Cuando un entrenador como Pep Guardiola deja una huella no solo en su club sino que lo hace en todo el mundo, enamorando a todos de su juego vistoso defendiéndose con la pelota como marca registrada, y todos los logros conseguidos, al irse deja una especie de fantasma dentro de la institución.
Aunque Luis Henrique lo haya ganado todo la última temporada, nunca nadie va a lograr que desaparezca el fantasma de Guardiola en el Barcelona, por más de que esta versión ganadora del Barsa también se gane el cariño de la afición. Este Barcelona muchas veces juega mas para ganar que para gustar y ganar, y como se dijo anteriormente, ni los buenos resultados pueden tapar la nostalgia que genera ese pasado glorioso.
Tal vez, lo único negativo (si es que existe algo negativo) de las épocas doradas es el día de mañana, cuando aquellos tiempos terminen, cuando el post-Guardiola en este caso acose todo tipo de cambio en la ideología del juego del Barsa, porque por más de que Luis Henrique y todos los entrenadores que ocupen el cargo continúen obteniendo títulos, el monstruo que creó Guardiola hace que todos los equipos que vengan puedan ser parecidos, pero nunca iguales.
Esto hace que la afición se convierta en un público mucho mas exigente, y que pierda la paciencia al ver que no está en cancha aquél equipo que supieron ver, por mas de que el actual no sea mucho menos. Por eso es que se fue muy resistido el Tata Martino y fue muy criticado Luis Henrique cuando llegó al Barcelona, y aunque este último haya ratificado el cargo con cuatro títulos, hoy se duda de si el Barcelona sigue siendo el mejor equipo del mundo por la catastrófica serie con el Athletic Bilbao. Es decir, la frustración del fin de una era abre otra inevitablemente mirándola de reojo, y si se da un paso en falso parece como si los recientes éxitos hayan quedado muy lejanos.
Algo parecido ocurrió con Bianchi en Boca: Carlos llegó al Xeneize en una época en la que se pedían títulos, pero el hambre de gloria no era tan demoledor como el actual, ya que Boca era un club que se había acostumbrado a tener paciencia (desde el 81 al 98 solo consiguió dos campeonatos locales, y volvió a ganar con la llegada de Bianchi). Pero Carlos Bianchi convirtió al club de la Ribera en una máquina de ganar, y a partir de allí fue muy difícil que un técnico continúe en el cargo si tenía un mal año, padeciendo al monstruo creado por Bianchi, monstruo que luego padeció su mismo creador.
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