En la trilogía de los Superclásicos habrá un factor común entre los dos conjuntos que por lo menos para mí no pasa desapercibido: los laterales izquierdos son improvisados. No es casualidad que Arruabarrena haya tenido que recurrir a que Colazo pase a jugar de lateral o que cuando River fue a buscar a Vangioni incorporó un volante que Martino convirtió en marcador de punta en Newell´s. La cuestión viene sin dudas de mas abajo, de las divisiones formativas, y el Sudamericano sub-20 conseguido por el seleccionado juvenil de Humberto Grondona es una prueba: el único marcador de punta de naturaleza era Tripichio.
Es menester que los entrenador de las divisiones inferiores formen a los juveniles para que el entrenador de primera tenga recursos con los cuales contar, es decir, tener jugadores en todas las posiciones. Y al no formar marcadores de punta (hacer lo que se hace en primera: colocar a un chico que juega de volante de lateral para que no haya carencias en el puesto), estos se terminan formando en primera, y como todo cambio de hábitat, se necesita de un tiempo de transición y adaptamiento, y esto deja secuelas, mas que nada del lado de Vangioni, que le cuesta mucho retroceder sin cometer falta por estar acostumbrado a una posición mas adelantada, y estas secuelas se tendrían que resolver en las divisiones inferiores, y para eso se tendrían que haber formado laterales en las mismas.
Nadie dice que Colazo, Vangioni, Buffarini, Rojo, Roncaglia o Cardozo y Grillo (centrales de Vélez zurdos convertidos en laterales izquierdos) no se hayan adaptado de gran manera al puesto, pero también hay que decir que el mismo Vangioni o Solari padecen de las secuelas del cambio de posición, y sería mucho mas reconfortante para los técnicos de primera que la formación de los laterales sean trabajo de las inferiores y no de ellos. Una deuda que se hace muy prolongada en los últimos tiempos del fútbol argentino.
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