"Volvió todo a la normalidad". Así definió el triunfo nuestro hijo pródigo, y cuanta razón tenía. Se decía que River venía ganándonos a lo Boca, y puede ser que nos hayan ganado de guapos, pero este partido salimos a disputarlo como demanda nuestra historia: fuimos inteligentes para ver los espacios en el primer tiempo, y luego cerrarles todos los caminos para quedarnos con el superclásico en la segunda parte, claro que sin dejarnos estafar por Herrera, que por más de que nos estafó al dejarle cometer infracciones a Ponzio sin mostrarle el cartón rojo, nosotros nos vestimos de Rattín, de Giunta, de Simón, entre otros nombres que se pueden mencionar para "apichonar" a los de la banda roja cada vez que se la daban de guapos, todo comandado por el capitán del barco, el Apache, que se aguantó todo lo que venía.
Como ya es costumbre en lo que va de esta aventura del campeonato de 30 equipos en este 2015, nunca podemos ver el paraíso antes de ver la oscuridad: en menos de 30 segundos nos quedamos sin un jugador fundamental, lo que implicaba cambiar los planes, tachar lo que se venía trabajando en la semana, pero como buen equipo, supimos levantarnos ante la adversidad, como lo hicimos ante Belgrano, Gimnasia, etc. Boca supo explotar a Palacios para quebrar la defensa rival, que padecía la ausencia de Maidana, uno de sus pilares, y la velocidad del mismo Palacios cuando picaba a espaldas de Casco. Y además, por mas de que era un problema no contar con Calleri, ya que no teníamos una referencia en el área, este problema a su vez trajo una solución: jugar con un "falso nueve" como Tévez, que se movió muchas veces como un enlace y se juntó con Lodeiro delante de la línea de tres volantes, le quita referencia a los centrales del equipo rival, por lo tanto podía ocurrir que llegue un jugador por sorpresa sorprendiendo a la defensa rival, y así fue en el gol, donde Palacios supera a todo el mundo y juega para Carlitos, cuya presencia no fue percatada por ningún contrincante, como luego ocurrió con Bentancur, que no pudo conectar un fallido pase de Meli.
Luego de haberle dado una lección de fútbol y carácter a River, atacándolo por sorpresa y manteniéndolos lejos de nuestro arco presionando en la mitad de la cancha, el campo de juego empezó a inclinarse hacia el arco de Orión, pero el partido estaba bien planteado de parte del Vasco, y fuimos astutos para anular el circuito de juego de River y limitarlos a que su única esperanza sean los centros al área, donde estuvimos muy atentos y concentrados para desactivar todas las bombas que caían, y solamente dos veces no llegamos a cortar la soga con la mecha a punto de activar los explosivos, y se debe a la capacidad de Alario para saltar, poner el cuerpo y ganar de arriba, pero tuvimos a un arquero de equipo grande, que como dice el cuento, "las dos veces que le llegan en el partido, tiene que responder", y así fue.
Y finalmente ganamos a lo Boca, sorprendiendo al rival y luego congelando el resultado, luchando hasta el final, dejando la vida en cada pelota, poniendo cara de malo cada vez que las gallinas quisieron poner la pata, haciendo que se les caigan todas las plumas del susto, y arruinándole la fiesta a Ponzio, que como parecía que tenía permiso de pegar y no ser expulsado, no era sacado de la cancha por Herrera, entonces lo sacamos nosotros, haciéndole entender a Gallardo que su volante no podía con las corridas de Meli, el oficio de Erbes y Lodeiro, y menos con la guapeza del Apache, y por lo tanto Herrera no podía esconder el cartón rojo por mucho tiempo mas. Y vamos a cerrar este análisis de la forma en que lo empezamos: "volvió todo a la normalidad". El carácter lo ponemos nosotros, los que ganan de guapos somos nosotros, River es River, y Boca es Boca, y aunque en las series por las Copas lograron imitarnos, nunca nos van a poder igualar.
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