El fútbol argentino es rico en materia prima, porque muchas figuras internacionales son formadas en nuestro fútbol, además de que la jerarquía de muchos entrenadores y futbolistas hacen que los equipos argentinos sean muy difíciles de enfrentar en los torneos internacionales, pero además, el fútbol argentino es reconocido mundialmente por la pasión y el folclore que lo acompañan y predominan en los estadios, algo que también lo hace reconocido mundialmente como un fútbol con una sociedad violenta y vemos cada tanto y a veces bastante seguido diversos papelones todos los fines de semana.
La derrota se saborea con bronca, pero como en todo deporte, las posibilidades de victoria son las mismas que las de que el encuentro termine en una derrota, mientras que el equipo que gana tiene todo su derecho a disfrutar la victoria, a cantar, a saltar, a hacer una fiesta en un yate, a lo que se les plazca, pero sin perder el respeto hacia el rival. El hecho que protagonizaron los jugadores de Boca y de San Lorenzo al finalizar el partido que ganaron los de Boedo por 1-0 fue totalmente bochornoso, donde jugadores de experiencia que deberían ser tomados como ejemplo casi se terminan yendo a las manos.
Blanco cargó a Palacios, y al parecer, a partir de ese momento se generó el incidente, seguido por el Cata Díaz y compañía, con mas ganas de generar mas revuelo que de calmar las aguas, separar e ir al vestuario. A nadie le gusta que lo carguen, por lo tanto no solo habría que hablar de saber perder, sino de que hay que saber ganar, de que porque se ganó no hay derecho a perder la razón, la moral, el respeto y todo lo que debe tener un profesional. Mientras que de parte de los jugadores de Boca no se mostró un gesto de grandeza, sino de bronca.
Uno va a ver un espectáculo deportivo, un clásico con mucha historia, un Boca-San Lorenzo que era clave por la punta del campeonato, pero la rivalidad de los dos equipos termina sobre-pasando todo lo que tenga que ver con el fútbol, donde los plateistas insultan a Barrientos, éste les responde con un gesto, luego futbolistas de ambos equipos se gozan, se insultan, casi se van a los manos, mientras que el público de Boca grita "pegue, pegue, pegue Boca pegue", como si se estaría viendo boxeo y no una cancha de fútbol. Cada vez mas, en vez de ver un partido vemos una guerra, donde los rivales son enemigos en vez de contrincantes. Lamentable.
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