado en River y Boca, respectivamente) y perseverancia por su proyecto futbolístico que lo ha hecho iniciar cada temporada con entrenadores que hablan todos el mismo idioma, el lenguaje del fútbol moderno que implica animarse a jugar en cualquier cancha, moverse en bloque y apostar a la salida desde el arco; se ha ganado un respeto en el fútbol argentino. Limitado por la baja cotización de su plantel, la faceta ofensiva no se vio monitoreada en la Bombonera, pero desplazándose en grupos y presionando arriba, evitó siempre quedar mano a mano ante futbolistas de Boca en su área e impidió que el local clarifique sus pases a partir de Sebastián Pérez, haciendo notar aún más la ausencia de Gago, y aunque en todo el partido no fue punzante a excepción del centro atrás que derivó en una gambeta de Kaprof y una salvada magistral de Vergini, intentó tener criterio con los pases gracias a la dinámica de Miranda, Gutiérrez y Castellini por el centro, con la posibilidad de cambios de frente cuando Rivero y Delgado se desprendían. 
 Si hay que otorgar el rótulo de fundamental a algún futbolista de Boca, esos son Gago y Centurión, uno porque es el inicio de la jugada, el que con sencillez mueve la pelota de la zona de los zagueros para catapultarla a tres cuartos, y el otro porque una vez allí, en la instancia del arco rival, es el que desenfunda, el que sale de la media y sorprende con su talento. Contra Talleres se notó la ausencia de Centurión, y en esta oportunidad fue muy sensible la lesión de Gago, ya que el colombiano Pérez puede ser el jugador más parecido a él, pero no es lo mismo; jugó incómodo ante el estrujamiento de los de Varela y esos pases que rompen líneas en la mitad del campo (que podrían denominarse co-conducción, ya que la tarea de conducir dando el último pase recae en futbolistas más adelantados) fueron delegados a Vergini e Insaurralde. Bentancur y Pablo Pérez tampoco tuvieron un buen partido y por momentos el mediocampo fue una autopista, donde en vez de elaborar juego por allí se debió saltar líneas para intentar hacer daño. Ante la ausencia del capitán, uno esperaba más responsabilidad de parte del ex Newell's, ya que es el más apto para hacer circular el balón si el otro Pérez recibe de espaldas o con hombres encima, teniendo en cuenta que Bentancur es un hombre que se destaca más por su despliegue, y que también estuvo impreciso. 
 Los primeros minutos fueron un vendaval de Boca, porque Benedetto se ofrecía como opción y jugaba sabiamente hacia los costados, donde los stoppers de Defensa tenían dificultades para abrirse y los laterales/volantes no llegaban a tiempo, pero luego de esos minutos en donde Centurión tuvo dos oportunidades dentro del área los de Guillermo cayeron en un pantano donde no volvieron a ver la luz del sol: los espacios comenzaban a reducirse y el juego se hacía lento, no había aceleración y la mítica acústica de la Bombonera demostraba impaciencia. 
 Saber jugar al fútbol es saber manejar los tiempos, y Boca no supo hacerlo porque el rival le imponía una oposición en bloque donde cada movimiento se realizaba de forma sincronizada, repartiendo roles de forma homogénea, es decir, el local no supo acelerar y cambiar de ritmo cuando la jugada lo pedía, encontrar ese pase distintivo entre tanto romo. 
 La única manera de conseguir el final feliz era dejar de rasparse y encontrar una caricia peculiar para tanto pelaje áspero, y una vez más, Centurión se puso la 10, donde su jugadón lo explica todo. Y no hay que olvidarse de que Benedetto es un 9 en serio, porque el gol no está en el momento en el que define sino antes, cuando para la pelota y con ese mismo movimiento elude la marca de un contrario. A veces la jerarquía individual hace lo que no logra lo colectivo. 

viernes, 31 de marzo de 2017

RENOVACIONES FALLIDAS

 Se habla mucho de una posible renovación, que Bauza no es el técnico con el liderazgo suficiente como para desarmar el grupo que, a excepción de Messi, viene jugando hace muchos años en la selección y que se ven desgastados mentalmente, tornándose inapelable el deseo de aires más frescos para el seleccionado. Pero la pregunta es: ¿si no son Di María, Aguero, Higuaín o Mascherano, entonces quienes son? No hay otras figuras altisonantes además de Icardi o Dybala como para pedir a gritos el cambio de figuritas. Para llevar a cabo una renovación se necesita formar nuevas camadas, porque un recambio implica mover fichas y jugar con otras, y esas otras son las que se necesitan y en este momento no parece haber. Por esa misma razón, luego del Mundial de Rusia, donde muchos nombres habitué de esta selección ya no tengan futuro en la misma, será una incertidumbre el andar de Argentina mas allá de que por la cantidad de clasificados esté asegurada su participación mundialista versión 2022. 
 Esa palabra tan solicitada, renovación, también se viene pidiendo hace rato desde el fallecimiento de Grondona (después de su muerte simplemente porque durante su vida hubiese sido tan imposible como ahora), porque es intuitivo el hecho de que las últimas administraciones, entre Grondona y especialmente Segura, llevaron a la AFA a tal destrozo que el mandamás debió ser elegido por el presidente de la nación sin elección de los clubes y sin la potestad de ser llamado presidente, sino más bien con el nombre de normalizador, que tenía como deber ordenar la casa antes de la llegada de un presidente y no fue capaz de estabilizar la situación ni de evitar que los jugadores pasen un momento desesperante. 
 Se pidió tanto una renovación, y el presidente que va a direccionar el rumbo de nuestro fútbol termina siendo un hombre del mismo palo, denunciado por Graciela Ocaña ante la Conmebol por no cumplir con las condiciones éticas para el cargo a causa de un enriquecimiento ilícito (¿qué pasó con eso?), y cuyo club del cual proviene no cuenta con inodoros en los vestuarios (http://www.clarin.com/deportes/ascenso/daniel-bazan-vera-chiqui-tapia-quiere-presidente-afa-club-inodoros-bano_0_HymbcWsqx.html). Tal como dijo la mencionada diputada, el fútbol argentino desperdició una oportunidad de renovarse, de enderezar el rumbo con gente nueva, idónea, honesta, abierta al diálogo y con proyectos sobre la mesa. El fútbol seguirá dependiendo del ala grondonista y de un embuste ventajista y autoritario como lo demuestran las declaraciones de Hugo Moyano, tratando de "incapaces mentales" y "cucarachas" a los que cuestionan que un "barrendero" sea presidente de la AFA, descalificando a la gente que piensa distinto cubriéndose con un falso compromiso para con los trabajadores, cuando todos sabemos que Tapia, al igual que los líderes relacionados con el mundo sindical, dejaron atrás sus humildes vidas laboriosas (como barrendero, en el caso de Tapia) e incrementaron sus patrimonios notablemente, y en muchos casos difícil de justificar honestamente. 
 También cuando se ve que Tapia llegó a la presidencia sin ningún tipo de oposición, donde no se presentó ninguna otra lista, puede entreverse que esa clase política "prometedora", como lo son los Tinelli, Lammens, D'onofrio, entre otros, no presentan un candidato, no contribuyen a la democracia en el fútbol y le garantizan el poder a los que hace no mucho tiempo trataban de enemigos. ¿Si la dirigencia del fútbol no es capaz de formar alternativas, de qué renovación estamos hablando?
 No hay que olvidar que las renovaciones que no aparecen desde lo dirigencial, difícilmente emerjan en el campo de juego. 

lunes, 27 de marzo de 2017

SAN MARTIN 1 BOCA 2: EL REMEDIO DE LA GAMBETA Y EL MASOQUISMO AEREO

 Con el austero presupuesto con el que cuenta San Martín, que gracias a la venta de entradas para hinchas visitantes consiguió lo que le paga FPT de forma mensual ($4.000.000), recibió a Boca e intentó complicarle las cosas al puntero del campeonato hasta que las piernas o el elemento aún más elemental, la cabeza, llegaron a su consumación final. 
 El local empleó un esquema versátil y flexible a la hora de auxiliarse tácticamente, con dos centrales y un líbero como Puchetta, que era un volante más a la hora de tener la pelota y un tercer central para defender, apoyado por los carrileros que formaban una línea de cinco en el retroceso. 
 A través de Gago, Boca distribuyó la pelota amplificando la cancha, generando tándems con los laterales y los extremos, pero no supo conseguir la llave de la puerta de la opresión hasta el gol de Pavón que llegó casi como la generación espontánea. 
 San Martín se esforzaba con el orden y el esfuerzo con ahínco para tener alguna chance, mientras que Boca desarrolló su ideología del fútbol a fuerza del mayor patrimonio pero su juego no conseguía despegar y hacer valer su capital para avasallar la estructura rival. En un partido donde no se sacan muchas diferencias y los huecos no sobran, ambos equipos tuvieron un punto en común, más que nada del lado de Boca, que fue la gambeta y la rebeldía de Centurión para romper el esquema. San Martín lo hizo de la mano de Montagna, un sublevado que entre tanto tanteo por abrir el camino haciendo correr a Villarruel y pelear a Denning, se atrevió a encarar y desafiar a la defensa de Boca con lo que le permitía su alma. Pero la habilidad de Centurión significó una carta mortífera a favor del xeneize por lo que implica terminar con lo lineal y hacer lo que nadie hacía o siquiera tenían la imaginación para engendrar. A falta de un enganche que meta un pase entre líneas para sacarle el jugo a la visión de los primeros pases de Gago (vale aclararlo: primer pase, lo que implica aclarar el panorama para catapultar la pelota en tres cuartos, lo que es muy distinto a conducir el juego), el fútbol se termina resolviendo por las bandas, pero ante la agrupación de recursos humanos sanjuaninos, se necesitaba el toque de distinción. Se puede decir que Centurión es un jugador distinto, que entre tanto toque para allá, toque para acá, centro de Peruzzi, salida de Vergini, entre otras repeticiones que se hicieron parte de una rutina de Guillermo que está bien que así sea, pero el ex Racing trajo lo que no se entrena en la semana, que es ese toque de magia para que entre tanta corriente ordinaria aparezca una bicicleta que haga dudar a los defensas, y se generen esos tiros libres que fueron lo más peligroso de Boca en el primer tiempo antes del gol. Nadie dice que Centurión sea un crack, un fuera de serie (todavía está a tiempo), pero que hace algo distinto a lo que hacen los demás, no hay duda. 
 En los tiempos en que Arruabarrena jugó con 4-3-3 y desde la llegada de Guillermo y la nueva implementación del sistema, hay algún momento del partido en el que los extremos intercambian de banda; y eso es favorable ya que además de que el futbolista experimenta nuevas circunstancias y se enriquece, el equipo sale de lo estructurado, y los marcadores de punta contrarios deben reinventarse para conocer rápidamente a su eventual perseguidor. Pavón manifestó en algún momento que se sentía más cómodo jugando por izquierda, pero debido a la complementación con Centurión y con Chávez o Carrizo en su momento ha jugado prácticamente todos sus partidos sobre la derecha. Cuando era hora de salir del libreto, cambió con el jugador proveniente del San Pablo tratando de encontrar un entorno más favorable, y lo hizo haciendo un golazo. No debe dejar de jugar por derecha, ya que tiene mucho para incorporar y enriquecerse como jugador, pero no está nada mal a veces darle el gusto al futbolista, que puede responder en el lugar que más le gusta de tal manera. 
 El segundo tiempo fue otro partido, a San Martín no le dio más el corazón para que no se saquen diferencias, y por la tentación de ir en busca del empate se desconcertó y no tomó bien las marcas: ahora sí Boca manejó la pelota con espacios, con campo a su favor y con oportunidades de liquidar el asunto por completo. Allí es donde se vio la mejor versión de Bentancur, jugador fundamental desde lo posicional, siempre listo para recuperar, pero ahora también siendo generoso para pasar la pelota en campo rival, hasta animándose a dejar solo frente al arco a un compañero, ambición que le faltaba para que oferten un vagón de plata (cifra todavía exagerada para un chico de menos de 20 años que tiene mucho por demostrar). 
 Lo inaudito de una tarde cualquiera donde lo más lógico estaba sucediendo, siguen siendo los desaciertos defensivos con los que Boca sufre por remordimiento propio como los mejores masoquistas. A través de la vía aérea, San Martín de San Juan encontró el único camino para traer la incertidumbre, ya que Boca marca mal en las pelotas detenidas. La marca en zona es una innovación que trajo Arrigo Sachi a su Milan en los 80 y muchos equipos en todo el mundo comenzaron a reemplazar la marca hombre por hombre por dicha modalidad. El problema no está en los métodos, sino en la forma en la que Boca la implementa. Los mellizos tienen material para corregir, y a su vez esto representa un síntoma de que si hay un equipo que puede complicarle las cosas a Boca en el torneo y hacerle desperdiciar puntos, es Boca. 

viernes, 24 de marzo de 2017

ALCANZA PARA CLASIFICAR, Y LUEGO VEREMOS

 La Argentina le ganó 1-0 a Chile y por ahora se ubica en el tercer puesto, pero la forma en la que consiguió el resultado no da garantías de terminar con la sequía de títulos ni de alcanzar un nivel estremecedor. Ganó con lo justo, sufriendo, sin encontrar el juego, sin traer esperanzas de un horizonte ameno. 
 Identidad, palabra ya famosa por la cantidad de veces que la mencionamos partido tras partido, año tras año, tanto en la selección mayor como en las inferiores, sigue siendo afamada por lo malogrado de su búsqueda. Es palpable lo llamativo de las declaraciones de Bauza, mencionando que se hizo un partido brillante. Argentina fue un equipo partido, no tiene homogeneidad entre sus líneas, en vez de ser un equipo son seis jugadores atrás y cuatro adelante. En más de una ocasión se dividió la pelota, la misma era interceptada debido a las escasez de alternativas para jugar, y eso queda demostrado en que los jugadores argentinos (en especial los de características ofensivas) corren mucho con la pelota en su poder pero no sin ella, es decir, no hay desmarques, intenciones de tirar una pared, de meter un pase entre líneas, de desarrollar un juego asociado, y este no menor defecto se ve reflejado claramente en Di María, que hace varios partidos descarta todas las posibilidades a correr en soledad hasta que los contrarios le tajan el camino hacia un gol soñado o gloria que nunca van a llegar si no se tiene una idea o plan a elaborar y todo recae en la improvisación. 
 Nada más el pase en profundidad de Messi a Di María de los que suele darle a Neymar en el Barcelona (jugada hecha exclusivamente por él, ya que él mismo fue el que bajó y recuperó la pelota en la mitad del campo) y una jugada de un penal que deja ciertas dudas, donde se ve a Di María, que atacó nuevamente bien al espacio, dejándose caer por un leve toque de Fuenzalida, a quien no le convalidaron un gol que observando en más de una vez la repetición, se deja entrever que era totalmente válido. Si queremos encontrar una jugada colectiva donde se advierte el cometido del entrenador podemos ver, buscando puntillosamente, que en un pelotazo de Rojo (uno de varios sin destino), Higuaín la baja de espaldas para Aguero (seguro por esto el DT lo piensa por detrás del punta), que abre a la izquierda para Di María, que concluye con un centro sin destino, pero en una concatenación diseñada sabiamente, por única vez en el partido. Luego el seleccionado se esmeró en hacer pasar el tiempo, defenderse (¿tiene jugadores como para jugar detrás de la línea de la pelota más de 60 minutos?) y aguantar la parada, sin dejar lugar a ningún contraataque, ya que este tipo de maniobras requieren de un ensayo y una precisión que este equipo no aparenta llevar a cabo. 
 Chile tampoco jugó un gran partido, sin poder quebrar una estructura de un equipo acéfalo, pero teniendo oportunidades en las que estuvo cerca de igualar el marcador, y con el mérito de siempre respetar su estilo, algo que nunca en tantos años pudo conseguir Argentina, que no se sabe lo que hubiese hecho en caso de que la pelota que dio en el travesaño luego del tiro libre o en la que define mal Castillo dentro del área hubieran terminado en la red. Si el planteo es hacer un gol de la forma que sea y hacer correr el reloj sin recursos, estamos cayendo en el desacierto del cortoplacismo pensando en el instante, en que terminen los 90 minutos y se consigan los tres puntos, sin pensar en el mañana, en que jugando así va a llegar un momento en que la suerte se termine y se caiga en otro fracaso. 
 Entonces, es importante ganar y acomodarse en la tabla, pero se debe encontrar una identidad y cómo hacer sentir cómodos a los jugadores (no es un tema de nombres sino de funcionamiento: entró Banega porque era el más indicado para conectar las líneas y manejar el balón; sin embargo eso no ocurrió porque no hay un contexto que lo favorezca). Y si pensamos que esto es jugar de forma brillante, que a nadie se le ocurra mirar algún video del Barcelona de Guardiola o de cualquier equipo que mínimamente tenga idea de como jugar bien al fútbol, ya que podríamos morirnos de un paro cardíaco. 
 Mientras tanto, los medios no pueden dialogar con los futbolistas. "Este es un país raro", ¿quién no escuchó alguna vez esa frase?

lunes, 20 de marzo de 2017

BOCA 1 TALLERES 2: UNA MERMA COLECTIVA SIN CHISPA NI POLVORA

 El fútbol es un juego de momentos, estrategias y métodos. El orden es algo imprescindible para lograr llegar a lo buscado. Pero el orden no debe ser mal interpretado: muchas veces se necesita salir de la maquinaria lineal para sorprender, buscar el movimiento que parta los esquemas. ¿Quién ensaya en la semana la finta de Palacios que terminó en remate al arco? Lo que sí debió haber sido planteado de parte del equipo cordobés fueron las combinaciones entre los tres volantes centrales para incomodar tácticamente a Boca, algo de lo que hablaremos a continuación. 
 Es fácil hablar de un partido teniendo en cuenta el compilado de situaciones más destacadas, que muchas veces pueden ser una síntesis del desarrollo como muchas veces también no demuestran elementos claves que se advierten con ojos meticulosos. Pero perfectamente la recopilación de jugadas más determinantes sirven para analizar un desarrollo jugado a gusto de la T: pocas situaciones de parte de Boca, pocas de Talleres, pero suficientes y mucho más concretas que las de un apurado elenco local, que sacudía de forma forzada. 
 Guillermo tiene diseñado a su equipo para tener la pelota y jugar siempre para delante; si Gago se encuentra como un tercer central escudando a la última línea y Bentancur y Pérez en vez de ser las ruedas que obedecen al volante (Gago) corren detrás de la pelota mientras Guiñazu, Reynoso y Gil parecían multiplicarse asediando el marrado e hipotético dominio xeneize, es porque los de Kudelka ganaron una batalla táctica en el campo de guerra más estratégico de cualquier beligerancia: la mitad de la cancha. Se vio tan frustrado el mando de Boca en el asunto que las palabras de Riquelme, que increíblemente se tildan de polémicas como si lo que dijera no fuera cierto, se hicieron soberanas como si hubiera dictaminado un presagio: los extremos de Boca terminan jugando de volantes; en este caso porque no había una posesión que impusiera la apertura por las bandas, exceptuando las veces que Peruzzi fue hasta el fondo y Pavón pisó el área como en sus mejores partidos. La necesidad del mencionado Pavón y de Junior Benítez de retroceder por los carriles se debe al poco contacto con la pelota, que derivadamente termina afectando la participación de Benedetto, y también por el peligro que se podía correr cuando los internos cordobeses domaban el medio y los tres delanteros se ofrecían para causar avalanchas sobre una defensa que nunca se terminó de afianzar. 
 Pasados los 15 o 20 minutos de sofoco, un gol de pelota detenida (tal vez la vía más viable para ponerse en ventaja, ya que desde abajo el camino resultaba trunco) otorgaba aire para pensar las cosas de forma más sensata en el complemento, pero como se dijo anteriormente, el fondo de Boca son varias piezas de un rompecabezas que todavía no se armó: a Boca le hacen un gol con un pelotazo frontal, le cabecean dos veces y el centrodelantero atraviesa la oposición de Insaurralde y Vergini; mientras que tener laterales que se destaquen más por lo ofensivo que por lo defensivo es tanto una virtud como un defecto, por eso Peruzzi fue culpable de una chanza y toda la defensa terminó anárquica en el segundo tanto. 
 Cuando Talleres empezó a tener el marcador a su favor empleó la tarea que componen muchos conjuntos de menor rango visitando estadios de rivales poderosos: ordenarse de mitad de cancha para atrás reduciendo espacios y salir rápido cuando se capta un error del adversario. Boca ya vio esa historia muchas veces, pero de todas formas cayó en esa clásica trampa: tener la pelota pero que en vez de utilizarla como un arma termine siendo una molestia. Dicho en forma resumida, a Boca no se le cayó una idea. Gago es un volante central y no puede ser el conductor de un equipo que no tiene socios. El murmullo de la gente se hacía notar en cada pase hacia atrás y en cada torpeza por avanzar y chocar con un rival. Pero la gente no debería enojarse con un jugador en particular sino con el entramado colectivo. Si Vergini no tiene opción de pase y decide jugar atrás con Rossi, ¿es la culpa de Vergini? Si Pavón no tiene posibilidades de tirar una pared para salir del espacio reducido y se ve obligado a correr con la pelota contra la raya y con dos rivales olfateando su pérdida, ¿es únicamente la culpa de Pavón? Sería un reduccionismo inútil recaer en jugadores en particular y no ir al fondo de la cuestión, que es un problema de conjunto. 
 También recordando otra frase de Román, como que con la salida de Tévez Boca ya no tenía cracks, puede explicarse el pobre juego demostrado en el contexto del 1-2 y con Talleres replegado: no hay juego y tampoco hay esperanzas de que algo distinto ocurra. Gago puede ser un crack, pero en su tarea, no esperemos que gambetee dos jugadores y la clave en el ángulo entre mil piernas. Ese es el desorden que se requiere dentro del orden: tener todo el tiempo la pelota y jugar del cinco hacia los centrales es estar excesivamente ordenado, sin la posibilidad de romper líneas y abastecer a un poderío ofensivo que peca de la merma grupal. 
 Los resultados de los rivales directos fueron de buena suerte para un Boca que sigue en la punta en soledad, y que debe conservar los mismos pergaminos pero ir adquiriendo nuevas leyes si desea gozar de un funcionamiento que no dependa únicamente de un desborde del lateral izquierdo cuando el contexto es desfavorable.