viernes, 14 de agosto de 2015

NO SIEMPRE UN PARTIDO ESTÁ LIQUIDADO

 Cuando un partido va 2-0 faltando no muchos minutos para la finalización del encuentro, es común que se de por sentado que el partido está cerrado, pero varias pruebas (no son la mayoría de los casos, pero existen) demuestran que dependiendo de los dos equipos, el partido puede estar abierto hasta el minuto 90 sin importar el resultado.
 El martes el Barcelona ganaba 4-1, tres goles de diferencia, y faltaban menos de 30 minutos para terminar el partido, es decir, si el Sevilla quería empatarlo debía hacer un gol cada menos de 10 minutos, y sumado al ímpetu del equipo sevillano mas el "sonámbulo" de la defensa blaugrana, se consiguió un 4-4 que muchos creían imposible. Y un ejemplo mucho mas increíble es hace unos años en 2012, fecha 38 de la Premier 2011/2012, el City debía ganarle al QPR para ser campeón y perdiendo 1-2 lo dio vuelta 3-2 faltando 10 minutos, una hazaña si las hay.
 Es decir, un partido está liquidado dependiendo de lo que hagan los equipos, siempre y cuando el equipo que lleva la ventaja sepa "congelar" el asunto y el equipo que lleva las de perder le encuentre la vuelta o no a la cuestión, aunque en muchos casos la superioridad del equipo parcialmente ganador se mantiene durante los minutos restantes y el equipo parcialmente perdedor se siente frustrado, pero claro, si siempre el elenco que lleva el marcador en contra tiene esa motivación para sacar garra y fútbol donde parecía que no había, con complicidad del equipo que le dan vuelta el resultado por decaer, nos llevaríamos a menudo mas de una sorpresa. Pero no es tan fácil adquirir ese estado de fuerza faltando tan pocos minutos.
 Los ejemplos del City, el Sevilla, entre otros, son grandes enseñanzas de que un partido dura 90 minutos y nunca está ganado, perdido o empatado hasta que el árbitro pita el final del partido.

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