Fue un encuentro en el que Rafaela nos quiso jugar el partido en base a la mitad de la cancha: puso cinco volantes para replegarse y no dejar espacios, pero siempre al acecho de que cuando Boca dejara huecos en el fondo confiándose de que el partido podía ser un baile, muchos de los volantes saldrían disparados desprendiéndose de la línea de medios para lastimar, como se vio a los pocos minutos cuando Pol Fernández se escapó filtrándose por el hueco gigante que quedó entre Fuenzalida y el Cata Díaz, y cuando González enganchó y remató también aprovechando el mismo hueco. Pero el Vasco también tuvo una acertada lectura del partido, porque además de los tres volantes, Lodeiro hizo un esfuerzo impresionante para recuperar la pelota, y puso a Carrizo en vez de Martínez porque de acuerdo a las características de cada uno, Carrizo es el mas adecuado para retroceder y por momentos ser un volante mas, para disputar el territorio en la mitad de la cancha, y así, por mas de que sufrimos mas de lo que teníamos que sufrir por desatenciones propias, pudimos tener controlado el encuentro, sin descuidarnos de los ataques por sorpresa que podía realizar Atlético.
Y al uruguayo que mencionamos antes haciendo referencia a su emocionante empeño para recuperar la pelota, ahora lo mencionamos por su conducción, por su buen pie, por su lectura y visión, por esas cosas que hacen que sea un jugador distinto al resto, porque en el se basaron todas nuestras aproximaciones, fue nuestro cerebro y fue clave para ver los espacios que se generaban, aunque terminamos de muy mala manera las jugadas que él iniciaba que nos hizo pisar el área mas de una vez, y que con un poco mas de viveza o agresividad podríamos haberlas transformado en el segundo gol.
En el segundo tiempo se podría decir que se congeló el asunto, porque Rafaela estaba con uno menos (otro mérito del heredero de la 10) y sabíamos que si no nos equivocábamos, ellos nunca iban a llegar, a pesar de que tuvieron una llegada mas, y circulamos la pelota de forma poco agresiva y profunda, pero logrando estar en terreno rival y que con los ingresos de Osvaldo y Martínez alguna gota iba a caer del cielo, y cayeron varias, pero no tuvimos puntería para que caigan en el vaso.
Y haciendo referencia al título, Boca no brilló, pero en un partido que pintaba difícil supo tener una lectura correcta para, sin lujos, ganar aunque sea merecidamente.
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