No es lo mismo jugar lindo que jugar bien, había expresado en una de mis líneas, y sin dudas ese tema había sido el conflicto en el empate con Paraguay, y no me cabe ninguna duda de que el Tata y los jugadores comprendieron el error.
De entrada se sabía que no sería un asunto sencillo, simplemente porque el de enfrente era Uruguay, con toda la mística, la historia y la garra charrúa que merecidamente supieron ganarse, pero además de lo histórico, el rival contaba con la actualidad: en el primer tiempo planteó un partido similar al de Paraguay pero la diferencia estuvo en que se defendió mejor, cerrándonos todos los caminos y apostando al error de Argentina para quebrarnos cuando los dos Pereira le ganaban las espaldas a Zabaleta y Rojo y esperaban siempre amenazantes Cavani y Rolán, y también en las pelotas detenidas, donde solían ganarnos de arriba y fue una preocupación constante la segunda jugada. Pero Argentina demostró ser un equipo maduro, que nunca se desesperó ante la frustración de llegar al área y no poder patear al arco y no lanzó centros alocadamente, sino que quiso profundizar por los costados con el fin de jugar, y allí era donde sumado al funcionamiento colectivo debía aparecer una ilustración de los que saben resolver en espacios reducidos, como Messi, Pastore o Di María, como en el gol, donde Pastore se hizo cargo sacándose de encima dos marcas y abrió para Zabaleta, que como se dijo anteriormente, no se abrió a la derecha para tirar un centro sino que se jugó por afuera para jugar, porque la asistencia de Zabaleta a la cabeza de Agüero no fue un centro, fue un pase a la cabeza.
Las claves del triunfo además de tener intención de jugar y la capacidad individual que aprovechamos para marcar la diferencia fueron la buena dupla que formaron Garay y Otamendi, que cada vez dan mas seguridad, con Mascherano metiéndose entre ellos para ser el primer pase en las salidas, y Biglia siendo el bastón de Mascherano, que a su vez le permitió a Pastore soltarse para conducir al equipo y juntarse con Messi, porque a diferencia del partido con Paraguay, la mitad de la cancha tuvo la contención que faltaba gracias a Biglia (entendimos que es Pastore o Banega, no Banega y Pastore) y esto que es un aspecto defensivo, hace que se permita concretar una idea ofensiva, porque sin Banega y con Biglia, Pastore no tenía tanta necesidad de marcar, que es una función que no siente.
Pero en este tipo de encuentros nunca falta una gota de sufrimiento, porque en la última etapa del partido, a causa del cansancio, de lo mental, o vaya uno a saber qué, Uruguay adelantó sus líneas quitándonos la posesión de la pelota y metiéndonos en nuestra área. Y el desacierto de perder la pelota nos cuesta caro porque este es un equipo que se defiende teniendo la pelota, y sin ella Uruguay se nos vino encima, y además de eso Argentina desperdició dos contraataques en donde quedaba en superioridad numérica. Es decir, sufrimos mas de lo que tuvimos que haber sufrido.
Por mas de que no nos olvidamos de la imagen de Uruguay cerca del empate, nos quedamos también con la imagen de tomar los errores del partido anterior como una enseñanza, porque cuando nos atacaron, la mitad de la cancha no era atravesada con tanta facilidad como pasó con los paraguayos, y eso se debe a que jugamos un poco con la garra charrúa del rival para que se complemente con nuestro juego atractivo. Ahora hay que aprender a cerrar los partidos para no sufrir.
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