Pero para abrir esta clase de partidos, que en los papeles son fáciles pero muchas veces cuando se quiere trasladar al campo terminan siendo 90 minutos interminables, tenía que encenderse lo que muchos llaman "la lamparita", ese orgullo propio junto con la jerarquía individual para poder hacer la diferencia. Y qué mejor tarea para nuestro jugador del pueblo, que se hizo cargo del equipo para recibir la pelota mas retrasado y meterle un pelotazo perfecto a Pablo Pérez, que hizo algo todavía mejor entregándole la pelota a Gago con el taco, y no me digas que no fue todavía mejor lo que hizo el 5. Si teníamos que destrabar el asunto con una jugada individual o con un resplandor, lo hicimos de forma espectacular, donde seguramente ese gol le va a servir a Fernando para animarse a pisar mas el área, de que tiene condiciones para agregarle gol a su buen juego.
Antes del primer gol había sido sufrimiento, pero después del mismo vino el momento de disfrutar, jugando a veces de primera, otras veces con una individualidad, ya que todos eran conscientes de que podían convertir un gol, y la sociedad Tévez-Calleri funcionó de forma brillante, donde Carlitos demuestra que no solo vino a jugar, sino que vino a hacer jugar a otros. Y sumado al estrés del equipo rival mas la confianza propia que después del primer gol evidenció la diferencia de jerarquía, el partido se terminó en el primer tiempo, hasta dándonos el lujo de cuidar a Tévez y Gago, no por sobrar el partido, sino que es porque a veces la mejor forma de hacer sentir un gran jugador a un gran jugador es cuidarlo cuando no vale la pena arriesgarlo.
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