Cuando estábamos contentos por estar arriba 1-0, casi sin darnos cuenta, minutos después Carlitos hizo un golazo que, previamente a que le cometan la falta, había sentenciado otra imagen del partido: un Apache imparable, siendo el conductor y eje de todas las iniciativas.
Con este encuentro se despejan todas las mentiras de que no se puede jugar sin un delantero de área. Con buen juego, con un falso nueve como Tévez que se mueve en posición de enlace para confundir a los centrales y llegando al área jugadores por sorpresa, se puede jugar bien y hacer goles. Para eso fue fundamental Palacios, que no fue un extremo por derecha, sino que fue un punta que se movió por todo el frente de ataque, y Bentancur, siendo el volante con más obligaciones ofensivas para ocupar el espacio libre que había en el área cuando Tévez salía de ella, como en el primer gol. En este partido volvió el equipo campeón, con individualidades que marquen la diferencia con orden defensivo y desorden ofensivo (en el buen sentido). En orden defensivo nos referimos a la buena ubicación y precisión de Cubas, la presión coordinada para recuperar la pelota cada vez que se pierde, y la seguridad de los defensores para marcar mano a mano, donde Insaurralde nos hizo acordar a la solidez que tenía el Boca de Falcioni, con él como pieza clave, para que Orión se vuelva a aburrir en el arco por segundo partido consecutivo. En desorden ofensivo quiero referirme a Tévez moviéndose libremente para quitarle referencia al equipo rival, y está bien que así sea, porque a jugadores como Carlitos hay que dejarles el papel, y qué él dibuje lo que quiera; Palacios picando entre líneas o combinando por derecha, Lodeiro siendo clave para la superioridad numérica en el medio y para ser el nexo en el circuito de juego, Gago desprendiéndose de la línea de volantes, Bentancur llegando al área.
Pero todos los movimientos y buenas combinaciones tienen que ver con el líder que timonea el barco, porque todos los compañeros saben a quién le tienen que dar la pelota: cada vez que la tuvo Carlitos, hubo un toque de distinción, le dio sentido a todas las tenencias de la pelota. Él le marca el camino a los compañeros: cuando sale del área, Bentancur sabe que tiene que llegar libre, cuando se tira atrás, Palacios sabe que le va a dar un pase entre líneas. Pero no le hizo un homenaje a Román, que miraba desde el palco: Tévez no es un enganche ni tiene las mismas características que Riquelme, sino que es un delantero que puede armar juego, por lo tanto condujo el equipo a su manera, encarando, desnivelando, por momentos siendo él el punta que le ganaba la espalda a los defensores rosarinos.
Se podría decir que en el primer tiempo hicimos lo que quisimos, pero el segundo tiempo no fue igual, ya que los futbolistas de la Lepra empezaron a sentir algo de vergüenza para por lo menos descontar y no seguir recibiendo goles, por lo que la mitad de la cancha fue mas disputada, y nuestros pases mas repartidos, no tan profundos. Y a pesar de que a todos nos hubiera gustado que el segundo tiempo fuera igual que el primero, congelar el partido tampoco está nada mal, sabiendo que eran tres puntos asegurados. Pero la categoría de jugadores como Maxi Rodríguez y Tévez pueden generar temblores donde parece que todo está tranquilo y pacificado. El descuento, un golazo, donde se puede encontrar algo para corregir, pero que a simple vista es innegable que prácticamente nadie tiene la culpa, y cuando no pasaba nada, a Carlitos se le ocurrió hacer de las suyas para dejarle el gol a Palacios.
Estos triunfos dan mucha confianza y desactivan la locura que se vive en este país de querer echar gente por un puñado de malos resultados, y demuestran que este grupo es fuerte y se levantó de un momento complicado, transformando malos rendimientos en excelentes actuaciones, y pasando de no poder hacer un gol a convertir cuatro. Pero hay que escuchar lo que dice Román: por ganar dos partidos todavía no logramos nada.
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