Argentina encontró el engranaje: encontró las asociaciones para que las jugadas tengan una terminación, para que haya varias opciones de pase, para desordenar a un Paraguay que venía siendo uno de los mas ordenados de la Copa, y sobre todo encontró el gol (o los goles) que tanto hacía falta, y todo viene de la mano: si se tiene el funcionamiento deseado, los espacios para el gol van a ser mas claros y frecuentes, y si se juega bien el que define está sereno, con confianza, y difícilmente falle.
Y además del funcionamiento colectivo encontramos factores individuales, como el caso de Di María, que ahora no juega para sí mismo, sino que juega para Messi, o mejor dicho para el equipo, y claro que este hecho viene de la mano del engranaje encontrado.
Si todos teníamos la preocupación de quedarnos al final del partido y que Paraguay nos atraviese la mitad de la cancha, no fue solo un miedo, llegó a ser una realidad, porque al final del primer tiempo el equipo "guaraní" nos interceptó en el hueco que quedaba entre Mascherano y los centrales, capturando algunos pases errados en la salida, y el fantasma del primer partido nos causaba pesadillas, pero apenas empezó el segundo tiempo mostramos la diferencia de jerarquía para saltear líneas con seguidillas de pases que fueron descomponiendo la estructura de Ramón Díaz, producto también de que los paraguayos se posicionaron mas adelante dejando espacios, y como se dijo anteriormente, encontrar el mejor funcionamiento y saber armar ese rompe cabezas de once excelentes jugadores desparramados en una cancha, o "encajar en la tecla" como diría Pep Guardiola, hace que te sientas con confianza y no perdones al rival, y así fue.
Se había dicho que si mejoramos mucho ante Colombia era posible mejorar con Paraguay, y lo hicimos encontrando el equipo que quiere el Tata, con Messi a la cabeza, y si tenemos este rendimiento quién dice que el sábado no rompemos la sequía y esta magnífica camada de jugadores no pueda conseguir su primer título con la selección.
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