jueves, 11 de febrero de 2016

BOCA 0 SAN LORENZO 4: UNA HECATOMBE DIFÍCIL DE DIGERIR

 Antes de hablar del partido, que la verdad carece de importancia comparado con hechos que tienen que ver con la salud, ya que el fútbol será una pasión, un negocio, pero no deja de ser un juego, por lo tanto habiendo ocurrido el accidente que sufrió el plantel de Huracán sinceramente para mí esta final queda muy minimizada. Desde estas líneas quiero brindarle fuerzas al plantel de Huracán, y mucho apoyo a Toranzo, a Mendoza y al profesor Santella, los tres mas comprometidos, y que continúen sus carreras cuando se recuperen del todo para que sigan disfrutando de su trabajo, que siempre lo han hecho muy bien.
 Como el fútbol es la dinámica de lo impensado, a veces el resultado no se explica con el desarrollo del partido, pero este no es el caso, ya que el resultado concuerda perfectamente con lo que sucedió en los 90 minutos. Boca fue un desastre, no jugó y dejó jugar al rival, mientras que San Lorenzo no nos dejó jugar, y jugó, se floreó, goleó. Salió todo mal. 
 Muchos decían que Boca quería colgarse del travesaño, pero el posicionamiento de los jugadores demostró que Silva y Peruzzi eran mas volantes que laterales, y con la línea de tres siempre sobra el líbero, por lo tanto Díaz o Insaurralde debían salir con pelota dominada para empezar a elaborar juego y generar superioridad numérica. El problema es que el juego se construye pasando la pelota para encontrar los espacios, y cuando Boca salía jugando no había a quien pasarle la pelota, y había que recurrir a pelotazos. Cuando un equipo no tiene juego hay dos síntomas que lo demuestran: trasladar mucho la pelota o tirar pelotazos, eso es lo que ocurría cuando el Cata o el Chaco tenían la pelota. Tévez cuerpeó muy bien, se hizo el espacio para quedar cara a cara con Torrico, pero falló (no había mucho margen para definir cómodamente, consideremos eso), y jugando a los bochazos a lo sumo tendrás una o dos chances así que tienen que ver con fallas de cálculo, desacoples y falta de coordinación entre los zagueros rivales, es decir, jugando así no se le puede hacer un gol ni al arco iris excepto que haya yerros del fondo rival, y eso no suele ocurrir en muchas oportunidades. 
 Con los laterales tapados, sin desmarque de los volantes, con los delanteros muy alejados, no se puede hacer dos pases seguidos, excepto que se la pasen entre el arquero y los centrales. Y mientras padecíamos la frustración de no poder jugar bien al fútbol, San Lorenzo nos ojeaba con una sonrisa burlona: no presionó a Díaz e Insaurralde, sino que tapó a todos los posibles receptores, y cuando tuvo la pelota a diferencia de nosotros tuvieron asociaciones. El oponente juntó tres jugadores de muy buen pie en tres cuartos de cancha, y hubo combinaciones con Cerutti y Cauteruccio más los laterales que aparecían por sorpresa (no como los nuestros que siempre estuvieron acorralados), como en el primer gol, donde Belluschi nos hizo un golazo como para ponerlo en un cuadro, que nos hace pensar que nadie tiene la culpa, pero los movimientos previos sí explican las falencias y virtudes de los dos equipos. 
 Con Gago y Osvaldo se buscó mas conexión entre la mitad de cancha y los delanteros, con Tévez detrás de los puntas, y con Lodeiro San Lorenzo tuvo mas conflictos con los que preocuparse, pero el medio siempre fue de ellos, y en el mediocampo es donde se ganan los partidos. Aún así, con una genialidad de Osvaldo (la única jugada asociada de Boca en todo el partido) tuvimos el empate, pero a Meli le quedó largo el control (ni esto nos sale bien). Belluschi recibió siempre la pelota redonda, Barrientos llegó solo para conectar, una evidencia del descompensamiento, del erróneo retroceso cuando se pierde la pelota, y el Cata Díaz terminó corriendo para todos lados, no sabiendo si ir a presionar o alejarse para interceptar un posible pase, lo que marca un estado de confusión, para que encima nos hagan el segundo gol que definió la historia, porqué a partir de eso ya nos sentíamos derrotados, psicológicamente destrozados. 
 Se dio todo para que haya pasado lo que pasó: el equipo que perdió no tuvo suerte, no jugó a nada, mientras que el ganador tuvo suerte, jugó mucho mejor, entendió el partido, y hasta tuvo delicias individuales como los golazos de Belluschi y el segundo de Barrientos. 
 No hay que caer en la locura general que nos interpela la sociedad y este fútbol tan loco como lo es el fútbol argentino. Habría que dejarlo trabajar al Vasco, y que entre todos reviertan la situación. Hay que ser conscientes de que Boca no juega a nada, no retrocede bien, no está preciso, no marca bien, y todo esto genera este tipo de tornados que arrasan con todo, y que son un terremoto anímico. Si pudimos salir de las eliminaciones con River, tenemos que salir de esta. 

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