Ya de por sí el partido era extraño al jugar sin público, por la falta de gente parecía un partido inter-country, donde un equipo no sabe con qué armas le va a jugar el otro. Y con esto de que parecía un partido inter-country vamos a hablar mucho: como no era un inter-country, había jugadores conocidos de un equipo y del otro y viendo videos se puede saber perfectamente a qué juega cada uno, y era sabido que Aldosivi iba a entregarnos la pelota y lastimarnos de forma veloz atacando al espacio con Lugüercio y Lagos abriéndose a los extremos y con Sand y Martínez esperando en el centro o uno asistiendo al otro atacando los espacios vacíos. Es decir que había que tener cuidado con no dejar espacios y estar atentos a cada pérdida del balón, y no se produjo nada de eso: cada vez que perdimos la pelota en vez quedar de frente a la jugada el rival nos agarraba retrocediendo, y los atacantes del equipo marplatense tenían tiempo de sobra y distintas variables para maniobrar en frente de la defensa, donde abundaba el espacio.
Pero mirando la otra cara de la moneda puede decirse que teniendo la pelota fuimos el equipo de siempre: hicimos ancha la cancha, tuvimos movilidad para triangular, Chávez se movió de forma inteligentente por las espaldas de Canever y León para conectar libre y Gago siempre recibió libre para intentar hacer lo que hacía Xavi en el Barcelona de Guardiola: que el equipo elabore en base a él, comenzando las jugadas siempre con él recibiendo libre perfilado hacia delante y que en él se decida para donde tiene que prosperar la jugada. Pero a su vez en esta cara hay una doble cara, porque a la hora de definir vuelve el concepto del inter-country: Chávez definió con muy poca determinación el mano a mano a comienzo del partido, Osvaldo ni siquiera acertó al arco en el penal, etc. Y es muy conocida esta frase: "los goles que no se meten en un arco, se meten en el otro".
Y con el segundo gol -o golpazo- de Aldosivi se vino el mundo abajo, y esa posesión de la pelota ya no tenía un fin elaborado y concreto, sino que chocaba contra el desánimo y el derrumbe y era todo con empuje, incluso transformando a Gago en un iniciador de jugadas en un destructor de las mismas, ya que todos sus pases empezaron a ser mas arriesgados y erróneos, empujados por el derrumbe anímico. Y este equipo no tuvo nada que ver con el equipo que venció a Lanús, porque estuvo la misma idea y casi los mismos intérpretes, pero no estuvo la misma actitud ni eficacia en la ejecución.
Es posible que esta versión de Boca sea una versión deteriorada por el bajón anímico que significó el affaire panadero, pero todavía quedan dos partidos y hay que recuperarse y hacer todo lo posible para irnos al descanso de la Copa América punteros, porque está en nosotros convencernos o no de que el año aún no está perdido.
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