Ya son varios años los que caracterizan a Belgrano como un equipo aguerrido, ordenado y sólido en defensa. Zielinski dejó un sello y es menester de Teté González continuar el proyecto inculcando su propia impronta, pero el domingo en la Bombonera se vio la peor expresión: estuvo totalmente desencajado, pero por un Boca que estuvo vivaz para atacar con los laterales y a pura picardía con tres jugadores ofensivos que hablan el mismo idioma: Pavón, Tévez y Centurión.
La gambeta es un elemento imprescindible en el fútbol, ya que si no hay alguien que rompa el molde los avances se hacen previsibles y gracias a ella se pueden construir articulaciones desarmando la estructura rival. Era un partido que necesitaba del mano a mano letal de Centurión para eliminar cualquier bloqueo defensivo, y la realidad es que el ex Racing tuvo una destacada actuación: en estos momentos es donde se demuestra no solo el nivel del futbolista sino también la fortaleza mental para salir adelante en una semana muy complicada. Con aceleraciones en tres cuartos y sorpresa por las bandas se nos abrió el camino con tres media puntas muy picantes, aunque con un deslucido Bou que le tocó la tarea de bancarla bien arriba entre muchos celestes, a diferencia de los otros tres que se mueven con libertad y arrancando desde atrás.
Pero la picardía del potrero, de los recursos para salir de embrollos y derrumbar el muro rival se vio desmoronada por justamente lo contrario, por poca astucia para reaccionar de la forma más adecuada (en este caso, hubiera sido ni reaccionar), y curiosamente con el jugador menos pensado: Tévez, siendo capitán, con toda su experiencia, no estuvo a la altura en ese instante atroz (cuando sí lo había estado los minutos que estuvo en cancha). En el fútbol estamos muy mal acostumbrados, tratamos al árbitro como una porquería y no como una autoridad, a diferencia del rugby, donde se respeta las decisiones del referí a como de lugar. Además, Delfino no regaló ningún penal, no expulsó a nadie exageradamente ni nada como para pedir su cabeza, sino que tan solo sacó una amarilla (y bien sacada). Entonces ese es el punto en el que nos preguntamos qué necesidad tenía Tévez de insultarlo, en vez de enfocarse en la continuación del encuentro (pedíamos un Carlitos más metido, y esto también incluye a lo que es la concentración). Pero lo que más puede sorprender es buscando en los archivos de las declaraciones del mismo Tévez, mencionando en el año de su regreso que hacía falta quejarse menos con los árbitros y concentrarse en jugar (luego de un triunfo 2-1 en Sarandí), que Boca tenía que madurar y finalizar los partidos con 11 jugadores (derrota por 3-1 ante Racing en el Cilindro). Ahora será turno del Apache para adjudicarse esos planteos, y como parte del fútbol argentino en general hay que pensar en un fútbol menos violento, pero no sólo poniendo la mira en las tribunas (no sólo por los barras; el hincha genuino se habituó a agredir verbalmente y de forma desmedida), pero los protagonistas son un elemento fundamental para esta composición.
Pero la gran noticia es que jugando gran parte del partido con un hombre menos, la victoria nunca se sufrió, en parte porque Belgrano parecía un equipo únicamente preparado para la contención, sin reacción ni ideas para ir a buscarlo, mientras que a medida que pasaban los minutos se regalaba de forma empinada, y porque Pavón, que cada día es mejor jugador, hizo un gol clave para desanimar al pirata cordobés y tranquilizar a todos. Y luego jugamos con el mismo Pavón y Centurión plantados a los costados de Cubas y Pérez para salir como misiles cuando se pudo y para congelar un resultado que no tenía muchas chances de cambiar. Ser inteligente y saber aferrarse a un resultado también es saber jugar bien al fútbol.
Con picardía para saber cómo salir jugando (bien Tobio y Vergini), cuando atacar por las bandas con los marcadores de punta, cómo distribuirse en el medio (Pérez se entiende bien con Cubas, estando delante de él y moviéndose libremente) y con pícaros en serio como Centurión, que como marca la literatura renacentista, es alguien de baja clase social que se las arregla para salir adelante, juega con ese talento que lo llevó hasta donde está para desactivar cualquier sistema defensivo. Solo faltó la picardía de Carlitos, pero servirá de lección.
martes, 13 de septiembre de 2016
miércoles, 7 de septiembre de 2016
NOS ABSTUVIMOS DEL JUEGO, PERO NOS SALVO LA VOLUNTAD
Cuando tenés en cancha a jugadores de creación como Banega y Lamela, y los únicos recursos de Argentina se hace el pelotazo frontal (donde Pratto no llega a aguantar la pelota, o la peina sin que prospere ningún avance) o una individualidad de Di María que, acorde a su velocidad, termina chocando contra su propia virtud debido a la falta de juego interno, desentendiéndose por la izquierda, atorado, sin variantes; es porque Argentina no encontró el juego ni su nivel, sin ser superada por Venezuela (tal vez por momentos fue el equipo que se sintió más a gusto con el desarrollo, molestando con delanteros pesados y volantes habilidosos, que encontraron callejones por los costados, ante una defensa que muchas veces se vio superada, en inferioridad producto de un equipo que quedaba largo), pero víctima de su propia incapacidad de construir juego y verse absorbida por la falta de coordinación (que sí supo tener con la sociedad Messi-Dybala el primer tiempo ante Uruguay) en ataque y la fricción de un juego robusto que preponderaba en suelo bolivariano.
La experiencia en el fútbol para un futbolista no es únicamente lo vivido dentro del campo, sino que también se hace algo fructífero de lo anecdótico y de vivencias que hacen al ser humano del futbolista comprender distintos entornos y hasta aprender de otras culturas. Fue un viaje a tierras extranjeras bastante particular, ya que hubo que llevar suministros básicos por la escasez de recursos en un país al borde del colapso con una sociedad agresiva y exhausta con el régimen chavista de Nicolás Maduro. Y lo parecido del partido a todo esto es que hablando en términos futbolísticos, a la selección venezolana tampoco le sobra nada, pero con un poquito de talento de Añón y potencia de Rondón y Josef Martínez fue transformando insinuaciones de centros que cruzaban toda el área a ocasiones concretas, con una Argentina que no defendió de la misma manera que ante Uruguay, y a pesar de que le sobren las variantes, no supo administrar bien sus recursos, algo que para completar la paradoja, podría decirse que le ocurre algo similar en el ámbito político de su nación.
Es preciso decir que al equipo del Patón le falta gestionar mejor sus recursos porque es una mentira fatal decir que sin Messi este es un equipo del montón por el hecho de no tener al mejor de todos, porque sin Messi hay jugadores de primerísimo nivel que serían titulares en cualquier selección, como Lamela, Banega, Gaitán, entre otros; por lo tanto Argentina no es un equipo de segundo orden porque el crack del Barcelona no está, sino que el martes hubo un mal partido porque carecimos de un sentido que le de una amplitud al andamiaje. Messi nos da un plus, y tal vez se note cuando no está, pero no se puede bajar el nivel ante la ausencia de ningún jugador.
Lo que se vio en cancha fue una mala actuación de la Argentina, y si fue porque el planteo era tirarle el compromiso a Pratto y no se captó el mensaje del entrenador para realizar la estrategia planeada, o simplemento no fue nuestro día y le salieron mejor las cosas a Venezuela, son ambas posibilidades, y siempre uno le va a pedir más a este equipo.
Pero lo positivo es que jugando mal, se rescató un punto valioso, y que nos demuestra que con paciencia Bauza puede diseñar y articular un gran equipo, porque en el segundo tiempo el elenco argentino se llevó puesto al rival a pura voluntad, corazón y empuje, yendo con Pratto y Alario a pura fuerza, con Gaitán de lateral izquierdo, con Di María a pura gambeta, y casi como si cayera la lámpara de otra galaxia, ese pase impensado entre líneas de Lamela para el gol de Pratto nos motivó y nos volvió a meter en partido. Hay muchos recursos para hacer un equipo que conserve un andamiaje independientemente de los nombres y los rivales: el espíritu demostrado el martes es uno de ellos, y uno clave. Será tarea del cuerpo técnico administrarlos bien para aprovecharlos lo mejor posible.
La experiencia en el fútbol para un futbolista no es únicamente lo vivido dentro del campo, sino que también se hace algo fructífero de lo anecdótico y de vivencias que hacen al ser humano del futbolista comprender distintos entornos y hasta aprender de otras culturas. Fue un viaje a tierras extranjeras bastante particular, ya que hubo que llevar suministros básicos por la escasez de recursos en un país al borde del colapso con una sociedad agresiva y exhausta con el régimen chavista de Nicolás Maduro. Y lo parecido del partido a todo esto es que hablando en términos futbolísticos, a la selección venezolana tampoco le sobra nada, pero con un poquito de talento de Añón y potencia de Rondón y Josef Martínez fue transformando insinuaciones de centros que cruzaban toda el área a ocasiones concretas, con una Argentina que no defendió de la misma manera que ante Uruguay, y a pesar de que le sobren las variantes, no supo administrar bien sus recursos, algo que para completar la paradoja, podría decirse que le ocurre algo similar en el ámbito político de su nación.
Es preciso decir que al equipo del Patón le falta gestionar mejor sus recursos porque es una mentira fatal decir que sin Messi este es un equipo del montón por el hecho de no tener al mejor de todos, porque sin Messi hay jugadores de primerísimo nivel que serían titulares en cualquier selección, como Lamela, Banega, Gaitán, entre otros; por lo tanto Argentina no es un equipo de segundo orden porque el crack del Barcelona no está, sino que el martes hubo un mal partido porque carecimos de un sentido que le de una amplitud al andamiaje. Messi nos da un plus, y tal vez se note cuando no está, pero no se puede bajar el nivel ante la ausencia de ningún jugador.
Lo que se vio en cancha fue una mala actuación de la Argentina, y si fue porque el planteo era tirarle el compromiso a Pratto y no se captó el mensaje del entrenador para realizar la estrategia planeada, o simplemento no fue nuestro día y le salieron mejor las cosas a Venezuela, son ambas posibilidades, y siempre uno le va a pedir más a este equipo.
Pero lo positivo es que jugando mal, se rescató un punto valioso, y que nos demuestra que con paciencia Bauza puede diseñar y articular un gran equipo, porque en el segundo tiempo el elenco argentino se llevó puesto al rival a pura voluntad, corazón y empuje, yendo con Pratto y Alario a pura fuerza, con Gaitán de lateral izquierdo, con Di María a pura gambeta, y casi como si cayera la lámpara de otra galaxia, ese pase impensado entre líneas de Lamela para el gol de Pratto nos motivó y nos volvió a meter en partido. Hay muchos recursos para hacer un equipo que conserve un andamiaje independientemente de los nombres y los rivales: el espíritu demostrado el martes es uno de ellos, y uno clave. Será tarea del cuerpo técnico administrarlos bien para aprovecharlos lo mejor posible.
viernes, 2 de septiembre de 2016
EL PATÓN COMBINÓ SUS MEJORES ARMAS
Puede haber varias interpretaciones acerca de los últimos tres entrenadores que tuvo la selección, pero si hay algo que es indudable es que Sabella armó la base de un grupo y estableció la convivencia de Messi, Higuaín y Di María, es decir, por más de que la delantera haya variado algunas veces, afianzó el ataque de Argentina, pero sobre todo consolidó un grupo sólido de futbolistas con Messi a la cabeza. Martino retocó bastante el funcionamiento, pero perfeccionó la faceta defensiva del equipo con Otamendi y Funes Mori como centrales, e incorporó una variante más para el lateral derecho: Mercado. Ahora la tarea del Patón Bauza, además de ganar un título, objetivo que sus antecesores estuvieron muy cerca de cumplir pero se quedaron en la puerta, será sobre todas las cosas rodear a Messi lo mejor posible, que no se vuelvan a repetir las imágenes de las finales con el capitán gambeteando en soledad sin juego en equipo.
Podría decirse que en su debut como DT de la selección, Bauza aprobó la materia más importante, que era ganar (por lo general, al principio se mira de reojo a los técnicos, y arrancar con el pie derecho es clave para el futuro del ciclo); y en el primer tiempo, hasta donde se estuvo con 11 jugadores, Messi se vio con muchas ganas en su regreso, porque además de que se notaron las ansias por seguir vistiendo esta camiseta, estuvo acompañado con tal de que él haga jugar bien al equipo, pero que no sea el único que lo haga jugar. Pratto se sacrificó mucho en la presión y estuvo atento para jugar de espaldas; Dybala aparentaba una ubicación por detrás del nueve, pero metiendo diagonales, juntándose siempre que pudo con el 10; Di María no estuvo fino pero se ofreció siempre por izquierda; y los mejores socios de Messi estuvieron detrás de él, para recuperar siempre la pelota y volver a atacar. Con una masa de jugadores que se desmarcan constantemente, y hasta con Más apareciendo por sorpresa en determinadas circunstancias, Argentina tuvo todas las intenciones del mundo de jugar, de facilitarle la tarea a Messi, sin la necesidad de pausar el juego como pedía Martino: por lo menos para este encuentro, el ex DT del San Pablo entendió que ante un Uruguay que fue a bloquear todo avance argentino (casi olvidándose de que adelante tiene a monstruos como Cavani y Suárez), si la posesión se hacía lenta iba a permitir a los volantes y defensores uruguayos armarse para el repliegue, entonces lo más satisfactorio sería atacar más rápido de lo que el rival defiende, hasta con Mascherano animándose a meter varias pelotas largas antes que tocar en corto.
Si vamos a un análisis profundo del asunto, el plan de Tabárez no salió mal: fue a mantener el cero, y si se podía, ganarlo con alguna jugada aislada de los atacantes, a través de la pelota detenida o de segunda jugada, y Argentina no tuvo demasiadas situaciones nítidas, mientras que en el gol Messi está rodeado de siete jugadores, es decir, sin que quedara otra opción más que el remate, por lo que tácticamente Uruguay logró implementar su planteo. Pero la realidad es que al Maestro esta forma de jugar le dio muchos resultados hace unos años, pero cada vez los delanteros se ven más aislados y desaprovechados, y la garra charrúa se consume toda variante de funcionamiento (con un hombre de más, Uruguay no tuvo chances ni superó al equipo albiceleste). A los orientales no les vendría mal ir pensando en otra manera de mirar el fútbol, que le empiece a dar resultados.
Pero cabe destacar que luego del imprevisto que fue la expulsión de Dybala, que derivó en el llanto de espíritu amateur del cordobés, Bauza dejó de lado la asociación en tres cuartos de cancha y llevó a cabo una de sus mejores cartas: refugiarse atrás de mitad de cancha, una fórmula que le dio muy buenos resultados en San Lorenzo. Con el mismo hambre que tenía el pibe de la Juventus, el equipo defendió el resultado a puro orden y equilibrio, y con la posibilidad latente de que Messi pueda liquidarlo con Alario o algún volante en el momento que se abra un espacio. Si se sabe integrar a Messi y el DT consigue la solidez que supo explotar en sus clubes, este ciclo puede ser muy fructífero.
Bauza utilizó sus mejores recursos para adaptarse a los distintos capítulos que tuvo el encuentro, y superó al rival en todo momento. Bien hecho.
lunes, 29 de agosto de 2016
LANÚS 1 BOCA 0: A NO DESESPERARSE, QUE CON PAPEL ENFRENTAMOS ACERO
Muchas veces caemos en la conjetura de que los equipos grandes tienen la obligación de ganar siempre. De eso surge una comparación tan tediosa como verídica en lo histórico: que los equipos chicos, ajustados con el presupuesto, les alcanza con hacer un torneo aceptable, y los grandes, más poderosos, deben ganar siempre, y salir campeón. Pero en este caso, el equipo más chico, que es Lanús, cuenta con varios medios como para ser más equipo que Boca, y esos ítems son que cuenta con un equipo que juega y muy bien al fútbol, con una cierta continuidad, los jugadores se entienden de memoria y pasan los dirigentes, los técnicos, los futbolistas, y Lanús sigue siendo una institución modelo de nuestro fútbol, y por eso todos los años participa de competiciones internacionales. Por lo tanto, puede ocurrir que algún día tenga un mal partido (cayó en su cancha 2-0 con Independiente la última semana), pero lo más verosímil que nos presenta un Lanús-Boca hoy por hoy como están dadas las cosas, es una victoria granate. Podemos pedirle a los jugadores de Boca que jueguen mejor, que ganen este partido (no importa contra quien juegues, uno siempre va a pedir ganar) pero no se puede crucificar a nadie por la derrota. Y eso se debe a que hay que sacarse la camiseta por dos segundos: sos Boca, el más grande de la Argentina, de los más grandes del mundo, hay jugadores de excelencia, ¿y qué hacemos con eso? Boca aún se está armando como conjunto, Lanús es un elenco hecho y derecho. Hay que tener paciencia y rescatar que todavía siendo una torre de papel nos medimos ante una torre de acero, y se pudo haber ganado, con una actuación que cautiva.
Una de los cambios sustanciales que impregnó Guillermo fue en la zaga: Vergini ocupa el lugar de Díaz porque necesita un central rápido, ágil y bueno con los pies. Y con la intención de hacer algo parecido a lo que hizo en el equipo que teníamos enfrente, se pretende empezar a armar juego desde atrás: por eso el partido estuvo en muchos momentos basado en la presión; con Boca asfixiando en la salida de Monetti y compañía, y Lanús incomodando en el mismo lugar. Y daba la sensación de que los de Guillermo andaban bien: si no se presionaba en bloque adelante, se trataba de contener en la mitad de la cancha, con un doble cinco bien acoplado, un Castellani que se cierra por naturaleza y un Pavón que da una mano por la derecha incansablemente. Las coberturas se realizaban bien, se recuperó la pelota arriba más de una vez, y sin juego asociado pero con pases entre líneas de Pérez luego de alguna recuperación se había llegado a estar mano a mano con Monetti. El partido de Boca era aceptable. Lanús también tuvo chances. Y es lógico que el equipo del sur las haya tenido, primero porque la propuesta de Boca impone un ida y vuelta (sobre todo ante este tipo de rivales, con wines rápidos y juego ofensivo), y segundo porque Lanús es el mejor equipo del fútbol argentino, alguna chance va a tener por inercia.
Pero no es difícil notar en lo que se diferencian ambos equipos, y lo que hace mejor a uno que al otro: como no hay una línea de juego definida, Tévez todavía no encuentra socios, Benedetto a veces se apresura mucho como en la jugada que le gana al central y dispara al arco indiscriminadamente, cuando con tranquilidad pudo haber construido una jugada (no tiene en su cabeza a los compañeros como sí los tiene Sand), Pavón es otro que a veces no termina bien las jugadas, y Castellani hoy no encontró su rol (de wing izquierdo no va a jugar, pero tampoco se asoció con Tévez, con Pérez, no encontró el lugar que podría encontrar en un equipo lubricado como el de Almirón). Y en lo individual a veces se deja mucho que desear: Benedetto no estuvo fino, Tévez menos. Carlitos sigue siendo ese jugador que parece triste y fastidioso, que no juega con frescura, sino que apenas aporta jerarquía con algún pase bien puesto, más propio de un jugador cerebral que de alguien electrizante como él.
Y está claro que cuando hay una base sólida, cuando no alcanza para quebrar el resultado se puede cambiar alguna pieza que cambie la ecuación. Con los ingresos de Moreno y Sand, Lanús se hizo dueño del partido, y los defensores de Boca empezaron a sufrir. Los mellizos intentaron con Centurión teniendo a dos desequilibrantes y velocistas por los extremos, pero quedó en el intento, ante un Lanús más sólido, más maduro, que supo resolverlo, que tiene más fútbol. Pero a tener paciencia: el partido de Boca no fue deprimente, tal vez en otra oportunidad la de Benedetto entre, y la torre de papel pase a ser de acero.
miércoles, 24 de agosto de 2016
BOCA 2 SANTAMARINA 1: LOS NOMBRES VAN APARECIENDO, PERO FALTA MUCHO
En los 32avos Boca había vapuleado a Güemes, un equipo amateur, muy inferior en lo técnico y lo físico. Pero ahora el rival era de la B Nacional, nada más y nada menos que una categoría inferior a la primera división. Caruso Lombardi, un experto del ascenso si los hay, dijo unos años atrás que físicamente el Nacional B y la Primera están equiparados. Es decir, Boca podía sacar ventaja desde lo individual, desde lo técnico, pero el equipo tandilense iba a intentar ganarle desde lo físico. Ante un equipo profesional, el partido no iba a ser igual al anterior.
La realidad es que no se jugó del todo bien. Boca tuvo siempre la intención, jugando limpia la pelota a través de los volantes centrales, hubo combinaciones prometedoras por las bandas entre los volantes/extremos y los laterales y Benedetto tuvo por lejos hasta ahora su mejor partido con esta camiseta; pero la fricción predominaba en el campo. Santamarina fue a reducir espacios y a jugarla larga: en la faceta ofensiva hizo agua continuamente, y en lo defensivo hubo embotellamientos junto con los hombres de Boca que le quitaron esplendor al espectáculo.
Pero si vamos a líneas generales, los de Guillermo merecían la victoria: tuvo más tiros al arco, mostró cosas más interesantes, e hizo lo fundamental, que es el gol, y que refleja porqué estábamos ganando: los bonaerenses tuvieron varias complicaciones para desactivar el peligro (en esta jugada, y en varias más, con rechazos defectuosos), y Boca siempre siguió enchufado con la presión para volver a tenerla, para ser punzante por las bandas (la jugada comienza con Peruzzi y termina con Fabra), y estuvo el toque de distinción para hacer la diferencia (cuando Fabra desborda no tira la pelota de prepo, sino que se frena para dejar desairado al marcador, para luego ponerle la pelota en la cabeza a Benedetto).
El partido no estaba para mucho más, pero sucedió algo inédito: Richard la clavó como tal vez lo haga pocas veces en su vida. Es cierto, la pierden entre Pérez y Bentancur (a eso uno puede exponerse cuando juega con dos cincos de juego) pero la realidad es que nadie tuvo nada que hacer, los dioses se pusieron de acuerdo para que la pelota vaya a donde fue. Jugar contra Boca es una motivación siempre, y a veces pueden ocurrir estas inspiraciones en los rivales. Es algo a tener en cuenta.
Una noche tranquila y de color se estaba llenando de niebla, pero por fín encontramos un nueve que aclare el panorama: Benedetto se caracteriza por aguantar bien la pelota y sacarse de encima la marca, y reunió sus mejores cualidades para asistir a Pavón. Como el gol de Santamarina son cosas del fútbol, que el lineman se equivoque, también (como también el gol que no le dan a Bentancur en el primer tiempo). Que Boca es un club muy grande y no puede festejar las victorias con goles en off-side queda en la interpretación de cada uno. Un triunfo es un triunfo, y si en vez de quedarnos con el compilado del partido vamos a lo genérico, el Xeneize hizo más méritos.
Este equipo promete por la ambición de la propuesta y los intérpretes para realizarla, pero hay mucho camino por recorrer. Tévez sigue sin entrar en juego. El Apache no tuvo una noche para el olvido como en las semis de la Copa, pero todavía no es el Tévez que sale de la media. Se vio en varias ocasiones cómo se desentendía del circuito y se alejaba del tránsito del juego, optando por una apilada ante varios rivales (ese amontonamiento frío para marcar es algo que se planteó el equipo rival, pero como se dijo anteriormente, Boca muchas veces no colaboró para mover la pelota y encontrar huecos), sin encontrar opción de pase.
Se encontró el nueve, se afianza una defensa, se van entendiendo los volantes centrales (fueron importantísimos para que no crezcan los contraataques rivales), pero todavía falta encontrar a Carlitos, que él se busque a sí mismo y que los compañeros lo busquen a él.
miércoles, 17 de agosto de 2016
UNA SOCIEDAD QUE PUEDE DAR SUS FRUTOS
La buena victoria de Boca frente a San Lorenzo fue, además de ahuyentar un poco la nostalgia del fútbol, un aire fresco para el equipo de los mellizos. La victoria se debe a que mantuvo un nivel de juego superior al rival a lo largo de los 90 minutos, y eso se debe a un cambio estratégico de Guillermo.
Los esquemas hoy en día son muy relativos: podría decirse que es un 4-4-2, pero cuando Zuqui y Carrizo desbordan por las bandas y Tévez se mueve con suma libertad, se transforma en una especie de 4-2-3-1. Que Tévez estaba incómodo, que no estaba fino, que el área no era lo suyo, muchas cosas se decían alrededor de la posición del Apache. De acuerdo a la volatilidad del fútbol, el nueve puede ser un jugador de otras características y estar avalado por una estructura que lo haga funcionar, pero evidentemente el 4-3-3 que intentó Guillermo no funcionó, y no se le pudo sacar el jugo a Tévez y al resto.
Ante San Lorenzo, el mapa del jugador del pueblo fue muy distinto: más allá de que no desentonó demasiado, se lo vio bien, con opciones de pase, con más libertad a la hora de moverse a su antojo, con la tranquilidad de que Benedetto va a hacer el trabajo sucio más arriba.
Con esta variante táctica, Boca sigue manteniendo opciones internas (tal vez sin responsabilidad de pisar el área), opciones para abrir la cancha (los volantes externos y los laterales) y sobre todo un Apache que juega suelto. Pero vale la pena detenerse en el tándem que se vio por el centro: la dupla de Pablo Pérez y Bentancur.
Ambos fueron un reflejo de la idea de Guillermo: salir limpio desde el fondo, y jugar de forma vertical. Tanto el uruguayo como el futbolista pretendido por Independiente entendieron perfectamente cómo jugar la pelota, cuando jugar corto, en qué momento debía meterse un pase filtrado que rompa líneas, y también cuando avanzar con la pelota cuando el mediocampo del ciclón quedaba partido.
Bentancur tiene la gran posibilidad de justificar los millones que se ofrecen por él, si es que Boca le sigue ofreciendo un equipo sólido, ágil y con buen juego. Con Pablo Pérez al lado, que entiende el juego tan bien como él y además raspa cuando tiene que hacerlo, se le va a facilitar la tarea. Siempre y cuando el ex Newell´s no cometa sus conocidos errores y deje solo a Bentancur y con 10 al equipo.
Pero todo está por verse: hay que ver si Guillermo sigue optando por ellos o introduce al recién llegado colombiano Sebastián Pérez en el equipo, un hombre asignado a la recuperación, sobre todo en compromisos decisivos y donde el rival pueda enfrentarse de igual a igual. Y es una sociedad que debe trabajarse: tener dos hombres de creación puede ser tentador, pero debe haber un entramado donde haya coberturas y se sincronicen coordinaciones en la zona media. Nada es imposible: Redondo fue uno de los mejores cincos de la historia del fútbol argentino y era una especie de enganche jugando de volante central, y hasta ha jugado de único cinco.
Sin un enganche (Lodeiro no lo era, pero era el que reunía las cualidades más cercanas) la mira en la creación estará puesta en unos metros más atrás, en el primer pase de Pérez y Bentancur (cuando Gago se recupere sería una gran alternativa). Ambos se animan a arriesgar cuando hacen la salida con los centrales, y son de un ADN de buen fútbol a la hora de profundizar. Eso es un buen síntoma.
Con este nuevo sistema tan cambiante como el fútbol (¿con Centurión y Pavón por las bandas?), el trabajo puede dar sus frutos. Que en el centro hay buen juego no cabe ninguna duda.
Ante San Lorenzo, el mapa del jugador del pueblo fue muy distinto: más allá de que no desentonó demasiado, se lo vio bien, con opciones de pase, con más libertad a la hora de moverse a su antojo, con la tranquilidad de que Benedetto va a hacer el trabajo sucio más arriba.
Con esta variante táctica, Boca sigue manteniendo opciones internas (tal vez sin responsabilidad de pisar el área), opciones para abrir la cancha (los volantes externos y los laterales) y sobre todo un Apache que juega suelto. Pero vale la pena detenerse en el tándem que se vio por el centro: la dupla de Pablo Pérez y Bentancur.
Ambos fueron un reflejo de la idea de Guillermo: salir limpio desde el fondo, y jugar de forma vertical. Tanto el uruguayo como el futbolista pretendido por Independiente entendieron perfectamente cómo jugar la pelota, cuando jugar corto, en qué momento debía meterse un pase filtrado que rompa líneas, y también cuando avanzar con la pelota cuando el mediocampo del ciclón quedaba partido.
Bentancur tiene la gran posibilidad de justificar los millones que se ofrecen por él, si es que Boca le sigue ofreciendo un equipo sólido, ágil y con buen juego. Con Pablo Pérez al lado, que entiende el juego tan bien como él y además raspa cuando tiene que hacerlo, se le va a facilitar la tarea. Siempre y cuando el ex Newell´s no cometa sus conocidos errores y deje solo a Bentancur y con 10 al equipo.
Pero todo está por verse: hay que ver si Guillermo sigue optando por ellos o introduce al recién llegado colombiano Sebastián Pérez en el equipo, un hombre asignado a la recuperación, sobre todo en compromisos decisivos y donde el rival pueda enfrentarse de igual a igual. Y es una sociedad que debe trabajarse: tener dos hombres de creación puede ser tentador, pero debe haber un entramado donde haya coberturas y se sincronicen coordinaciones en la zona media. Nada es imposible: Redondo fue uno de los mejores cincos de la historia del fútbol argentino y era una especie de enganche jugando de volante central, y hasta ha jugado de único cinco.
Sin un enganche (Lodeiro no lo era, pero era el que reunía las cualidades más cercanas) la mira en la creación estará puesta en unos metros más atrás, en el primer pase de Pérez y Bentancur (cuando Gago se recupere sería una gran alternativa). Ambos se animan a arriesgar cuando hacen la salida con los centrales, y son de un ADN de buen fútbol a la hora de profundizar. Eso es un buen síntoma.
Con este nuevo sistema tan cambiante como el fútbol (¿con Centurión y Pavón por las bandas?), el trabajo puede dar sus frutos. Que en el centro hay buen juego no cabe ninguna duda.
viernes, 12 de agosto de 2016
QUE APAREZCAN LOS RESPONSABLES, Y TAMBIÉN LAS SOLUCIONES
Argentina había quedado afuera en fase de grupos del último mundial sub-20, y ahora se queda afuera en la misma ronda en el torneo sub-23 de los Juegos Olímpicos. Caer en que el seleccionado quedó eliminado porque Calleri erró goles o Rulli tuvo un par de equivocaciones es algo muy, pero muy chiquito. Yendo al fondo de la cuestión, los mayores responsables (por no decir los únicos) son los que dirigen hoy en día nuestro desolado fútbol argentino, que no son capaces de llevar tres jugadores mayores de 23, que tienen descoordinaciones insólitas como lo fue haber pensado que Dybala iba a estar en Brasil, que nos hacen el hazme reír del mundo entrenando con ocho jugadores, que hacen que Martino se vaya espantado de todo el caos que gobierna el fútbol (Segura nunca tuvo el liderazgo de un presidente, ni el compromiso que debería haber tenido. De hecho, mencionó que no había apuro para designar un coordinador de inferiores), donde ante la partida del rosarino Olarticoechea tuvo que hacerse cargo de un equipo que nunca fue tal, porque los chicos se conocieron en los partidos, porque no hay un proyecto en inferiores que guíe al Vasco hacia una forma de jugar, por lo tanto la Argentina fue como un grupo de muchachos que se juntan a jugar: nada planificado, poca preparación, mucha improvisación.
Obviamente, el fútbol no deja de ser un juego donde para ganar debe entrar la pelota en el arco, y se puede decir que Calleri no estuvo del todo fino, que como cualquier ser humano, entre tantas buenas, Rulli puede tener alguna mala, que Lo Celso no se entrometió en el entramado de la circulación (acostumbrado a ser el eje de un Central que juega muy distinto a la selección, que ni tiene un funcionamiento), entre otras cosas, pero más allá de individualidades, la problemática es qué fue lo que se hizo para que los convocados obtengan resultados y otorguen un buen rendimiento, y la respuesta es que no se hizo nada. De eso todos esperamos que alguien salga a dar la cara, a explicar qué fue lo que se hizo mal y cómo piensan resolverlo. Porque mientras muchas selecciones (por más de que parezcan inferiores futbolísticamente) avanzan en orden, en logística, en infraestructura, en metodología, y Argentina queda estancada.
Tanto en la política nacional como en la del fútbol, este país se acostumbró a disfrutar del instante sin pensar en un futuro, y a dejar de lado la seriedad y depender de la improvisación. Son varios los protagonistas del plantel y el mismo Olarticoechea que mencionaron la falta de orden. Es decir, no lo inventé yo ni nadie: lo dicen los mismos protagonistas, que la viven desde adentro. Si Segura, Grondona y toda la calamidad que sea nos querían hacer pensar que como está Messi está todo bien, se acabaron los cuentos. Ojalá algún día se trabaje como se trabaja en España.
Y la pregunta que me hago y que menciona Maradona en su libro, uno la hace de corazón: ¿después de Messi, que vamos a hacer? Empecemos a trabajar, o lo que dijo el Coco Basile del temor a terminar como Brasil se hace cada día más real.
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